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(Sin)Vergüenzas · Apr 22, 2026

Las cartas que recibí

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Meritxell Garcia Roig · (Sin)Vergüenzas

He conservado una caja de mi infancia y adolescencia, una caja con ositos y fondo azul. Es todo un logro porque me he mudado tantas veces que no conservo apenas pertenencias de cuando era pequeña o de mis años de instituto.

Esta caja, sin embargo, me ha acompañado a las casas que he habitado, y este fin de semana la rescaté de una caja de mudanza del garaje que aún estaba sin abrir.

Dentro hay cartas, postales, felicitaciones de navidad, algunas fotos pero sobre todo lo que más me está sorprendiendo es que fui yo quién convenció a mis amigos y a cualquier otro con quién me encontraba a escribirme cartas.

Supongo que sin saberlo tenía tantas ganas de escribir que con la necesidad de buscar un interlocutor convencia a cualquiera que se me cruzara para que se convertiera en mi pen pal, un amigo por carta.

Hoy he descubierto la carta de Pablo de Córdoba. La leo y me echo a reír, parece ser que lo conocí en el mundo digital, en un chat de 13 a 17 años, eso dice él en la carta y lo convencí a escribirme una carta por correo.

Me fascina el convencimiento que tenía en ese entonces para convencer un cordovés de 16 años que conocí en un chat en 2001 y apenas hablamos una vez para escribirme una carta a mano, ir a correos, pegarle un sello y mandarla.

Dice Pablo:

Pues mira ¿Meritxell¿ Que nombre más raro. Tengo 16 años. Ahora mismo estaba estudiando inglés, porque el dia 7 tengo un examen. Lo que pasa es que no me entra, y me estoy poniendo nervioso. Entonces me dije:

-Pablo, ¿Porque no pones algo de múscia y le escribes algo a aquella niñita tan linda y simpática con la que hablaste ayer? Venga!

Me llama niñita y razón tiene, porque en el membrete pone 2001, si Pablo tenía 16 años yo tenía por aquel entonces 12 años. Curiosamente ya era consciente que necesitaba hablar con gente más mayor y mi madera de escritora ya se notaba pero también la de compartir.

Quería un interlocutor, recibir y dar, escribir y que alguien contestara, hablar, pensar en voz alta en el papel.

Mi radar de mamá se alerta en este momento pensando que menos mal que me escribió Pablo que se ve buenazo y me cuenta sobre como juega en el parque con sus amigos, su última novia y se debate si mandarme una foto o no pero decide que si le contesto a la carta me la manda. No tengo claro que mi madre estuviera al tanto de a cuantas personas había convencido para escribirme. Eso sí, me había visto más de una vez bajar de tres en tres los escalones que separaban el tercer piso del buzón en la entrada de mi casa, en Barcelona.

Me he entretenido a mirar las cartas, hacía años que no rebuscaba en ella. Me he dado cuenta que las cartas tienen distintos orígenes:

  • Personas que conocí en chats de internet

  • Amigas por correo de la revista Super Pop

  • Amigas y amigos de mi colegio de primaria

  • Felicitaciones de amigas, novios…

Leyendo las cartas me doy cuenta que me encantaría saber que les escribía yo…Encontré una de Ana, en la que me dice que a ella no le importa que yo tenga 14 años. supongo que en mi carta anterior le había expresado mi miedo de la diferencia de edad, ella tenía 20 años.

Mi interés especial era escribir y mi necesidad era relacionarme socialmente en un medio en el que yo me sentía cómoda y viva: en la escritura. En la pausa y la ausencia de réplica inmediata.

Como me gustaría saber que escribía esa Meritxell de 10, 12, 14 años…A saber que me preocupaba, o que les contaba de mi mundo interior a estos amigos por carta que no había visto nunca.

Así que le he escrito a una de mis amigas por carta que aún tengo en Facebook, con la esperanza que también conserve mis cartas y me pueda mandar una foto para conectar con mi yo de catorze años.

Me doy cuenta que los interesses especiales no nacen de la nada, siempre han estado ahí. Ya era escritora antes de saberlo, escribiendo cartas a mis amigos y convenciendo a mis tocayos adolescentes de salir del msn y los chats para adentrarnos en un mundo offline de cartas por correo.

Como me gustaría volver al escribir lento, a la distancia del papel, de saber que lo que escribes hoy se recibirá en unos días. Nos contamos la vida apresurada a audios de whatsapp, la resumimos, la comprimimos para seguir formando parte. Siento nostalgia de aquel tiempo en el que ir corriendo al buzón para ver si había llegado una carta era mi momento favorito del día.

Mientras ahora, al recibir un whatsapp no genera los mismos gusanillos en el estómago. El esfuerzo, el saborear lento, el hecho de no saber cuando llegara la carta ni que habrá en ella era siempre una sorpresa que anhelaba.

Ojalá volviéramos a escribir cartas.

Read the original on meritxellgarcia.substack.com

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