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Morales Basics · Jul 19, 2026

Relojes militares: funcionalidad, historia y cómo llevarlos hoy

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Morales Basics · Morales Basics

Si esta newsletter de relojes militares os ha dejado con ganas de más, tengo algo que os interesa. Como algunos ya sabréis, en junio sacamos la Guía Caza Mayor: todo lo que necesitáis para no perder ni un euro ni una tarde comprando un reloj vintage -dónde buscar, qué mirar antes de pagar y los errores que Don Uhr mismo cometió al principio (y que os podéis ahorrar). Está a 29€ como precio de lanzamiento, y si sois suscriptores de Substack os sale por 17€ o por 8€ (para los de pago). La tenéis aquí: moralesbasics.com/shop/guia-caza-mayor.

Las olas rompen contra la Higgins y me salpica en toda la cara. El agua está helada.

Todavía no he pisado la arena y ya puedo escuchar las balas golpeando la rampa de la lancha. Aprieto el fusil con una mano y, casi sin darme cuenta, miro la muñeca.

Solo faltan unos segundos.

No miro la hora porque tenga una reunión en Teams. Ni porque quiera saber cuánto queda para calentar mi tupper. La miro porque, dentro de unos instantes, decenas de hombres saldrán de estas lanchas al mismo tiempo. Si cada uno lo hace cuando le parece, ninguno volverá a casa.

La rampa cae. Empieza el desembarco.

Por suerte, ninguno de nosotros ha tenido que mirar un reloj en una playa bajo aquellas condiciones. Sin embargo, seguimos llevando en la muñeca relojes nacidos exactamente para ese tipo de momentos.

Los llamamos relojes militares, aunque hace mucho que dejaron de pertenecer al ejército. Hoy son objetos de diseño, piezas de colección o simplemente el reloj que nos ponemos para ir a la oficina. Curiosamente, cuanto más lejos están de la guerra, más cerca están de convertirse en iconos del estilo masculino.

Y quizá ahí reside su mayor virtud.

Nacieron para sobrevivir.

Y terminaron siendo bonitos.

La mayoría de relojes militares que admiramos hoy jamás fueron diseñados para venderse.

El Dirty Dozen británico, los A-11 estadounidenses o los relojes de dotación de la RAF nacieron con un único objetivo: funcionar cuando todo lo demás dejaba de hacerlo. Esferas negras, números grandes, agujas legibles, lumen abundante y correas fáciles de sustituir.

Todo respondía a una necesidad práctica.

Nadie discutía si el diámetro ideal eran 38 o 40 milímetros.

Nadie hablaba de acabados cepillados o pulidos.

Mucho menos existía alguien dispuesto a grabar un unboxing.

Lo fascinante es que esa absoluta ausencia de intención estética terminó convirtiéndose, precisamente, en una estética. La funcionalidad acabó diseñando uno de los lenguajes visuales más influyentes de la relojería.

Hoy prácticamente nadie necesita un reloj militar (excepto los enfermos como yo o como todos los que leéis esta newsletter). Al menos no en el sentido para el que fueron concebidos. Ya no sincronizamos desembarcos ni calculamos bombardeos. Sin embargo, seguimos comprándolos.

Y me parece maravilloso.

La moda siempre ha funcionado así. Primero copiamos la función y después olvidamos para qué servía. Llevamos botas de montaña para tomar un café de especialidad, chaquetas M-65 sin haber hecho la mili y pantalones cargo con bolsillos que jamás utilizaremos. Los relojes militares no son diferentes.

No creo que haya nada de malo en ello. Al contrario. Es una forma de conservar diseños que nacieron perfectos. La historia rara vez crea objetos tan honestos: todo lo que sobra desaparece y solo permanece aquello que realmente importa.

Por eso un buen reloj militar sigue pareciendo contemporáneo ochenta años después.

No porque esté de moda.

Sino porque nunca fue diseñado para estarlo.

Ver en Amazon

Los que me seguís en Twitter ya sabéis que Timex está haciendo las cosas muy bien, y aquí otro ejemplo. La prueba de que no hace falta gastar mucho para entender el concepto y entregar valor.

Ver en Nicols

Este reloj se lo robé a mi hermano durante todo un curso académico. Y desde entonces no he tenido un reloj más cómodo. Por el precio, me parece el mejor de toda la newsletter y podría dejar de leer aquí. Pero por favor, no te pierdas los demás.

Ver en Marathon Watch

El favorito de los fotos. Conocido como el GPM. Posiblemente el más militar de toda la newsletter. Y también posiblemente el único que se sigue fabricando para el ejército.

Ver en Nicols

Nunca me cansaré de recomendarlo. El heredero espiritual de los relojes militares americanos. Dentro de 30 años no podrás recordar con cuantas correas lo has llevado. Tampoco recordarás la última revisión que le hiciste.

Ver en Serica

Ya hemos hablado de Serica en anteriores ediciones. Si bien me gustan más los relojes militares con correa NATO, no puedo decir que no a este armis. Quizás sería el que llevaba un general, y no alguien como yo que moriría en la primera trinchera.

Ver en Tudor

Si fuese un Guardia Civil en la Academia de Cabos y Guardias de Baeza me lo compraría como regalo del día de mi jura de bandera. Aunque también me lo compraría para hacer macros en Excel.

Lo mejor de un reloj militar es que nunca quiso ser bonito. Quiso ser útil. Y pocas cosas envejecen mejor que aquello que fue diseñado para cumplir una función.

Quizá por eso, casi cien años después, seguimos copiando las mismas agujas, los mismos números y las mismas cajas.

Porque aunque las modas pasan, la funcionalidad (casi siempre) termina convirtiéndose en estilo.

Por eso Carlos Morales y Don Uhr escriben esta newsletter mensual: para recordarte que la mejor estética suele ser aquella que nació sin intención de ser estética.

Hasta el mes que viene.

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Read the original on moralesbasics.substack.com

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