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Pablo Hernán Aimetta · Jul 13, 2026

#58 ⌚ Cuando el reloj deja de ser una herramienta y se convierte en tu peor enemigo

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Pablo Hernán Aimetta · Pablo Hernán Aimetta

Hola, soy Pablo 👋

Te voy a contar algo que vi la semana pasada en un entrenamiento.

Un corredor que hace tiempo viene mejorando — y mejorando bien — salió a hacer un fondo largo. Ritmo Z2, nada exigente, el objetivo era acumular tiempo en piernas. A los 3 km me escribió por WhatsApp: “¿Es normal que vaya a 5:48? Siento que voy lento.” A los 7 km: “Ahora estoy a 5:41, ¿sigo así?” A los 12 km paró. No por cansancio físico. Por ansiedad.

El reloj lo había sacado de la carrera antes de terminarla.

Empezamos a correr por algo simple: movernos, sentirnos bien, salir del ruido cotidiano. Pero en algún momento — casi sin darnos cuenta — algo cambia. El reloj pasa de ser una referencia a ser el juez. Cada kilómetro se convierte en un veredicto. Cada entrenamiento, en un examen.

Y ahí empieza la trampa.

Porque cuando el reloj es el objetivo, ya no estás corriendo — estás ejecutando una obligación. El placer desaparece. La presión toma su lugar. Y la presión sostenida, sin disfrute, tiene un único destino: o te lesionás forzando cuando el cuerpo no está, o te quemás por dentro y dejás de querer salir.

La psicología del deporte lo tiene muy estudiado. La Teoría de la Autodeterminación (Deci & Ryan) muestra que los atletas que entrenan por motivación intrínseca — es decir, porque disfrutan, porque se sienten bien, porque les importa el proceso — sostienen el rendimiento más tiempo, se lesionan menos, y eventualmente superan a los que entrenan solo por resultados externos.

El dato que más me impacta: el disfrute no es el enemigo de la mejora. Es su condición.

Acá viene lo que más cuesta aceptar, especialmente para el corredor ambicioso:

Cuando disfrutás y sos consistente, la mejora es inevitable. No una posibilidad — una consecuencia.

El cuerpo que entrena con regularidad, que descansa cuando tiene que descansar, que no fuerza cuando no corresponde, mejora. Siempre. Es biología. No hace falta torturarse — hace falta aparecer, sesión tras sesión, con el nivel de intensidad correcto.

El problema es que la mejora es lenta y el reloj es inmediato. Y esa brecha entre el tiempo que lleva mejorar y la impaciencia de querer verlo ya es donde nace la obsesión.

Entonces forzamos un ritmo que no corresponde. Agregamos una sesión que no estaba en el plan. Ignoramos el cansancio porque “no podemos perder ese día”. Y una mañana nos levantamos con una molestia en la rodilla, o en el tendón, o en la fascia — y todo lo que construimos en meses se detiene de golpe.

La lesión no llegó de la nada. Llegó avisada. Solo que estábamos mirando el reloj en vez de escuchar al cuerpo.

Quedan semanas para el Maratón y la Media de Buenos Aires. Y lo que estoy viendo en muchos corredores — en mis atletas, en consultas que me llegan, en las redes — es exactamente esto: la obsesión en su punto más alto.

“¿Voy a llegar a bajar de 2 horas?” “¿Debería hacer un fondo más esta semana?” “Corrí el martes a 5:10 cuando tenía que ir a 5:30, ¿importa?” “Siento las piernas pesadas pero no me puedo perder el tempo.”

Lo entiendo perfectamente. Yo también lo viví. La carrera se acerca, la presión crece, y el cerebro empieza a hacer las cuentas todo el tiempo.

Pero acá está la verdad que más vale escuchar en este momento: las semanas que quedan no te van a hacer más rápido. Pero sí te pueden romper si no las manejás bien.

La forma ya está construida. Lo que te lleva a la meta en buenas condiciones no es forzar más — es sostener lo que hiciste, descansar bien, y llegar a la largada entero.

El corredor que llega descansado, sin lesiones y con confianza en lo que entrenó siempre corre mejor que el que llega agotado pero con la cabeza llena de kilómetros de más.

Correr bien no es correr mirando el reloj cada 200 metros. Es construir una relación con el movimiento que sea sostenible, que genere bienestar, que te deje con ganas de más — y que de a poco, casi sin que te des cuenta, te haga mejor corredor.

👉 La marca es consecuencia. La consistencia con disfrute es la causa.

Si perdiste eso en algún punto — si ya no recordás cuándo fue la última vez que saliste a correr sin mirar el pace — quizás vale la pena pausar y preguntarte por qué empezaste.

Casi siempre, la respuesta no tiene nada que ver con el reloj.

👉 ¿Te reconocés en algo de lo que leíste hoy?
👉 ¿Cuándo fue la última vez que saliste a correr sin presión, sin ritmo objetivo, solo por el placer de correr?
👉 ¿Cómo llegás a estas semanas previas a BA — con confianza o con ansiedad?

Si algo de esto resonó y querés charlar sobre cómo encarar lo que queda del año — escribime. Sin fórmulas ni promesas. Solo una conversación honesta sobre tu running.

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Nos vemos en la ruta 🏃‍♂️

Pablo – NEO Running Team / @neorunningteam

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Read the original on neorunningcoach.substack.com

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