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MVReport · Jan 23, 2026

El evento de la semana

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Marcela Vélez · MVReport

Dudo que hayan podido escapar de los titulares sobre cómo, en la última semana, Donald Trump terminó -casi oficialmente- con las normas e instituciones ejes del orden liberal. Si su alza de aranceles de 2025 marcó el fin de la globalización como marco de desarrollo, con sus ataques a los países europeos -por resistirse a sus planes de adquirir Groenlandia- Trump atacó de muerte a la OTAN, la alianza trasatlántica de seguridad.

El balbuceo de logros aún no conseguidos (EEUU no es la economía que crece más rápido en el mundo), y los insultos y burlas a otros mandatarios, dificultan escuchar a Trump. Pero, aunque envueltas en exageraciones, en su discurso ante Davos dijo algunas verdades:

Europa ha perdido décadas construyendo marcos regulatorios en lugar de implementar reformas para aumentar su productividad. Hay una frase famosa entre inversionistas: EE.UU. lo inventa, China lo copia, la UE lo regula.

Confiados en la protección de EEUU, los demás miembros de la OTAN incumplieron por décadas su compromiso de invertir 5% de su PIB anual en sus aparatos de defensa.

Europa y otros países son tan dependientes que se ven impedidos de actuar ante amenazas externas. A cuatro años desde el inicio de la guerra en Ucrania, Europa sigue comprando gas de Rusia.

Vale la pena escuchar el discurso del presidente ucraniano, Volodymyr Zelensky, también en Davos. “La OTAN existe gracias a la idea de que EE.UU. intervendrá, que no quedará al margen y ayudará. Pero, ¿y si no lo hace?”. La pregunta enfocada en Europa puede extenderse al resto de las regiones y más allá de la seguridad.

El riesgo es evidente: un mundo más fragmentado, con bloques rivales, cadenas de suministro politizadas y mayores gastos militares presionando presupuestos fiscales ya estrechos.

Pero también existe un posible efecto positivo: la urgencia geopolítica puede obligar a gobiernos a hacer lo que durante años postergaron.

No se trata solo de invertir más en defensa. Para reducir su dependencia a EEUU y China, Europa y otras economías avanzadas deberán abordar reformas profundas en sus mercados laborales, sistemas tributarios, regulación financiera y políticas de innovación. También necesitarán destrabar inversiones en energía —especialmente renovables y nuclear—, infraestructura crítica y tecnologías estratégicas como semiconductores, inteligencia artificial y ciberseguridad.

Pero sin mayor crecimiento económico, tal transformación será políticamente inviable. Las economías requieren expandirse para financiar el salto en gasto público que exige un mundo menos integrado, reducir vulnerabilidades externas y, al mismo tiempo, sostener el Estado de bienestar.

Latinoamérica aparece bien posicionada como beneficiaria potencial de esta nueva era como proveedora de elementos críticos: cobre, litio, tierras raras, energía limpia, también petróleo, alimentos y —en algunos países— capacidad industrial intermedia para cadenas regionalizadas. Si logra avanzar en estabilidad macroeconómica, seguridad jurídica e infraestructura logística, podría captar nuevos flujos de inversión que impulsen su desarrollo.

El giro de Trump obliga a cada región a implementar las reformas que necesita para sobrevivir —y prosperar— en un mundo menos predecible, más competitivo y fragmentado.

La gran paradoja es que Trump podría terminar siendo el catalizador de reformas que Europa y otras regiones evitaron durante años.

La próxima semana estaré mirando a la Reserva Federal. No me interesa si deja la tasa en su nivel actual (3,50%-3,75%), sino las señales sobre posibles cambios en su interior. Por ahora, todo indica que la gobernadora Lisa Cook seguirá en su cargo: su mandato se extiende hasta 2038 y los jueces de la Corte Suprema parecieron reacios a apoyar el caso de la Casa Blanca para removerla.

El foco está en Jerome Powell: su período como presidente de la Fed termina en mayo de 2026, pero su asiento como gobernador va hasta enero de 2028. Si Powell decide renunciar también como gobernador —algo frecuente, aunque no obligatorio— la Casa Blanca no solo nombraría al próximo chair: ganaría además un cupo adicional en el directorio. Un movimiento que facilitaría los planes de Trump, que quiere ver una tasa de interés cercana al 1%.

Nada garantiza que los miembros de las Fed actúen como espera el presidente que los nombra. Pero, en esta ocasión, la expectativa es que Trump se asegurará de escoger a quienes se comprometan a apoyar sus planes de tasas ultra laxas.

La historia nos ha enseñado que cuando la política erosiona la credibilidad de un banco central, el costo suele pagarse en expectativas desancladas y episodios de inflación que terminan exportándose al resto del mundo.

Read the original on mvreport.substack.com

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