Lee el podcast de De la confianza a la absoluta confianza.
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Muy buenos días. Mientras estábamos ahí cantando, estaba pensando que estaba muy agradecido al Señor por habernos concedido estos músicos tan buenos que tenemos. Y este coro, que suena celestial, que también tenemos. Erais un sueño hace mucho tiempo, cuando empezamos en el Alamillo. Comenzamos con una guitarra y entonces estábamos soñando y orando para que el Señor nos diera músicos, etc. Pues es una respuesta a la oración. Hay una frase que yo suelo repetir, que no hay una realidad hoy que no fuese un sueño ayer. Todas las realidades de hoy fueron un sueño ayer, ¿no? Así que sigamos soñando, ¿vale? Sigamos soñando por cosas que están por llegar, que son todavía grandes. Hemos cantado hoy la canción que dice, aprenderá este corazón a confiar en él. De eso se trata cuando hablamos de ser discípulos de Jesús hoy. Ser discípulos de Jesús hoy es igual que ser discípulos de Jesús ayer.
Porque al final se trata de aprender a confiar, tanto ayer como también hoy. La semana pasada estábamos diciendo, sí, señor, te seguiré donde vayas, ¿no? Pero un momento, considera si estás dispuesto a pagar el precio. Pero el joven rico dice que se fue triste porque tenía muchas posesiones. ¿Lo consideró? Y se fue triste porque no estaba dispuesto a pagar el precio. Sin embargo, cuando analizamos los evangelios, Jesús sigue llamando a personas concretas que están en su vida diaria cada día y dice lo siguiente. Pescadores de hombres. Ellos entonces, dejando al instante las redes, le siguieron. Pasando de allí, Mateo capítulo 4, 21-22, pasando de allí vio a otros dos hermanos, Jacobo, hijo de Cebedeo, y Juan, su hermano, en la barca con Cebedeo, su padre, que remendaban sus redes y los llamó. Y ellos, dejando al instante la barca y a su padre, le siguieron. Mateo capítulo 9, versículo 9.
Pasando Jesús de allí, vio a un hombre llamado Mateo que estaba sentado al banco de los tributos públicos y le dijo, sígueme, y se levantó y le siguió. Ninguno de estos le dice a Jesús, Señor, espérate, voy a considerarlo, voy a enterrar a mi padre, voy a despedirme de mis familiares, sino por lo que vemos aquí, dice que dejaron todo al instante y le siguieron. ¿De acuerdo? Esto quiere decir que el discipulado del que estamos hablando comienza siempre con la obediencia. Si no hay obediencia, realmente no hay seguimiento a Jesús. Si no hay obediencia, realmente no somos discípulos de Jesús. El discipulado comienza siempre obedeciendo al Maestro. Esto no es una película lo que está pasando aquí con los discípulos. Son personas que tienen su vida, que tienen su trabajo, que tienen su familia, y ahora se acerca Jesús y les mira a los ojos y le dice, sígueme, ¿no? Y lo hacen sin pensarlo. Dice el texto que al instante lo dejaron.
Hay una diferencia entre ellos y aquellos que habían dicho, Señor, te seguiré donde quiera que vayas, etcétera, etcétera, ¿no? ¿Por qué hacen esto? ¿Por qué obedecen de esta manera tan rápida, tan instantánea? Dejaron las redes que tenían en las manos, las tiraron y le siguieron. Eran emocionales, fueron movidos por la emoción en ese momento. Fue una decisión que hicieron sin pensar. ¿De acuerdo si se lanzaron dejando su trabajo y su familia sin saber lo que estaban haciendo? ¿Eran impulsivos en sus decisiones? ¿Se arrepentirían un día de haber hecho lo que hicieron? Nada de eso, yo creo que esto lo tenían perfectamente claro. Y responden de manera radical porque lo tenían claro. Mirad, los apóstoles en este caso eran apóstoles todos, llegaron a ser apóstoles, responden al llamado que Jesús les hace de seguirle y dejar todo porque obedecieron, obedecieron. Jesús les dice, dejas todo y ellos dejan todo, o sea, obedecen, ¿de acuerdo?

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