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Pamplinas · Apr 15, 2026

Basta de blues

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María Latorre · Pamplinas

Llevo un mes sin acabar los textos que empiezo a escribir.

He maquetado A flote, el próximo libro de relatos que autopublicaré.

Me he quitado el cargo de administrativa del currículum, para dejar solo los de escritora y diseñadora editorial (este último todavía se resiste).

Y para Sant Jordi firmaré mis recopilatorios de cuentos eróticos y románticos, Placeres, en una parada de mi ciudad (ven al C/Major de Terrassa, a la altura del número 9, el 23 de abril, de 12 a 14 h, y nos encontramos).

Pero no he acabado ningún texto, y entiéndase por texto un boletín, un cuento o una novelette. Así que, al lío.

Para empezar, yo,

diré que es el final.

No es un final feliz,

tan solo es un final,

pero parece ser

que ya no hay vuelta atrás.

Yo no sé si es por la edad, por el caos mundial o por que ya tenemos encima a Urano, pero estoy rodeada de finales. Finales de etapa, de relaciones, de vocaciones, de contratos… Hace poco, hablando con un amigo, comentábamos que si este mes fuera un arcano del Tarot, sería la Torre (estructuras que se caen para que otras puedan surgir).

Pero además, es un patrón presente en mi vida: cada primavera algo se acaba y me golpea. Este mes pasado no fue la excepción, pero le voy a dar la vuelta a la tendencia empezando proyecto literario. Me voy a tomar más en serio que nunca lo de ser escritora.

Se atasca el miedo en tuberías,
tiñen de rojo las esquinas,
afuera están ardiendo las calles de este tiempo
afuera está muriendo la razón.

¿Tiene sentido que me emperre en escribir mis historias de ficción, e incluso soñar con que me den dinero para vivir, cuando hay una crisis global y el aroma a tercera guerra mundial parece impregnarlo todo? ¿Es egoísta y superficial perseguir ese sueño, visto el panorama de la industria del libro, el panorama general y el de mi vida laboral en particular?

¿Hay un ápice de cordura en esto?

Pues no lo sé.

Pero precisamente, porque las calles están ardiendo, sé que necesitamos las historias más que nunca.

Precisamente porque el sector del libro tradicional se muere de sed por avaricia (no sé cuántos anuncios de editoriales pidiendo manuscritos he visto ya), y el independiente encuentra más maneras para florecer, necesitamos las historias de todos más que nunca.

Y precisamente porque el modo tradicional de ganarme la vida (el currículum, el proceso de selección, la entrevista, el horario partido, la nómina exigua, el trabajo que come el alma...) se está cayendo, yo, necesito las historias más que nunca.

Porque soy historias.

Así que voy a seguir emperrándome, aunque alguien piense que no toca.

Alguien dijo ten cuidado, tú te reías al otro lado.
Ahora quién ríe más, te cerraron el local
y te veo entre las ruinas, perdida en Madrid.
Ahora es el fin, ahora es el fin
el fin de tu canción, ya no le importas a Dios,
como un disparo al sol, sin rumbo y sin dirección.

Puede que el punto anterior te haya dejado pensando que soy idealista y naïf a pesar de mis 45 tacos y mi perimenopausia. Que sigo perdida, sin rumbo ni dirección. Que no tengo los pies en la tierra, que no se puede vivir de escribir. Y que eso, en cierta manera, te preocupe.

Bueno, gracias por tu preocupación.

Sois muchas las personas me habéis aconsejado durante toda mi vida que dejara la escritura de lado y me centrara en las fábricas y las oficinas. Y claramente esas personas, al igual que tú, tenían muy poca fe en mí.

Hace 25 años que empecé a cotizar en este sistema que, seguramente, no me dará una jubilación con la que poder sobrevivir cuando ya no pueda trabajar. Y durante esos años he estado siempre en las fábricas y oficinas que tanto os gustan para mí. He tragado explotación, ansiedad, kilómetros y guarradas varias, como la mayoría de mi generación, en nombre de un sueldo. Así que visto lo visto, el pasado, el futuro y el presente de este panorama laboral en el que ya llevo un rato haciendo equilibrios, creo que meterme de lleno en esto de la escritura es la mayor toma de dirección de mi vida. No sufras, que para hacerte caso y volver a lo de siempre todavía estoy a tiempo.

Donde estoy ahora es donde quiero estar.

Este soy yo, ese eres tú,

es el despertar de un sueño de juventud.

Aquí estoy yo, aquí estás tú.

Nosotros dos venimos de una calle sin luz.

Nosotros dos crecimos en una calle sin luz.

Los trabajos alimenticios en los que hemos pasado nuestra vida laboral desde jóvenes son una calle sin luz. Un callejón en el que alguien puso una farola y otro rompió la bombilla de una pedrada. Y no son sitios en el que podamos quedarnos a nuestra edad: demasiado fríos, demasiada escasez de vida.

Cuando le digo a mis amigas que ya no podemos permitirnos ser explotadas o ninguneadas, me miran con cinismo. Cuando les digo que para alguien con nuestra experiencia laboral y vital, un sueldo de 1400€ es un insulto, se ríen. ¿Quién te piensas que eres para despreciar la rueda de miseria en la que te metieron y de la que nosotras no sabemos salir? Cállate y acepta las migajas del capitalismo.

Me da igual.

Todas empezamos en este sitio oscuro, pero algunas locas consiguen construir una linterna con una cerilla y papel de aluminio y se emperran en explorar el callejero entero. Y yo soy una de esas.

El mundo cambia tan deprisa,
mi corazón juega en la cornisa.

Además de escritora, que fue mi primera vocación de infancia, he querido ser periodista, publicista, locutora de radio, cocinera, cantante, diseñadora gráfica, azafata de barco, guía turística, monitora de tiempo libre y tallerista de memoria, entre otras miles. Y después de pensarlo, he encontrado la relación entre estos oficios: todos tienen un alto componente creativo y todos cuentan historias.

Así que ese es mi faro, la linterna que construí, pero amplificada.

Si lo sigo, creo que mis pasos dejarán de ser los de una equilibrista en la cuerda floja. Y la adrenalina me puede y la costumbre me lastra, pero algo me dice que es el momento de seguir, de una vez, esa dirección. Y ya sea escribiendo, o de otra manera, pero dedicarme de una vez a las historias.

Quédate a dormir
es todo lo que quiero en esta vida insana,
quédate a dormir
que pasen treinta años antes de mañana.

Voy a ser constante en esto, porque la vida no tiene plan B.

Me quedo en este oficio porque es el que debí emprender desde siempre, del que mi entorno me alejó. En el que creo que podré realizarme por fin.

Me quedo a seguir soñando y trabajando en lo que sueño.

Tantos años de comentarios negativos no me han tumbado. Tantos años de menosprecio no me han hecho abandonar. Me quedo entre las letras.

Vamos Maggie, despierta,
tengo algo que decir:
llegó septiembre y creo
que me tengo que ir.

Y aquí dejo el boletín, porque me esperan nueve novelettes, ya planificadas, para que las escriba.

La realidad es que no sé qué será de mi vida a partir de este mes.

No sé si tendré que echarme atrás en todo esto, coger de nuevo un trabajo alimenticio, seguir escribiendo en los ratos libres.

No sé si por fin lo conseguiré y pondré las bases para la vida de escritora que deseo.

Solo sé que voy a creer en mí.

Porque…

Sé que esta vez va a salir bien, basta de blues, la pena se fue.
Sé que esta vez es de verdad, dime si tú lo sientes igual.
Yo ya sé que hay sufrimiento,
yo ya sé que el futuro va a estallar,
pero también sé que durmiendo a tu lado, ya no vuelve el miedo más.
Se acabaron los días de luto, las subidas por la puerta de atrás,
no voy a perder ni un minuto para dejarme llevar...

Gracias, música, por ayudarme a acabar este texto.

Aquí te dejo la lista de reproducción entera del directo de MClan en el Price, que es la maravilla que he ido enlazando.

Read the original on marialatorre.substack.com

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