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Oficio al Medio · Mar 28, 2026

#145: Entrevista a Martín Ameconi

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Oficio al Medio · Oficio al Medio

Bienvenidos a una nueva entrega de Oficio al Medio, un newsletter sobre historietas. Cada quince días, Gonzalo Ruiz y Matías Mir analizan algún cómic o alguna temática relacionada al mundo de las historietas, buscando repensar sus lecturas y conectar con otros fanáticos. En este nuevo contacto, Gonzalo y una entrevista al autor revelación del momento.

Por Gonzalo Ruiz
Fotografía por Fernando Bruno

Desde 2021 que en YouTube vive un zorro. Aunque, para hablar con honestidad, en realidad es un ser humano masculino con máscara de zorro, quizás inspirado en las clásicas caretas plásticas de cotillón que se ven por el Once, o tal vez en la tapa de Foxtrot de Genesis. Pero ese es el avatar que eligió Martín Ameconi para insertarse en las vidas de sus ídolos musicales bajo el alter ego “Salva”. El proyecto Animaciones Salvajes es un homenaje no solo a los ídolos musicales, sino a sus ocurrencias, a ciertas frases (célebres o no) que dieron en entrevistas, documentales o conferencias y que sirven además para reflejar quiénes son ellos, cómo piensan.

Todo esto le quedó chico en algún momento del 2023, cuando Martín empezó a pensarse como artista de historietas, una recuperación histórica de quién era antes, cuando las historietas hacían mella en su cabeza, antes del arribo del rock. De eso se trata La culpa la tuvo Charly García, editado primero por Criolla y actualmente por Maten al Mensajero. Un coming of age signado por el impacto cuasidogmático que causó la llegada del músico a la vida del joven Salva/Martín.

Más impactante aún fue, para el autor, que su primera obra generase un consenso absoluto acerca de su genialidad. Un paria (siendo muy exagerado) llega a un pueblo y se consagra sheriff en un abrir y cerrar de ojos. ¿Que hay en La culpa… que dio lugar a tanta crítica positiva? ¿Empatía por un momento que casi todos vivimos en nuestra adolescencia? ¿Cariño por mostrar a los personajes más adorables y reales que hasta ahora no vimos?

En un bar, que no funciona como nexo de las realidades sino como límite entre Chacarita y Villa Crespo, Martín siente confianza de sí mismo y de su ópera prima. También felicidad y sorpresa:

“Creo que es lo que cualquiera quiere, ¿no? Hacer algo, ya sea un disco, libro o historieta y que sea bien recibido por el público y prensa. Sentía que La culpa tenía potencial para ser bien recibido porque lo sentía ameno. Al ser un primer libro, igual no tenía mucha seguridad: Me largué a hacer historietas sin ser consciente de mis virtudes o fallas”.

GONZALO RUIZ: Hablas de un libro ameno y es cierto. Son casi 200 páginas y se siente una lectura muy ligera, en un buen sentido.

MARTÍN AMECONI: Yo buscaba eso.

GR: También es verdad y sin sacarle mérito al género, pero el slice of life no es algo que permita demasiada experimentación. La hay, pero por lo general tienen una visual contemplativa, no artística. Vos te tomás una licencia artística cuando te pones a recrear tapas de discos como la de The Freewheelin’ Bob Dylan (Bob Dylan, 1963) o The Plastic Ono Band (John Lennon, 1970).

MA: Sí, yo buscaba que fuera un libro ágil, que lo pudieran leer mis amigos y mis viejos. Un poco ahí creo que me jugó a favor el hecho de estar medio afuera, de ser nuevo.

GR: ¿Cómo te impactó la crítica?

MA: Me motivó para seguir haciendo historieta. Igual, yo sospechaba que las críticas iban a ser positivas porque la pasé muy bien haciéndola, fueron dos años muy intensos. Y un poco también es el sueño que no se me cumplió como músico, de repente en 2025 salí de gira para presentarlo.

GR: ¿Cómo te dejó parado para encarar un segundo libro?

MA: Y… por un lado me da mucha confianza, pero por otro lado también está la sensación de “no sé si me va a salir tan bien de nuevo”.

GR: Debe ser heavy debutar y que te digan que es lo mejor del año.

MA: Sí, creo que todavía no me lo tomo tan en serio. Tener el bagaje de músico y de animador me curtió en ciertas cosas. Soy bastante ambicioso: mi idea a la larga es hacer una saga, ya hay un tercer libro pensado. Me encantaría que de acá a diez años Salva sea un personaje instaladisimo y que mi nombre como autor también, por dentro y fuera del mundo de la historieta.

GR: Aún así, con Animaciones Salvajes llegaste a ser “telonero” de Fito Paez, pasaron un video tuyo antes de que arrancara el recital.

MA: También laburé con Andrés [Calamaro], el año pasado le firmé un libro a Charly… Pero yo siento que La Culpa… es lo más hermoso que hice.

GR: ¿Qué encontraste de especial en ese momento de tu vida para poder decir “desde acá empiezo a contarla”?

MA: Siempre me gustaron las historias coming of age. Y un deseo latente era poder recrear [la película de Cameron Crowe del 2000] Almost Famous de manera argenta. Siempre quise hacer historias, no importa de qué, pero de chico tenía ese anhelo, igual que las animaciones, y ahora le estoy cumpliendo los sueños a ese pibe. Viniendo del palo de la música con Animaciones Salvajes, lo primero que pensé fue en no tirar la pelota tan lejos, tenía que hacer algo relacionado con la música. La primera idea era hacer relatos cortos donde Salva se acercaba por primera vez a Fito, a Calamaro y cuando pensé la historia con Charly, me dí cuenta que tenía más tela para cortar. En el medio, empecé a encontrarme con Jaime y Beto Hernandez, de Love and Rockets, y me copaba la idea de hacer algo más novelesco, largo. Mis ganas de hacer mi Almost Famous se mezclaron con la idea de una historia más larga y con eso empecé, el descubrimiento de Charly en la vida de Salva fue el puntapié para contar el relato. Ahí también caí en la cuenta que Charly era una excusa para contar otra cosa, en el medio apareció la vinculación de Salva con su figura paterna, y qué pasa cuando se caen esas figuras de tu vida, ¿de qué te agarrás? En este caso, Salva se agarra de Charly.

GR: Bueno, hay un momento muy interesante cuando Salva les dice a los chicos de la banda Ángel Eléctrico “mi familia es una mierda”, y cuando cuenta el porqué, la respuesta de los otros pibes es “pero tan mal no te está yendo”. En un momento de crisis socioeconómica, Salva tiene una contención pero que de todos modos no le servía al personaje.

MA: Me acuerdo cuando estábamos desarrollando el libro con Pablo [Vigo], en un momento entendió que la figura del papá de Salva era copada, porque cuando le empecé a contar la historia y la empezamos a desarrollar, él imaginaba, creo yo, una confrontación típica con el padre de “¿por qué haces eso? ponete a laburar” y yo le decía que no. Yo quería lograr ese tono, uno que no encontraba en otras historietas argentinas. Una vuelta hice un taller de composición con un músico, y él me dijo algo que me quedó: “el disco que vos tenés que hacer es el disco que, cuando vas a tu discoteca a buscarlo, no lo encontrás”. Y un poco, sin darme cuenta, hice eso con este libro. Le encontré la vuelta a ese tono en el cual todas las personas que son muy queribles, un poco a lo Ted Lasso (risas). También me resonó una frase de Bioy Casares, cuando le preguntaron qué libro suyo elegía. El dijo Dormir al sol, porque era uno donde le gustaría vivir. Y yo quería esa sensación, quería que alguien lea el libro y se quiera quedar adentro.

GR: ¿Tus viejos te dijeron algo cuando leyeron el cómic?

MA: Les encantó, se cagaron de risa. Pasó algo muy lindo: les dejé un libro a cada uno, y a la hora mi vieja me manda un mensaje diciendo que le había encantado, y al mismo tiempo me manda uno mi viejo. Les pregunto si lo leyeron juntos y ella me dice que no, que lo empezó a leer, se rio y papá le pregunta de qué se ríe. Cuando le dice que de mi libro, lo agarró y lo leyó (risas).

Si uno es argentino, conoce a Charly García, no importa si le gusta o no. Por su faceta como músico, hábil declarante o protagonista de escándalos diversos, uno más extremo que el otro. Su figura atraviesa el imaginario pop argentum lo quiera uno o no. porque su impronta es ineludible. Hay muchos Garcías, a cada uno le tocó uno distinto. A Martín le tocó el saynomorismo pleno, que debutó en 1996 con, justamente, el disco Say No More, uno que al día de hoy no está exento de dudas, críticas o genialidades.

MA: Hay algo con el Charly que me tocó, en mi caso al menos… (piensa) era tal vez lo más punk a lo cual yo me podía acercar. Sobre todo por de donde venía yo: de una familia clavada en la clase media, poniendo un toque para abajo a veces, un toque para arriba en otras. Nunca fui ni alterno ni punk. Y si bien me gustaban los cómics, dibujar, los muñequitos y todo eso, no me tocó vivir la típica imagen del pendejo bullineado. Mis amigos se re copaban con que yo dibujara, aunque no leían Superman. Entonces no tuve esa necesidad de buscar un refugio con el arte. Pero Charly era algo distinto. Para un pibe de esa edad, ver a ese demonio arriba del escenario era increíble. Recuerdo el momento en el cual lo vi en vivo y me di cuenta de que estábamos los dos grandes, la banda tocaba como el orto, no estuvo bueno.

GR: ¿Cuándo fue, te acordás?

MA: Creo que fue en un Gran Rex, cuando hizo el 60x60. Estuvo bien, pero no es lo que yo fui a ver cuando era pibe. No es el concierto del Coliseo, ni Luna Park, u Obras...

GR: Ahora, qué lindo saber que tu primer recital de Charly es uno que lo podes volver a ver porque está filmado, me gustó lo bien recreado que está cuando arranca con Influenza…

MA: Para dibujar eso, puse el video, frené los fotogramas y los copié. Creo que todos los recitales de Charly a los que fui están filmados. Me di cuenta que, salvo en 2003, lo vi en el 2001 y 2003. En el 2004 volví y ahí lo ví siempre. Incluso estuve el día que se lo llevaron de La Trastienda en 20071.

GR: ¿Qué significa Charly para vos, tanto a nivel personal como creativo?

MA: Para mí fue un despertar. Me representa la frase de Fito que cito al principio: es la libertad. Fue un rayo que me partió a la mitad. También fue una educación política, me ayudó a acercarme a eso. Con el quilombo del 2001, Charly aparecía en todos los medios.

GR: Me acuerdo del Intrusos en la noche con Rial y Pipo Cipolatti.

MA: Sí, totalmente.

GR: Charly capaz estaba fuera de la opinión política del momento, pero igual hablaba con una lucidez tremenda.

MA: Totalmente. Fue también la sensación hermosa de estar ante algo inmenso para descubrir, frente a un mundo que voy a estar mucho tiempo descubriéndolo. Y fue lo que me motivó también a ser músico. Yo creo que no sabía si quería ser músico, yo quería ser Charly. Cuando era más chiquito quería ser Batman, después quería ser Goku, ahora voy a ser Charly. Era un superhéroe, un dios. Todo en él es a nivel emocional, físico, espiritual, religioso. No lo puse en el libro, pero en esa época toda esa educación católica de la escuela la empecé a tirar a la mierda. Él fue mi único contacto con algo espiritual, con el arte y con el amor también.

Y musicalmente también tiene eso. Con Charly no paro de encontrar cosas. Me acuerdo cuando saqué por primera vez de oído Desarma y sangra, no lo podía creer. Ahora trato de sacar exactamente lo que toca él: O sea, la posición del acorde que usa, el movimiento de voces que hace y no lo puedo creer. Vos podés aislar eso solo y hay una obra ahí, es como el bajo de [Paul] McCartney.

GR: Sí, vos podés tocar las canciones de Charly con los acordes puros pero te das cuenta que hay algo que no suena bien. Te ponés a analizar armónicamente y te das cuenta que hay arreglos dentro de las notas mismas. Hasta la canción más berreta tiene un laburo armónico muy complejo.

MA: Él siempre jode que él inventó lo de sacarles la tercera nota a los acordes. Lo cual sí, trabaja mucho con acordes suspendidos.

GR: Lo de tocar con cuartas, que dice que lo sacó de los Beatles.

MA: Sí, hay una sonoridad tan propia que vos probablemente escuchás un garfio de un acorde y te das cuenta que va a empezar un tema de Charly. Es increíble.

GR: Las letras de Charly oscilan entre lo metafórico y la descripción. ¿Te ayudó eso al momento de dibujar?

MA: Es más poético, me parece. La poesía que me gusta a mí es la que genera imágenes. Hay viñetas y hay momentos que son refes a temas de Charly que no siempre están explícitos.

GR: Está Cuchillos.

MA: Cuchillos, claro, sí. Hay algo que me interesa de sus letras, que me gustan muy por sobre las del Flaco, encantándome el Flaco. Para mí, un tipo que escribió “No tengo agua caliente en el calefón / no tengo que escribir canciones de amor”. Eso es poesía, más que hablar del alba, ¿entendés? Porque te da una imagen. No te dice “estoy en un momento desolador de mi vida”. La imagen poética es mucho más fuerte que la metáfora. Cuando Charly hablaba de cuando escribió Los dinosaurios, cuenta que pensó en cositas que desaparecen y en un momento se dio cuenta de que estaba hablando de los desaparecidos. Esa idea es bastante metafórica, pero después dice “no estoy tranquilo mi amor / hoy es sábado a la noche, un amigo está en cana”, una imagen poética. Y también me parece espectacular que el tipo tenga canciones en joda como el Rap de las hormigas o Rap del exilio.

GR: Y No bombardeen Buenos Aires tiene una letra totalmente en joda, pero por atrás dice que se nos viene la noche.

MA: Ese me parece un gran aprendizaje de Charly: La información se trafica. Va por contrabando. No hace falta que el mundo se fume toda tu neurosis en tu arte. Yo tengo ganas por ahí de hablar sobre lo mal que me siento y lo difícil que es vivir, pero está bueno que sea ameno de leer. Hay ciertos relatos se regodean en un drama.

GR: ¿Puede la música influenciarte de la misma forma que otro dibujante o guionista?

MA: Sí, claro. Obvio. Incluso a mí me gusta cuando la influencia se cruza de una en la otra. La influencia de Charly como músico, lo que te decía antes, te influye para dibujar o al revés. Tal vez, no sé, un Dan Clowes o Seth te sirve para hacer música. Es un poco lo que dice Fabián Casas, que hay que “robarle la operación mental a la artista”.

GR: Venis de la animación, ¿qué tiene la historieta como medio que la animación no?

MA: Primero tiene la posibilidad de contar un relato más largo sin morirte cabeceando la pantalla (risas). Hacer esta historieta yo solo, animando, es imposible. Necesito un equipo, presupuesto…

GR: ¿Esto lo hiciste a mano o digital?

MA: Todo digital. Me sirve porque lo tengo muy aceitado por la animación. No tengo una preparación técnica para el dibujo, yo borro y pruebo mucho. Me encantaría saber que me va a salir lo que voy a dibujar. Tengo a mano el “ctrl + z” y borro todo el tiempo. Lo digital también me permite hacer collage. Yo predibujo algo y digo “la cabecita me quedó un poquito así”. No tengo ningún tipo de reparo en mover las cosas.

GR: ¿Tenías ganas de hacer el desafío de laburar en papel?

MA: Sí, de hecho el año pasado me puse a dibujar mucho en papel. Este libro lo empiezo en papel, hice unas cositas, pero tenía que entregar el libro en un año, esa es la verdad (risas). Ya tengo muy aceitado el dibujo digital. Estoy probando de meterle colorcito a dos tintas. Volviendo a la pregunta anterior, yo esto lo quería hacer en historieta, lo quería contar con ese lenguaje.

GR: ¿Y qué te gusta de este lenguaje a diferencia del lenguaje de la animación?

MA: Bueno, el arte de la elipsis de la historieta es fabuloso. Hay algo de la composición de páginas… (piensa) Bueno, en la animación tenés otra forma para generar cierto tipo de efectos poéticos, pero hay algo de la composición de páginas que me parece fabuloso. Hay también una desprolijidad que te permite la historieta y que la animación no. Cuando empecé a hacer el libro, en un momento me empecé a perseguir con si se me estaba deformando Salva con el correr de los años. En un momento me di cuenta de que está bien que pase eso y me empecé a divertir. Eso en animación es un poco más complejo, salvo que lo hagas adrede, que a veces lo hacen, pero se nota mucho si le pifiaste a proporciones o a los key frames. Entonces hay una soltura en el relato de la historieta, hay un manejo del timing, que no es el mismo. De hecho me ha pasado que hice unas pequeñas cositas animadas de libro como teasers y de repente te encontrás completando cosas para la animación que no lo sentía necesario porque está pensando en lenguaje de historieta. A mí me fascinan las páginas de la cabina telefónica. Esto en animación es una paja.

GR: Esto funcionaría como flipbook, que es una animación que tiene más que ver con la historieta que con la animación per se.

MA: Exactamente. También hay momentos en los cuales se inclinan las viñetas para generar tensión. Bueno, en la animación lo tenés que hacer de otra forma. Tiene sus virtudes la animación. Por ejemplo, podría poner música. En el momento en el que decidí hacer el libro, había llegado a los cien episodios de Animaciones Salvajes en tres años. Y estaba recontra podrido de animar, pero no de dibujar. Cuando hacés un dibujo para animar, después tenés que pensar en su movimiento. Entonces hay un montón de detalles que te los empezás a ahorrar. Acá me podía despachar dibujando. Pero bueno, también tenía que contar algo largo, y en animación no podía.

GR: ¿Cuál es el rol de Pablo Vigo como editor tuyo?

MA: Fue mutando. Yo había leído Lo Salvaje y me encantó. Lo empecé a seguir en Instagram y en 2022 le escribo para hacer un taller con él, teniendo yo el germen del libro. Le mostré lo que tenía, pero dejamos la idea del libro a un lado para aprender el lenguaje de historietas. Empezamos a analizar libros que yo ya había leído, material que me daba. Empezó más como profe que como editor: hacía ejercicios de composición de páginas, viñetas, ejercicios de movimiento de cuerpo y expresión. Me encontré con un docente y un tipo increíble con una cabeza tremenda.

GR: ¿Y vos necesitabas eso? ¿Necesitabas entender cómo funciona la historieta?

MA: Recontra necesitaba, yo estaba más verde… (risas).

GR: Ahí uno se da cuenta que con leer no alcanza.

MA: Algunas cosas las podía intuir, pero otras no. Con Pablo me pasó de ver páginas y decir “sí, claro”, pero una cosa es decirlo por intuición y otra porque sabes qué es. A mí me encanta ser aprendiz, no tengo ningún tipo de recelo con “qué me va a venir a explicar este”. Cuando encuentro a una persona a la cual le doy la potestad de que enseñe, yo quiero que me enseñe todo, me gusta deslumbrarme por cualquier cosa, viste. Hubo un break con Pablo porque agarré un laburo, y en ese impasse empecé a probar lo aprendido. Lo primero que hice fue contar la historia de cómo conocí a un amigo en una página. Ahí dije “ok, puedo contar algo en nueve viñetas”. Siguiente paso: ¿puedo contar un relato corto? Y armé un fanzine de 20 páginas sobre un viaje que hice y que tal vez edite. Lo llamé a Pablo y le dije “creo que ya puedo empezar a trabajar el libro”. Y ahí empezó más el rol de editor propiamente dicho.

GR: ¿Vos le mostraste el guion o páginas hechas?

MA: Primero el guion, después le mostré las páginas y empezamos a acomodar. A mí me divierte mucho leer el libro y darme cuenta de qué estaba leyendo en ese momento porque va cambiando: veo una página y me doy cuenta que estaba copado con [Adrian] Tomine, veo esta otra y noto a Jaime Hernandez. También hay mucho de Ombligo sin fondo de [Dash] Shaw, las olas, todo lo que es playa lo saqué de ese cómic. Para dibujar la banda del bar [Ángel Eléctrico] chorée de Love and Rockets. Mientras avanzaba con el libro, Pablo me mostraba cosas y yo pensaba cómo podía aplicar eso. Era muy gracioso porque él me lo daba simplemente para mostrarme y yo a la semana le aparecía en una página aplicando eso y él se cagaba de risa y me decía “pero no era para eso” (risas). Todos los viernes íbamos corrigiendo, y a mí me sirvió mucho porque trabajar algo como esto solo durante tanto tiempo es un delirio, entrás en una neurosis y volvés loco a todo tu entorno.

GR: Bueno, la historieta es un laburo muy solitario.

MA: Totalmente. Yo tengo la sensación de que La culpa… es un laburo en equipo. Si bien Pablo nunca me dijo “dibujá esto”, no podría haberlo hecho sin él.

GR: ¿Qué diferencias hay entre Salva y vos?

MA: Yo creo que es una versión mía más controlada. Acá lo conocimos como adolescente, en el próximo libro lo vamos a conocer como niño y en el tercero lo vamos a conocer como adulto. Va a quedar como Indiana Jones, la primera historia en el medio (risas). Acá Salva tiene toda la inocencia del mundo. ¿Y en qué se diferencia de mí? En que es un personaje que por el momento conserva mucha inocencia que tal vez yo fui perdiendo con el tiempo. Es un personaje que tiene su neurosis, pero no toda, no hace falta que el mundo se entere de todos mis males, mis demonios, como tampoco hace falta que se entere de los demonios de mis padres. Está bien, el libro está muy atado hacia otros eventos de mi adolescencia, pero en mi adolescencia hubo un montón de cosas horrendas que en el libro no están y no tienen por qué estar, porque hay un tono y una manera de contar. No quiero contar mi vida, quiero contar una historia.

GR: Un problema que pasa con el coming of age o la historieta autobiográfica es que no todo se puede contar, pero igual hay gente que lo cuenta todo.

MA: Lo que pasa es que se pierde mucho el tono, se te va la rigurosidad narrativa, algo que a mí me interesa mucho. Yo quiero contar una historia y soy muy estructurado con ello. Son guiones que se construyen desde los extremos hacia el centro, porque de repente se te ocurre algo en la página 70 que está bueno pero que había que plantar antes, entonces vuelvo a la página 4. Quiero que la historia funcione narrativamente y no volcar todo lo que me pasa. Para eso le pago a la psicóloga.

GR: ¿El alter ego te sirve para contar cosas con otra perspectiva?

MA: Es que en un momento es la historia de otra persona. Ya en la página ocho Salva no era yo, mis viejos no eran mis viejos, mi tío no era mi tío. Si eso no pasa, corrés el riesgo de pifiar en cómo hablan los personajes, porque en algún momento tenés que hacer ficción con ellos, los personajes empiezan a adquirir un carácter con el que pueden decir determinadas cosas que en la vida real no. De repente el personaje que es tu papá mete un bocado que te hace pensar “mi viejo no diría esto” y no importa: no es tu viejo, es el personaje, es el papá de ese personaje. Entonces tenés que liberarte de eso. Lo mejor que podés hacer es, cuanto antes, hacer que sean personajes y que no tengan nada que ver con vos. Es lo mejor que te puede pasar para construir un relato de ficción sin ser un narcisista asqueroso que quiere contarle al mundo sus dramas (risas).

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¡Nos leemos en quince días!

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La gente capaz lo recuerda por el día siguiente, con el recital cancelado y Charly pidiéndole a su ejército que, a lo Billy Bond, rompa todo.

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