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Cuaderno de jardín · Jul 17, 2026

No sé qué sigue

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Mariana · Cuaderno de jardín

Las últimas semanas me he sentido triste. Más triste que de costumbre, quiero decir, porque la tristeza siempre está, siempre me acompaña, es una presencia constante en el ecosistema de mis estares. Puedo sentirla incluso cuando parece que está lejos, en el fondo, silenciosa. A veces refugiada a veces escondida. Las últimas semanas la he tenido cerca, alrededor, encima. Me muerde el pecho desde adentro, me muerde los ojos, me muerde las manos, los pies. A veces siento que me quiere tragar entera.

Hace unas semanas escribí también sobre la tristeza1 pero ahí no era un animal que me mordía sino que era otra cosa (la tristeza tiene la capacidad de cambiar de forma). Empezaba así:

Tengo miedo de estar con la tristeza. Me pregunto si nombrarla puede ser una forma de esconderme para no estar con ella. Cuando siento que viene se me aprieta el pecho hacia arriba y hacia adentro, se vuelve garganta, chisporrotea hacia la boca y hacia los ojos y hacia afuera y siento que me jala a un abismo. No voy a poder contenerla porque ella es más grande. Es un agua espesa en la que voy a caer y me da miedo no saber nadar, o sí saber nadar pero no ser capaz de nadar tanto tiempo. He estado ahí y recuerdo: intento, genuinamente intento, hasta que siento que se me acaba la fuerza, que no alcanzo, que me ahogo, que lo que sigue es morirme. Ha pasado mucho tiempo, creo, desde la última vez que sentí eso. Las últimas veces el agua ha estado menos espesa, tal vez, o yo he tenido más fuerza, y entonces logro llegar a un borde y me agarro de algo y no me ahogo. Igual recuerdo que adentro de la tristeza hay otro abismo, una sustancia más espesa todavía, y ahora no sé cómo estar con ella porque tengo miedo de caer más adentro y no ser capaz de volver a salir. En este momento no quiero morirme. Quiero estar aquí. Quiero querer estar aquí. Quiero acompañar a la tierra y recibir el regalo de su belleza incluso en estos tiempos tan tristes. Precisamente en estos tiempos tan tristes.

Estos tiempos tan tristes. Tiempos de miedo y tiempos de odio, y el miedo que atiza al odio, lo inflama. Tiempos de plástico en la sangre y teflón en los huesos y montañas rotas y ríos moribundos y el mar en tantos lugares convertido en una sopa inmunda y muerte, tanta muerte, toda la muerte, la muerte de todas las criaturas que desaparecen debajo de las llantas de las máquinas que se abren paso para nosotros, para sembrar lo que comemos y lo que desperdiciamos, para sacar de la tierra los metales y los hidrocarburos que les dan forma a los computadorcitos de bolsillo de los que somos adictos y que cambiamos por otro nuevo antes de que sea realmente necesario, la muerte de todos los que mueren por el estallido de las bombas que lanzan los señores para tener control sobre los metales y los hidrocarburos, y de las que nos enteramos casi en tiempo real a través de estas pantallas hechas de cuerpo de montaña, la muerte de todas las criaturas que dejan de existir sin que siquiera hayamos alcanzado a saber que existían, la extinción, y en medio de la extinción la prisa, todo el tiempo prisa, hay que seguir jugando a que no pasa nada, seguir adelante con la reunión, con el reporte, con el presupuesto, con la llamada. Aló. Contesta una grabación de una voz que posiblemente ya ni siquiera es humana. Muchas gracias por comunicarse con nosotros. Usted es un cliente muy especial. El internet no funciona y tengo una videollamada urgente. Ingrese su número de cédula y marque la tecla #. Hay que seguir jugando a que no pasa nada.

Yo cada vez me siento menos capaz de seguir jugando a eso. Llevo muchos años intentándolo. Me parece muy raro todo, cada vez más raro, a veces directamente imposible de leer, desquiciado, loco. Que lo normal sea no tener tiempo para mirar un rato las nubes. Que lo normal sea no saber de dónde viene el agua que bebemos ni cuándo fue la última vez que vino la lluvia. Que lo normal sea no saber quiénes sembraron lo que comemos, quiénes lo hacen posible, quiénes lo cuidan. Que lo normal sea hacer todo el tiempo cosas que están pensadas para convertirse rápidamente en basura. Que lo normal sea vivir como si los otros seres y la tierra misma fueran presencias de segunda, menos importantes o nada importantes, adornos en el mejor de los casos, el resto del tiempo obstáculos para el crecimiento infinito de la línea que dibuja los numeritos imaginarios por los que sentimos que tenemos que rompernos las vestiduras. Hace unos días vi en Instagram una captura de un tuit (¿eso todavía se llama así?) del señor trillonario en el que decía (traducción mía) “Parece que ustedes no entienden que SpaceX tendrá un valor de mercado mayor que el del resto de la Tierra si logramos nuestros objetivos”.

¿Estás bien, Elon? ¿SpaceX tendrá un valor de mercado mayor que el del resto de la Tierra? ¿En cuál mercado, si se puede saber, si en ese “lograr los objetivos” estás acabando con la Tierra misma, que es el lugar en el que el mercado existe y es la razón por la que existes tú y por la que puedes respirar y abrir los ojos y jugar con numeritos imaginarios y elegir no mirar las flores2 y tener energía en el cuerpo para pensar y decir “SpaceX” y para hacer cohetes que se estrellan en el mar y para escribir ideas dementes en tu computadorcito de bolsillo que fue hecho con el cuerpo de las montañas que al parecer tampoco miras a menos que sea para sacarles lo que tienen adentro para seguir acumulando plata que no vas a alcanzar a gastarte porque te vas a morir, al igual que todos los otros animales?

Claro que no está bien. Ni Elon ni el otro señor, ni el otro, ni el otro. Claramente están profundamente desorientados y heridos y por eso persiguen como almas en pena más poder y más plata, porque creen que ese es el camino para aliviar la angustia con la que viven, para rellenar el vacío que tienen en el pecho, para sentir que están aquí para algo, porque sino no saben cómo seguir, porque ese es el mapa que tienen, el que se dibujaron, el que vienen repitiendo desde antes, copiándolo de los mapas de otros señores que estaban igual de perdidos que ellos.

Cuántas cosas hemos aprendido todas de esos mismos mapas. Cuántos caminos seguimos caminando solo porque ya están marcados y entonces nos ahorran la pregunta de a dónde vamos o cómo seguimos. Vamos a donde sea que nos lleven. Seguimos como sea que podemos seguir, incluso si en ese seguir destruimos a la tierra en la que está trazado el camino.

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Me he sentido más triste que de costumbre. Como que todo el dolor que me cabe en el cuerpo me aprieta la piel y me exprime y me pide que llore. Le he hecho caso: he llorado mucho. Me siento perdida también, menos mal, creo. Como si estuviera parada en medio de un lugar al que no entiendo por qué llegué, rodeada de gente que vive en un mundo distinto al que yo veo, sosteniendo en las manos un mapa que no dibujé yo, que me dieron no sé quiénes y no sé cuándo, que dice que siga por allá, que por allá es, hágale, adelante, rápido, y yo llevo años y años mirando el mapa y notando que no me ubico, no me ubico, me parece que este camino no me lleva a donde yo quiero ir, me parece que este no es un verdadero dibujo del mundo, me parece que donde el mapa señala un refugio lo que realmente hay es un abismo.

No sé qué sigue ni cómo seguir. El mapa que me dieron no me sirve. Me siento perdida, menos mal, creo. Si estar ubicada es reconocerme en este mapa demente, prefiero estar perdida, perderme más, seguir perdiéndome.

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Una cosa que escribí hace tiempo sobre la tristeza, y que me alegra haber escrito para que no se me olvide, es que sé que la tristeza me cuida. Estoy segura de que me cuida. Me muerde el pecho desde adentro para recordarme que ahí está mi propio corazón que se rompe y germina y es parte minúscula del corazón del mundo que también se rompe y también germina.

En niñapájaroglaciar escribí:

[…] después de comer lo que necesitaba comer, la tristeza me hizo una jaula con las manos. Me dijo ven, confía en mí, hasta que no salgas tú tampoco salgo yo. Me atrapó para ayudarme a salir. Me abrazó con todos los dedos y sentí sus pelos suaves y mi propia respiración agitada y mi corazón desbocado que se daba golpes contra los vidrios. ¿Este es el fin? ¿Este abrazo es la muerte? ¿A dónde me lleva?:

Afuera había luz y oscuridad y brillos y canciones y voces. Me hablaban los acantilados y las montañas y las nubes y los glaciares moribundos y las lagunas. Me hablaban los árboles y los pájaros y las frutas y la flores. Las ovejas. Las vacas. Las palomas. Las cascadas sin nombre. Los pájaros perdidos. Los fantasmas de los árboles que cortaron. Pasé mucho tiempo sumergida en la mentira de que no pueden hablar y por eso al principio todas esas voces me parecieron confusas, intimidantes, incomprensibles. Todavía no sé bien qué es lo que dicen. Creo que entiendo algunas frases. Les siento las raíces, son palabras bien sembradas. La tristeza me sacó de mi mentejaula para que aprenda a escuchar de nuevo, con todo el cuerpo, atentamente.

No sé qué sigue ni cómo seguir.

Pero creo que sé a dónde voy y a veces puedo sentir claramente que hay algo que me guía.

Voy a mi propio corazón (que es mi camino hacia el corazón del mundo).

Mi propio corazón me guía3.

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No es coincidencia que todos los textos que he escrito hasta ahora en este Substack sean sobre cosas que no sé.

Yo, sobre todo, no sé.

No sé cómo estar con la tristeza para que no me trague entera. No sé cómo “acompañar a la tierra y recibir el regalo de su belleza incluso en estos tiempos tan tristes”. No sé cómo acompañarme a mí misma. No sé cómo amar al mundo así como está. No sé cómo relacionarme con el futuro. No sé cómo estar en el tiempo. No sé cómo existir en este mundo para el que me dieron un mapa que me muestra lugares a los que no quiero ir. Igual intento.

No sé. No tengo certezas pero, como dije en el otro texto sobre la tristeza, tengo intuiciones. Puedo ofrecer eso.

Una intuición: el mundo está tan raro y tan herido, al menos en parte, porque seguimos tratando de navegarlo con mapas que no corresponden, mapas que señalan caminos a lugares a los que realmente no queremos ir, mapas dibujados por gente que estaba perdida y no quería reconocer que estaba perdida.

Otra intuición: si queremos caminar otros caminos y hacer posibles otros mundos, necesitamos hacer otros mapas que nos orienten y nos guíen.

Otra intuición: en el proceso de hacer otros mapas, las palabras son importantes y también son insuficientes. Si queremos dibujar otros mapas necesitamos cuidar las palabras, sí, y también escuchar otras voces.

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Hace un poco más de un mes estuve en Barcelona y en Madrid, de paseo, visitando amigos, y también haciendo cosas relacionadas con los frutos y las flores de mis procesos creativos.

Una de las cosas que hice fue un taller (dos realmente, uno en cada ciudad) que se llamó Mapas de otros mundos. Fue también una intuición. Una invitación a encontrarnos para explorar caminos a través de la conversación sensible con lo vivo, el dibujo y la escritura. Un conjuro para la orientación colectiva. Un experimento. Fue revelador y esperanzador y nutritivo, sobre todo porque no ofreció respuestas ni soluciones sino que abrió espacio para no saber juntas, para reconocernos perdidas y, desde ahí, acompañarnos a imaginar y encontrar otros caminos.

Estoy preparando una nueva versión del taller, adaptado a las posibilidades y limitaciones que ofrecen estas pantallas y que ofrece internet. Será también un experimento, porque como ya dije: yo, sobre todo, no sé. Tengo intuiciones. Puedo ofrecer eso.

(Otra intuición: está bien no saber. En no saber hay espacio para muchas cosas. Infinitas cosas. Entre ellas: formas de existir —y formas del amor— que antes no podíamos imaginar).

Serán dos sesiones: sábado 1 de agosto y sábado 8 de agosto de 11 am a 1 pm hora Colombia. Estará abierto a todas las personas que forman parte de Un jardín, mi comunidad en Patreon, en el aporte ✦︎ L L U V I A S ✦︎

Este taller es una invitación a explorar juntas la belleza y la incertidumbre de existir en este momento tan raro, a abrir nuestra percepción y atención para reconocer que formamos parte de un entramado inteligente y sensible, y desde ese reconocimiento trazar mapas que nos ayuden a reencontrarnos.

Otra intuición: en tiempos confusos y desorientadores es tentador buscar a alguien que ofrezca soluciones y caminos predeterminados, pero lo que tiene más sentido es encontrarnos a explorar juntas, y libres, el territorio ♡

✦︎ Te espero en Un jardín ✦︎

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Para despedirme, comparto este texto cortico que escribí hace poco sobre la orientación y que compartí ya hace unas semanas en Instagram:

Orientarse: saber dónde está el oriente. Oriente viene del latín oriri, que significa nacer, porque por el oriente es por donde nace el sol. Orientarse es dejarse guiar por lo que nace y por lo que recuerda volver a nacer. A la Tierra le gusta nacer y por eso se hace en cosas que nacen: ríos, árboles, animales. Por eso en su movimiento se inventa el nacimiento del sol. Orientarse: seguir a lo que nace, ser amiga de lo que nace, pedir consejo a lo que nace, conversar con la Tierra y con todas las formas en las que sigue inventando el nacer.

(Occidente viene de occidere, que significa caer al suelo o perecer. Oriente y occidente no son dos cosas distintas. Son dos lados de la misma cosa. Los lados son importantes pero que por favor no se me olvide que lo más importante está en el centro. Cada cosa que nace tiene un centro. La Tierra tiene un centro. Yo tengo un centro. Es el mismo. Está en todas partes).

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Gracias por leer hasta aquí. Tu atención es un tesoro. Gracias por compartirla conmigo, especialmente en un mundo en el que tantas cosas están optimizadas para mantenerla cautiva en otros lados ♡

Hasta pronto (creo).

Un abrazo 𓅮

M.

❝ Vivimos en un edificio que arde sin cesar,
y lo que hay que salvar de él, una y otra vez,
es el amor ❞

— Tennessee Williams

1

El texto completo está disponible en Patreon, también para quienes tienen suscripción gratuita. Se llama Me aferro a las flores. Es también un texto sobre las formas en las que busco orientarme en estos tiempos tan tristes y tan raros.

2

Yo no creo que Elon elija no mirar las flores. Yo creo que Elon (y también el otro señor y el otro y el otro) no puede mirarlas porque no las ve, porque el mapa con el que navega el mundo no las incluye, y por eso es más ciego a ellas que si realmente estuviera ciego.

3

Mi corazón me guía con todo lo que lo atraviesa, incluyendo la dicha y la tristeza, el dolor y la belleza 𓆸

Read the original on marianamatija.substack.com

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