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Noticias Galicia | Última hora de Galicia, sucesos y actualidad gallega :: Últimas opiniones · Aug 18, 2026

PRECIOS DINÁMICOS, ¿PARA QUIÉN?

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José Luis Vilanova · Noticias Galicia | Última hora de Galicia, sucesos y actualidad gallega

Leo estos días la queja de una clienta que asegura haber pagado cuatro precios distintos, en cuatro días consecutivos, por el mismo desayuno en una cafetería de A Coruña. Si los precios no estaban anunciados, hay algo que objetar: libertad de precios no significa arbitrariedad. Pero el asunto me lleva a una pregunta bastante más interesante.

¿Por qué ponemos el grito en el cielo porque una empresa privada modifique sus precios y, sin embargo, aceptamos con absoluta normalidad que lo haga una empresa pública como Renfe?

Un hotel puede cobrar hoy 100 euros por una habitación y mañana 180. Una compañía aérea vende dos asientos del mismo vuelo a precios diferentes. Y un bar debería poder variar sus tarifas, siempre que el cliente conozca previamente cuánto va a pagar. Son empresas privadas, arriesgan su dinero y el consumidor decide si compra o se marcha al establecimiento de al lado.

Renfe también utiliza precios dinámicos. El mismo trayecto Pontevedra-Madrid puede costar cantidades muy distintas dependiendo del momento de compra, la ocupación o la demanda. Pero aquí hablamos de una compañía pública, creada para prestar un servicio y contribuir también a vertebrar y hacer competitivo al país.

Y quizá estamos protestando justamente donde no corresponde.

Estos días conocíamos otro dato revelador: España disfruta de un ocio comparativamente barato respecto al conjunto europeo, mientras soporta costes elevados en partidas mucho más esenciales.

Ese debería ser el verdadero debate.

Un país competitivo no necesita garantizar cafés baratos. Necesita energía competitiva, vivienda accesible, buenas comunicaciones y transporte eficiente. Porque cuanto menos dinero tenga que dedicar una familia a aquello que necesariamente debe pagar, mayor renta disponible tendrá después para salir a cenar, viajar o disfrutar de su tiempo libre.

Hemos construido una paradoja: queremos barato precisamente aquello de lo que podemos prescindir y asumimos caro aquello de lo que no podemos escapar.

El ocio no es un servicio esencial. Detrás de cada bar, restaurante u hotel hay alguien que ha invertido su dinero, paga salarios, suministros, impuestos y asume el riesgo de perderlo. Tiene derecho a fijar sus precios dentro de la legalidad, y el cliente tiene exactamente el mismo derecho a no entrar.

Por eso, antes de escandalizarnos porque un desayuno cambie de precio, quizá deberíamos preguntarnos por qué aceptamos precios dinámicos en empresas públicas y precios elevados en servicios básicos que condicionan de verdad nuestra renta y nuestra competitividad.

Si hay que exigir precios razonables, empecemos por lo imprescindible. Lo demás, dejémoslo competir.

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