Me encanta que dentro de una ciudad existan varias. Y disfrutarlas todas. Pero reconozco que tengo especial predilección por las que trazan un camino paralelo y periférico, mientras laten con la misma intensidad que el resto.
Disfruto con esa ciudad que surge como un accidente casi-polipoético y que transforma la realidad (la que vivimos, la que contemplamos, la que paseamos…) de un discurso globalizado. Es una toma del espacio (público o privado) generalmente intencionado, que altera el devenir previsible de una urbe.
Dentro de las muchas manifestaciones propias de ese tipo de ciudad, hoy hablaré de cuatro de mis preferidas: las interventanas, la refachada, la contrapintada y los quiénes. Sí, toda la nomenclatura es inventada por mí.
Las interventanas son esas intervenciones que aparecen en algunas fachadas (y que creo que son ilegales) en las que la gente abre ventanas a su antojo. Me parece una manera diferente de modificar el paisaje de la ciudad y un locurón de formas, tamaños y asimetrías.
Las refachadas son esas paredes del interior de una vivienda derruida con restos adheridos, que quedan a la vista. Hay algunas que son auténticas instalaciones artísticas. Cuantos más elementos perduran más interesante son, aunque es imposible no sentir cierta tristeza por esas vidas que se vivieron ahí y esos recuerdos abandonados.
La contrapintada es aquella pintada que contesta a otra. Y que lo hace de manera cómica. Si te rasgas las vestiduras con facilidad este no es tu mundo. En Monteolivete hicieron una de mis favoritas. Alguien pintó en letras grandes, y junto a una bandera de Ucrania, “Paz”. Y pasado el tiempo, otra persona añadió, en letra muy pequeñita (estos detalles son importantes), justo debajo, “Padilla”.
Los quiénes son esas personas que intervienen, de maneras muy distintas, la ciudad, pero nunca sabemos quiénes son. A mí me chifla fantasear sobre ellos, aunque la mayoría de veces no suelen despertarme simpatía alguna. En mi barrio tenemos dos auténticos perturbados. Uno que debe odiar el valenciano por encima de todo y tacha la palabra Carrer de los carteles de las calles; y otro que llena una parada de autobús con insultos escritos con rotulador hacia Pedro Sánchez, los catalanes y el Islam.
La otra tarde puse cara a un quiénes. ¿Sabéis esas tarjetas de clubs de alterne (¿aún se llaman así?) que aparecen, en equilibrios imposibles en los timbres, cristales de los patios, buzones o, directamente, en el suelo? Pues vi a uno de los que las reparte en acción. Me sorprendió que fuera una persona rondando los sesenta, flaco, pequeño, con melenilla canosa con entradas, rostro con mucha vida vivida y gafas amarillas. Una pinta mezcla de manager ajado de grupo de rock y redactor old school del Ruta 66. Dejó un par en una papelera, lanzó tres al suelo y colocó alguna en la puerta de una finca. Luego subió en el 19 dejando antes algunas enganchadas en la marquesina. Fue como ver un capítulo de una serie.
Ana Elena Pena tiene nuevo libro, Panico a una vida gris. Conjuros salvajes. Noventa páginas de “pequeñas cápsulas de lectura para esquivar la fatalidad y descubrir destellos de esa vida asombrosa que a todos nos late en algún rincón del pecho”. Lo puedes comprar aquí. Para hablar de él ha venido a naino:
¿Cómo surgió?
Llevo tiempo observando cómo poquito a poquito nos vamos convirtiendo en casi-zombis y procrastinamos sin parar con el móvil, las redes, haciendo scroll y perdiendo la capacidad de comprensión y escucha real. No escuchamos con atención a los demás, pero tampoco a nosotros mismos. Es como si necesitáramos cada vez mayor dosis de evasión. Me incluyo, porque en ocasiones he caído en esa trampa pegajosa, y es difícil salir. Me deprime también que los temas de conversación giren alrededor de lo mismo, del hype del momento. Poca gente se atreve a pensar diferente y salirse de la línea marcada.
¿De qué va?
Esto es como preguntarle a un pintor frente a su cuadro ¿Y qué significa? 🤣 Y entonces te quedas como bloqueada. En resumen, habla de pequeños despertares que podemos tener todos en momentos grises de nuestra vida. Para mí el color es una metáfora de la consciencia viva, adoro los matices, las gradaciones... No quiero una vida en blanco y negro que invariablemente se convierte en gris. Siempre he tenido cierta “sinestesia” con el color. Tiene carga emocional y activa en mí memorias sensoriales y afectivas. Siento que incluso puedo oler los colores, saborearlos.
¿Qué relación guarda con tus libros anteriores?
Es diferente, pero tiene mucho en común, al fin y al cabo los escritores siempre nos movemos entre dos o tres temas que se repiten constantemente pero cuya perspectiva cambia. Me interesa la soledad, y promuevo la construcción de un mundo interior propio, fuerte, soleado, acogedor, frente a la dureza e incomprensión del mundo exterior. También medito sobre la necesidad del perdón, la compasión, aunque pueda sonar algo místico
Creo que primero tenemos que comprendernos, perdonarnos y sanarnos a nosotros mismos antes de intentar que el mundo, o los demás, cambien por nosotros. Si tú cambias, todo cambia. A veces también hablo de cosas que no me atañen, pero que observo en los demás, como el fenómeno del despecho. Creo que nunca he sentido un despecho real, cuando cierro una historia sentimental, paso a otra sin mirar jamás atrás. No siento nostalgia, ni rencor. Como mucho, malestar por haber precipitado un final o no haber sido capaz de lidiar con la rutina (otro temazo). Sin embargo, trabajo mucho con este concepto: la nostalgia. Sí que añoro otras cosas: amistades que se diluyeron en el tiempo, juventud, niñez, espacios que ya no existen, proyectos que terminaron, todas esas cosas... Guardo todo en un almacén con llave y no me atrevo a tirar nada. Amo todo lo que fue y todo lo que pasó y a todos los que formaron parte del paisaje.
1- Spamasito. En Carambal le hice una entrevista larga larga larga a Paca Brull Olmos, más conocida como Paca Gestal (sí, por Gestalguinos). La puedes leer aquí.
2- Lanuca ha sacado temazo nuevo: “Ojos Diamante”. Lo puedes escuchar aquí o dándole al play un poquito más arriba.
3- El otro día coincidí con Neal Sako (del Valencia Basket) en la caja del Aldi. Agua, huevos, papel higiénico y proteínas él, yogures naturales yo. Nunca había estado tan cerca de una persona tan enooorme. Cualquiera diría que somos de la misma especie. Podría jugar durante siete meses un 1 contra 1 diario con él que jamas le anotaría canasta alguna.
4- Camino del JM me sorprendo hablando con un pajarillo que se ha parado en el pretil del Puente del Reino de Valencia (vamos, el popularmente conocido como de las gárgolas). La vejez debe de ser esto. ¡Bienvenida sea!
5- El jueves pasado hubo máximo disfrute con el expurgo que, cada cierto tiempo, hace L’Etno. Se vinieron para casa unos cuantos libros (gratis, claro) de fotografía local (Alboraia, Enguera, Bellreguard, Lepe), uno de columnas de José Vicente Aleixandre y el minicatálogo de una expo sobre el pilotari Rovellet.
6- La misma mañana que un palestino, en Marqués de Sotelo, me paró para decirme, convencidísimo, que seguro que yo hablaba árabe, la camarera de un bar del centro, que hablaba a todos los clientes en castellano, empezó a hablarme, solo a mí, en valenciano. Tontadas, sí, que cuando se juntan me fascinan.
7- No sé si tontada también, pero me encantaría hacer en google maps (o donde fuera) un Mapa de las Alturas, que recogiera cosas curiosas que puedes ver cuando caminas por la ciudad si miras hacia arriba. Claro que mi concepto de cosas curiosas incluye por ejemplo, el arpa que se ve por la ventana de una casa de Alcalde Reig cuando cruzas desde el semáforo del Puente del Ángel Custodio. Es lo que hay.
8- Siempre que veo el arpa me acuerdo de Harpo Marx. Y eso me lleva a otro proyecto de la misma calaña: el Mapa de la València inventada. En él, el edificio Bacharach, de Cirilo Amorós, hubiera sido propiedad de Burt … Bacharach y estaría lleno de estudios de grabación y al pasar por su patio siempre se oirían excelsas melodías. O el Bar Cervecería Platers, en Maximilià Tous, se llamaría así porque The Platters empezaron ensayando en su almacén. Vale, ya lo dejo.
9- Ni Jose Splendini es Brandon, ni Giusseppo Tulsa es Dylan, pero ambos se han unido en un proyecto que han bautizado como Sensación de vivir y que arrancará el próximo 19 de junio, con los británicos The Roves y sus fabulosas y trotonas melodías, y los locales Tercer Sol, en el escenario del 16 Toneladas. ¡Giuss y Mardi a la selección!
10- Si me prometéis que nunca votaréis a la derecha, algún día os contaré dónde compré (esta semana) cd’s totalmente nuevos (plastificaditos y todo) a 0’80€ de La Habitación Roja (Años luz y Años luz II), Los Brincos (Mundo, demonio y carne / World, Devil & Body), Corizonas (Más allá), Pigmy (Manifestación) o Polock (Romance).
11- Es increíble mi perseverancia cada vez que veo una bolsa o una caja fuera de un contenedor confiando en que haya algo interesante dentro, teniendo en cuenta que en todos estos años solo he encontrado un cd de Serrat, dos revistas literarias que tiré nada más llegar a casa, unas cuantas Cartelera Turia de un vaciado en la calle Gandía o tres cómics que luego me los vendieron en wallapop.
12- Siempre con los docentes, nunca con la consellera ausente.
El jueves que viene se enviará la última naino de la temporada. Ya hace demasiado calor (¡no votéis a partidos negacionistas, recórcholis!) como para ir paseando por esta, nuestra ciudad, para contarlo luego. ¡Que pasen ustedes siete magníficos días hasta que nos volvamos a leer!

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