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Marco Vélez Esquivia · Jun 20, 2026

Es tiempo de elegir nuestros propios caminos

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Marco Velez Esquivia · Marco Vélez Esquivia

Foto por Gabriel Camero Gärtner en el set de NOCHES DE CINE

Si sos como yo, todo tu feed ha estado inundado con artículos sobre cómo los creadores de YouTube se están tomando Hollywood. Pero de lo que no se está hablando lo suficiente en estas conversaciones es de la poderosa señal que envía este fenómeno: un giro completo hacia pensar primero en la audiencia, dejando a un lado los festivales de cine, laboratorios de desarrollo y otras instituciones que normalmente son los puntos de entrada a la industria. Incluso Hollywood se está saltando los festivales últimamente.

Este camino tradicional del cine independiente todavía existe: pasás por festivales, mercados, fondos y programas curados. Estas instituciones funcionan como los porteros de los cineastas emergentes, decidiendo qué proyectos ganan visibilidad y oportunidades de financiación.

La ironía de este sistema —diseñado supuestamente para descubrir nuevos talentos— es que ahora es más fácil saltárselo que navegarlo. Los altos costos en las tarifas de aplicación (fees) son absurdos: el FICCI tiene un costo de aplicación de 60 dólares para películas colombianas, que es casi lo mismo que pagás por Sundance, SXSW o Tribeca. A esto sumale largos tiempos de espera y una nula retroalimentación por parte de los programadores.

Eso por el lado del resultado final, pero antes de eso también hay altos costos en aplicaciones y viajes a encuentros de coproducción, laboratorios de proyectos y laboratorios de guion. Nada de esto es nuevo, pero ahora pesa mucho más en un mundo donde existen caminos alternativos de descubrimiento.

Significa que podés saltarte completamente estas instituciones al principio de tu carrera. Esto es crucial porque todos necesitamos tiempo para aprender nuestra técnica y refinar nuestra voz, y deberíamos poder hacerlo tan barato como nos sea posible.

Esto es lo que he hecho con mi carrera hasta el momento. Todas mis películas durante estos siete años han sido una forma de iterar rápidamente, acumular horas de vuelo, refinar mi voz como director y crear un negocio alrededor de mi cine.

Recuerdo a muchos de mis compañeros en las escuelas de cine gastándose 20, 30, 40 y hasta 80 mil dólares haciendo sus cortos estudiantiles por lecciones que hubieran podido aprender por un máximo de 100 dólares: escribe un buen guion, selecciona bien a tus actores, dirígelos bien, edita la mejor versión posible, hazle un buen marketing al proyecto y sácalo a la luz. Y en el camino, comenzá a crear una audiencia y aprendé de ellos.

Me inspira mucho lo que han hecho estos directores jóvenes que decidieron conectar primero con su público, haciendo sus cortos y subiéndolos a YouTube. Hay muchísimos otros ejemplos de directores que todavía no suenan tanto en los medios tradicionales, pero que han crecido comunicándose directamente con su comunidad.

Desde el año pasado venimos pensando en NOCHES DE CINE, y por eso le fijamos una fecha de estreno en salas de cine en Colombia sin importar si estrenábamos o no en festivales. Muchas personas de la industria nos miraban con mala cara cuando decíamos esto, en especial los agentes de ventas. Porque, claro, nos los estamos saltando.

Ellos todavía creen que cierto laurel y cierta selección van a salvar a nuestra película y generar ventas masivas. Necesitan de dicha validación institucional para ayudar a vender las películas que representan.

Este camino de ir directo a la audiencia parece obvio: en vez de ir a un festival que solo podés listar en tu hoja de vida, podés obtener un número significativo de vistas en línea, y la gente que crea que puede ganar dinero gracias a vos te va a contactar directamente.

Sin embargo, hay que hacer una aclaración importante: esta estrategia funciona muy poco con las películas que dependen del prestigio institucional, como los estímulos del FDC, el cual le presta demasiada atención a los sellos de validación que va recogiendo el proyecto en laboratorios y encuentros (literalmente otorgan puntos por esa ruta):

”Conformación y experiencia del equipo artístico y técnico; logros, premios o reconocimientos obtenidos en eventos de la industria (hasta 8 puntos).”

Pero ese modelo está cada vez más roto (si no hay reformas pronto). Como decía Simón Mesa cuando hablaba del remake de Un Poeta, el cine en estos momentos no nos da a los artistas una forma de vivir de el, ni de crear un negocio sostenible para nuestras empresas.

Curry Barker es el ejemplo insignia de que esta estrategia funciona. Pero antes de salir a vender el mito y aprovecharse de la próxima generación de cineastas, es importante ser muy claros sobre cómo sucedió.

Por lo que he podido investigar, Barker entró y se salió del New York Film Academy para irse con su amigo a hacer videos en YouTube. También sé que intentó la ruta tradicional al menos unas cuantas veces; sus primeros cortos fueron rechazados por festivales antes de subirlos a internet, donde eventualmente la industria lo descubrió.

Okay, Marco… Pero eso es Hollywood. Estamos acá en Caliwood, ¿eso qué significa para mí?

Significa que debés dejar de ver el modelo tradicional de: apoyo institucional → validación → audiencia

Y comenzar a concentrarte en el nuevo modelo que está resurgiendo: audiencia → validación → apoyo institucional / industria

Para bien o para mal, los actores lo saben desde hace rato; hoy les preguntan el número de seguidores que tienen en sus redes sociales. No es exactamente igual para los cineastas y sus proyectos, pero a través de esta exposición directa con el público es que probás y mostrás de qué estás hecho.

Después de crear su audiencia en YouTube y hacer el cortometraje The Chair (el cual fue rechazado en un gran número de festivales y luego se hizo viral en su canal), uno de los productores de Obsession lo descubrió. Tras esto, Barker hizo Milk & Serial, una película de terror de 62 minutos que costó apenas 800 dólares. Al terminarla, buscó la ruta tradicional: pasó un año buscando distribuidor, pero al no encontrar lo que quería, la subió a YouTube. ¿El resultado? 3 millones de vistas. La agencia UTA vino a buscarlo para representarlo y un año después ya estaba dirigiendo su segundo largometraje, Obsession.

Podemos inferir que él y su equipo no se pasaron años aplicando a laboratorios de guion o a encuentros de coproducción para inflar el presupuesto y conseguir los sellos suficientes para aplicar a fondos públicos, solo para terminar en el mismo lugar. Tampoco se pasó dos años coleccionando rechazos de festivales, atrapado en una posición frustrante preguntándose por qué su carrera se sentía estancada.

La falacia del costo hundido es una fuerza increíblemente poderosa en la producción de cine. A medida que tus cortometrajes son más costosos y difíciles de hacer al principio, tus ganas y tu deseo de validación crecen de la misma manera. Y sí, a veces eso viene a través de una selección en festivales, pero debés tener cuidado: podés gastarte años de tu carrera persiguiendo lo que podría terminar siendo una quimera.

Barker se saltó toda la industria del desarrollo y fue directamente a los únicos que realmente deciden algo: la audiencia. Decidió iterar rápido en lugar de gastarse cientos de miles de dólares yendo a NYU o USC. Mientras más caras son tus primeras películas (ya sean largos o cortos), más va a doler, tanto financiera como emocionalmente, cuando no salgan tan bien o no tengan el “éxito” que esperabas.

Porque esto es lo que no te dicen de la mayoría de los festivales: no programan la mayor parte de sus películas a partir de las convocatorias abiertas de FilmFreeway o Festhome. Estoy hablando de los festivales grandes. Hace unos años vi un panel con programadores de varios de los festivales más importantes del mundo. Alguien preguntó qué porcentaje de la programación venía de las aplicaciones a ciegas. Nadie contestó, excepto el programador del TIFF (Festival de Toronto): solo el 10%.

Para los que hemos estado en esta rueda lo suficiente, sabemos que esta industria está llena de intermediarios. Y como buenos intermediarios, no quieren que sepas una cosa: el descubrimiento y la distribución son dos problemas completamente diferentes, y solo uno de ellos requiere de su permiso. Barker y sus contemporáneos encontraron el descubrimiento en línea sin ayuda de los gatekeepers del cine (aunque el mundo online tenga los suyos propios).

Ya con el respaldo de UTA y con el presupuesto financiado, Obsession tuvo su premiere en el TIFF, donde Focus Features le ganó la puja a A24 y a NEON para adquirirla por 15 millones de dólares (a partir de un presupuesto de producción de 750 mil dólares). Barker no tuvo que pagar los 150 dólares de inscripción al TIFF ni esperar que un programador le diera el visto bueno por caridad. El apoyo institucional de una de las agencias más grandes de USA hizo que la película llegara al festival no a concursar a ciegas, sino como un producto listo para hacer negocios en el mercado.

Ok, leés esto y decís… ¿Entonces me estás diciendo que este es el sistema que tengo que evadir?

No, para nada. El sistema que te estoy diciendo que deberías evadir es uno donde la distancia entre vos y tu primera audiencia está cerrada por miles de dólares en tarifas de inscripción y por el “privilegio” de ser rechazado. Eso sin contar la angustia mental de revisar el correo una y otra vez para ver si quedaste en el pitch del FDC.

¿Por qué la sección Midnight Madness del TIFF tomó la película? Porque Toronto necesita películas que tengan todo el chance de ser exitosas y que estén muy bien conectadas con la industria para que el festival siga siendo relevante. Obsession es el caso donde el festival necesita a la película tanto como la película al festival. Así es como un proyecto así puede competir contra títulos llenos de celebridades. Los festivales toman un pequeño riesgo con estas joyas mientras ponen a las estrellas de Hollywood frente a los backings de sus patrocinadores para poder financiar el festival.

Dicho esto, lo importante aquí es que Barker no creó una cuenta de YouTube de la nada, subió The Chair y el resto fue historia. Él y su socio, Cooper Tomlinson, empezaron con un canal de comedia que acumuló millones de vistas con los años. Los 800 dólares fueron el costo de producción, pero su audiencia real era el verdadero activo, y se gastaron años construyéndola. Esa es la lección.

Cada vez más, los distribuidores nos preguntan: ¿Cuál es tu audiencia? ¿Dónde está? ¿Cómo le llegamos? Quieren que les hagás su trabajo desde que el proyecto es simplemente un pitch deck.

Por otro lado, el circuito de festivales te quiere vender la fantasía de que la bendición de un programador es la vía directa hacia el público. No lo es y, si somos sinceros, nunca lo ha sido. La audiencia es la audiencia. Hay que crear para ellos directamente, usando cualquier plataforma que tengas a la mano; de esa manera, los intermediarios pierden la única palanca de negociación que poseen.

La sensación de quedar seleccionado en un festival, viajar y vivir la experiencia es algo absurdamente cool, pero seamos realistas: esa proyección es un evento de una sola noche con un público de una sola vez. Esa conexión empieza y se acaba entre la introducción, la película y el Q&A.

Es por eso que sigo diciendo que la primera proyección de SÁBADO OSCURO hace dos años en la Cinemateca de Bogotá —con un sold out tremendo de la Sala Capital un miércoles por la noche— ha sido la mejor función que he tenido en mi vida. Y no fue un festival el que hizo eso posible; fue promocionar la película directamente al público que hemos ido construyendo y convertir ese interés en venta de boletas.

Mis cortometrajes y largometrajes han estado en muchísimos festivales. Esto nos ha costado a mí y a mis empresas una gran cantidad de dinero en inscripciones, transporte, estadía y alimentación... más la terapia necesaria para lidiar con cientos de correos de rechazo. ¿Querés dañarte el día? Aplica a festivales a ciegas y te vas a quebrar pagándoles para que te digan que no.

En los últimos años he comenzado a cambiar mi mentalidad sobre dónde debe invertirse ese dinero: en mis películas y en la promoción de las mismas. Y por promoción no me refiero solo a pauta digital tradicional (donde las plataformas se quedan con tu dinero y solo te muestran métricas de impresiones vacías), sino al presupuesto para ir a mercados cinematográficos clave a expandir relaciones y conexiones estratégicas.

Todo el dinero que te ahorrás saltándote la ruta kilométrica de los festivales puede ir directo al presupuesto de tu próxima producción o a la comercialización real de la que ya tenés lista. Es así de simple. Seamos sinceros: solo hay un puñado de festivales a los que los distribuidores van con la intención real de adquirir películas. El resto son espacios de exhibición respetables, pero que hay que capitalizar de otra manera, no para seguir inflando el ego con laureles en el póster.

Créeme que no iría al New York Film Academy. Me gastaría ese dinero evadiendo todo tipo de instituciones y lo usaría para crear una carrera por fuera del arenero, yendo directamente a construir una audiencia. Haría cortos y películas con presupuestos mínimos. Iteraría constantemente. Probaría cosas nuevas. Repetiría lo que funciona.

Lo “malo” de esto es que la gran mayoría de las cosas que funcionan de manera viral en línea pertenecen a géneros muy específicos como el terror y la comedia. Pero si estás dispuesto a tener una audiencia más acotada con tus documentales o tus historias de drama, debés asumir esa realidad. Si tu dramón supuestamente necesita un presupuesto gigante y una premiere en un festival clase A para existir, vas a tener que aprender a trabajar ese proyecto en paralelo mientras creás contenido más ágil. De todos modos, los dramas puros ya no generan los mismos ingresos de antes.

Lo chistoso de todo esto es que si conseguís una comunidad que sea importante y ruidosa, los mismos programadores de festivales van a empezar a buscarte. Si vos tenés la audiencia, tenés lo que ellos necesitan, y las puertas de los intermediarios se abrirán solas para tus próximos proyectos.

Muchos cineastas colombianos saben esto perfectamente, pero no lo dicen para no romper la ilusión del éxito tradicional. La selección en un festival importante, ya sea Cannes o San Sebastián, es supremamente validante para el ego como artista, sí, pero no es el camino automático hacia un negocio sostenible.

Deja de pensar en solo una película; piensa en crear una empresa que sea capaz de hacer muchos tipos de proyectos. Con eso vas a empezar a tener herramientas reales y, con suerte, los ingresos para sostener tu carrera a largo plazo.

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Read the original on marcovelez.substack.com

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