«¡Por mí y por todos mis compañeros!» —resonó el grito de victoria.
Salvada. Y sin embargo, quería quedarme en el hueco de la escalera un rato más, como dentro de un capullo. Olía raro y las paredes eran verdes, pero en el silencio oía mi corazón latir bajito, como acunada.
Fue mi primera visita a mi refugio interior.
De ser cierto su origen prehistórico —vinculado al instinto de supervivencia— el escondite sería ensayo general para una larga vida expansiva y creativa: quietud para regenerarte y silencio para incubar.
Trabajo y descanso se retronutren: de un pozo seco no fluye nada. Haz el experimento.
Consigues más haciendo menos: cuando descansas mejor —en movimiento o quieta—trabajas mejor, además de reforzar tus relaciones, dormir apaciblemente y disfrutar de tus locas aficiones.
El perfecto antiejemplo: el colapso absoluto en los fogones de un restaurante de alta cocina. Devorados por la hiperactividad neurótica y la cultura del esfuerzo tóxico, los personajes de El oso son prueba de que el sobreesfuerzo constante destruye la excelencia y que el descanso, lejos de ser pereza, es el ingrediente indispensable de la genialidad.
Ideas muy concretas de citas con el artista, como sugiere Julia Cameron para jugar tú sol@ y «esconderte» de lo cotidiano o de tu propia autoexigencia. Comprar golosinas, hacer manualidades, perderte a propósito o probar un plato exótico te rehidrata psicológica y creativamente. Llámalo descanso estratégico.
Y ahora: vete a descansar.
¡Feliz verano!
M.
Canaria · Políglota · Intérprete simultánea · Arquitecta de activos
Llevo años estudiando cómo una vida aparentemente dispersa puede convertirse en obra, riqueza y servicio. Eso es lo que exploro aquí cada semana, y lo que ayudo a hacer a otros en mi Cartografía de Activos.

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