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Muy Interesante · Aug 21, 2026

La Odisea y Gilgamesh: las pistas que relacionan a Ulises con el héroe mesopotámico

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Erica Couto · Muy Interesante

Ogigia, la isla de Calipso y el monte Mashu de Gilgamesh comparten geografía simbólica, vegetación y hasta una diosa velada. ¿Casualidad o herencia literaria de tres mil años? Así se conecta la Odisea con la Épica de Gilgamesh.

Gilgamesh y Ulises
Recreación fantasiosa. Fuente: Midjourney/Erica Couto - Odiseo y Gilgamesh

Erica Couto

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Hace más de un siglo, en 1902, el asiriólogo alemán Peter Jensen leyó la Odisea y creyó reconocer en ella el eco de una composición mucho más antigua: la Épica de Gilgamesh, cuyos primeros testimonios escritos se fijaron en Mesopotamia siglos antes de que Homero compusiera sus versos. Jensen defendió que Ulises no era una invención puramente griega, sino el heredero literario de un rey sumerio obsesionado con burlar a la muerte.

En su época, la propuesta sonó a herejía filológica y durante décadas permaneció arrinconada. Tras los trabajos pioneros de estudiosos como Walter Burkert, quien supo trazar las conexiones culturales y literarias entre el Mediterráneo y el Próximo Oriente en la Antigüedad, en 2018 el investigador polaco Jan M. Kozłowski, de la Universidad de Varsovia, publicó en la revista académica Eirene un estudio que revive la hipótesis con un argumento nuevo. Según Kozłowski, el propio esqueleto narrativo del regreso de Ulises a Ítaca reproduce, paso a paso, el fracasado viaje de Gilgamesh en busca de la inmortalidad.

¿Se inspiró Homero en la célebre composición mesopotámica? ¿O simplemente dos pueblos antiguos, separados por miles de kilómetros, imaginaron historias parecidas porque los humanos siempre tememos lo mismo? El debate sigue abierto.

Según un estudio, el esqueleto narrativo del regreso de Ulises a Ítaca reproduce, paso a paso, el fracasado viaje de Gilgamesh en busca de la inmortalidad.

Odiseo y Gilgamesh
Recreación fantasiosa. Fuente: Midjourney/Erica Couto

Dos héroes enfrentados a un mismo miedo

Gilgamesh, rey de Uruk, pierde a su amigo y compañero de aventuras Enkidu y descubre, aterrado, que también él ha de morir. Emprende entonces un viaje hasta los confines del mundo para encontrar a Utnapishtim, el único mortal al que los dioses concedieron la vida eterna. Ulises, por su parte, pasa años atrapado en la isla de la ninfa Calipso, quien le ofrece precisamente eso: la inmortalidad, a cambio de quedarse con ella para siempre.

El helenista británico Martin L. West, en su influyente libro The East Face of Helicon (1997), ya sostuvo que el viaje de Ulises muestra una relación especialmente fuerte y clara con el poema de Gilgamesh. No fue el único: otros filólogos, como Jonathan Burgess o Andrew George (editor de referencia del texto acadio de la épica mesopotámica), se muestran mucho más cautos y prefieren hablar de parentesco lejano antes que de copia directa. El propio Johannes Haubold, profesor de Estudios clásicos de la Universidad de Princeton, sugiere que ambos poemas comparten, más que un préstamo literario, una misma manera de entender el universo y el lugar del ser humano en él.

El investigador observa que el viaje de Gilgamesh hacia la inmortalidad atraviesa tres fases: el monte Mashu, la tierra de Dilmun y, finalmente, el regreso a Uruk.

El mapa oculto tras el regreso de Ulises

La aportación de Kozłowski al debate se apoya en la estructura completa del relato. El investigador observa que el viaje de Gilgamesh hacia la inmortalidad atraviesa tres fases: el monte Mashu, la tierra de Dilmun y, finalmente, el regreso a Uruk. Desde su punto de vista, el regreso de Ulises, sorprendentemente, seguiría el mismo esquema tripartito: la isla de Ogigia, el país de los feacios y, por último, Ítaca.

El paralelismo parece agudizarse en los detalles del relato. Mashu se describe como un lugar donde las cumbres "tocan el cielo" y la base "llega hasta el reino de los muertos". Se trataría, pues, de un eje que une el mundo divino con el de los difuntos. Ogigia, por su parte, recibe en la Odisea un nombre muy parecido en lo que respecta a su función: "el ombligo del mar".

Ambos lugares, además, están cubiertos de una vegetación exuberante que roza lo mágico. Los gobiernan divinidades femeninas que viven junto al agua. La diosa que atiende a Gilgamesh, Shiduri, se describe como "envuelta en un velo". El propio nombre de Calipso podría significar, según West, "la que oculta" o "la velada".

El regreso de Ulises seguiría el mismo esquema tripartito: la isla de Ogigia, el país de los feacios y, por último, Ítaca.

Gilgamesh y montañas
Recreación fantasiosa. Fuente: Midjourney/Erica Couto

El hacha, la balsa y los barqueros castigados

Para cruzar el mar que lo separa de Utnapishtim, Gilgamesh tala árboles con un hacha y fabrica largas pértigas de madera. Calipso entrega a Ulises un hacha y lo conduce hasta un bosque para que construya su propia balsa. En ambos relatos, la primera parte de la travesía transcurre sin sobresaltos, mientras que, en la segunda, surge un peligro mortal en pleno mar que a punto está de acabar con el héroe.

Al llegar a destino, tanto Gilgamesh como Ulises se lavan y se visten con ropa nueva. En ambos casos, este proceso revela de pronto la belleza casi divina de uno y otro. Y también en ambos casos, quienes transportan a los héroes en la última etapa del viaje (el barquero Urshanabi en un caso, los marineros feacios en otro) reciben, como castigo, la prohibición de volver a llevar a bordo de sus naves a ningún otro mortal.

Dormir como quien ensaya la muerte

En Dilmun, Utnapishtim somete a Gilgamesh a una prueba: permanecer siete días sin dormir. El héroe fracasa casi de inmediato y, con ello, pierde su última oportunidad de alcanzar la inmortalidad. Ulises, en los momentos decisivos de su propio regreso, cae dos veces en un sueño profundo: al llegar exhausto a la isla de los feacios y, después, en el barco que finalmente lo devuelve a Ítaca. Ese segundo sueño, señala Kozłowski, se describe en el texto griego con una expresión que lo compara directamente con la muerte, tal y como también se menciona en la Épica de Gilgamesh.

Ningún especialista sostiene que Homero copiara literalmente Gilgamesh, sino que la historia mesopotámica pudo llegarle por transmisión oral a través del Mediterráneo oriental.

Tala de árboles
Recreación fantasiosa. Fuente: Midjourney/Erica Couto

Una hipótesis sorprendente

Si Kozłowski está en lo cierto, los paralelismos podrían cambiar el sentido último de la Odisea. Ulises tiene la inmortalidad al alcance de la mano y, sin embargo, la rechaza para volver a una vida mortal, con una esposa que envejece y un hijo que ha crecido sin él. Leído junto a Gilgamesh, ese rechazo adquiere mayor elocuencia: donde el rey mesopotámico fracasa una y otra vez en su intento desesperado de escapar de la muerte, Ulises la acepta por voluntad propia.

Nada de esto demuestra que Homero hubiese tenido acceso directo al poema mesopotámico. Es más probable, según apuntan varios especialistas, que la historia llegara al ámbito cultural griego por vía oral, quizá a través de poetas bilingües asentados en Chipre hacia el siglo VIII a. C. En todo caso, el eco entre ambos relatos invita a leer la Odisea como lo que quizá siempre fue: una respuesta griega, muy antigua, a una pregunta que ya se hacían los mesopotámicos mucho antes de que existiera Grecia.

Referencias


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