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Marco Vélez Esquivia · Aug 8, 2026

El único “sí” que importa es el tuyo: un manifiesto contra el cine con permiso

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Marco Velez Esquivia · Marco Vélez Esquivia

Este post nace de una conversación con mi amiga Elena —directora del Museo La Tertulia y actriz en mi película NOCHES DE CINE. Fue una de esas charlas donde terminé desahogando toda la frustración que me produce ver a los cineastas jóvenes hoy: no están haciendo arte con lo que tienen a la mano.

Han sido atrapados por la estética hiperpulida y lo slick del cine contemporáneo. Veo a los directores haciendo sus primeras películas y no siento que se estén arriesgando, rompiendo paradigmas ni tensando las costuras del lenguaje audiovisual.

Miro la lista de nominados a los Premios de la Academia —incluyendo los cortometrajes— y no encuentro una sola chispa de energía revolucionaria. Tal vez es porque soy un hijo de los 90. Me crié escuchando Rage Against The Machine y Radiohead mientras descubría las películas de Richard Linklater, John Cassavetes, Jim Jarmusch o Spike Lee, y consumía cine de terror en VHS hecho literalmente con las uñas.

Cuando voy al Bogotá Audiovisual Market (BAM) o a cualquier mercado internacional, todos parecen iguales. Hablan el mismo idioma: coproducciones, fondos nacionales, alianzas internacionales, Ley 814... Pero me hace falta escuchar las voces desobedientes. Las voces de quienes deciden hacer su película como sea, con o sin permiso.

Nos acostumbramos tanto al sistema tradicional de financiación que dejamos de pensar por fuera de su molde.

Siempre digo que vivir en Nueva York me salvó la vida. Visto a la distancia —hace ya 17 años— y con la objetividad de la experiencia, sé que iba directo a la autodestrucción si no me iba a estudiar cine. Pero no fue solo la escuela: lo que realmente me moldeó fue hacer proyectos por fuera de ella.

Recién graduado de New York Film Academy, fui asistente de dirección en una serie web / largometraje. Éramos un grupo de desconocidos filmando en pleno verano en las calles de Nueva York, sin permisos, con una Canon 5D, un par de luces en la mano y una libertad absoluta (ni los productores sabían bien qué terminarían haciendo con ese material). Fue una de las mejores experiencias de mi vida.

Inmediatamente después, pasé a trabajar como asistente de producción en una película de varios millones de dólares producida por Spike Lee. La comida era infinitamente mejor, la paga también, y aprendí muchísimo del equipo técnico. Pero no tenía ni una fracción del fuego del rodaje anterior. Faltaba la complicidad de descubrirnos y hacer arte juntos sin garantía de nada.

Años más tarde, ya de regreso en Colombia, reviví ese contraste mientras cursaba un diplomado de producción ejecutiva. Los profesores, reconocidos productores nacionales, repetían un dogma paralizante: la única forma de hacer cine en este país es mediante los estímulos del FDC o la Ley 814 (la cual, por cierto, explicaron tan mal que mi socio tuvo que pararse a aclararla).

En cada descanso para fumar afuera del salón, me descubría llevándoles la contraria:

Esa no es la única forma de hacer cine. Es absurdamente limitante enseñar eso.

Venía de producir en Nueva York otra película con una Canon 5D entre favores, bares prestados y apartamentos de amigos. No podía creer que cinco años después me estuvieran enseñando que el único camino válido era ir a laboratorios, pitchings y mercados a pedirle permiso a un fondo para poder rodar.

De esa rabia nació QUÉRICOPAÍS. El resultado no fue una obra maestra, pero la hicimos con las uñas, y un grupo de personas con ganas voraces de filmar. Ahí se me metió el veneno en la sangre: el cine se hace como sea.

Idea: Si tuviera el tiempo, me gustaría crear un Laboratorio de Micro-Cine. Sería el espacio de desarrollo más revolucionario de Colombia, precisamente porque estaría diseñado para sacarnos del trance burocrático en el que estamos sumergidos. No para enseñarte a pedir dinero, sino para enseñarte a rodar en tu ciudad de forma micro y urgente.

Veo a jóvenes con celulares increíblemente potentes en el bolsillo, pero obsesionados con alquilar la última ARRI Alexa y ópticas impagables. Pidiendo permiso para hacer su arte. Buscando ser homologados por un fondo, un festival, un coproductor extranjero o una plataforma.

Ve a hacer tu cine con lo que tenés.

Hacer cine no se trata de entregar una película y sentarte a esperar el gran éxito. Hacer cine es construir una carrera, crear constantemente, exponer tu punto de vista, entablar un diálogo con el público y posicionarte dentro de la industria. Siento que le tienen pánico al “hacer”, como si una autoridad invisible los fuera a reprobar.

¿Ningún festival quiere tu película? Who the fuck cares? Súbela a YouTube. Proyéctala en bares, cafés, micro-cines, cineclubes o garajes. Daría lo que fuera por tener 25 años otra vez, porque eso es exactamente lo que estaría haciendo.

Me tocó la ola de principios de los 2000, cuando una generación de cineastas independientes revolucionó todo con cámaras 5D (de ahí salieron Greta Gerwig y los hermanos Duplass) o cámaras caseras. Hasta ver a David Lynch hacer sus cortos e Inland Empire con una modesta cámara DV me encendió las ganas de crear como fuera.

¿A qué le tienen tanto miedo? Arma tu propia tribu, como el grupo de Caliwood que todo el mundo admira pero nadie quiere replicar. Sí, estaban locos, pero estaban locos por hacer arte.

Slacker de Richard Linklater me enseñó que la actitud lo es todo. Clerks de Kevin Smith me impactó tanto que el primer guion de largometraje que escribí transcurría en una tienda de alquiler de DVDs (aún conservo la edición en DVD del 10º aniversario con el documental de cómo la hicieron con nada). Generaciones enteras hicieron cine grandioso en épocas infinitamente más difíciles, manipulando celuloide y químicos. Hoy tenemos toda la tecnología al alcance de la mano.

Llevo tiempo queriendo filmar mi película de zombis, LOS ELLOS, en 16mm. Pero me cansé de intentar convencer a los fondos de que me den su bendición. Si no puedo rodarla en 16mm, la filmaré en digital, con celular o como sea. Me cansé de esperar a que alguien me diga que sí. El único “sí” que importa es el tuyo.

Me estoy inventando este nuevo espacio al final del artículo de cada semana para recomendar cine colombiano, desde largometrajes de ficción hasta cortometrajes de animación, y todo en ese espectro. Esto nace de lo que hablé en mi artículo pasado donde tenemos que apoyarnos más entre nosotros, los cineastas colombianos.

En esta primera edición traigo un cortometraje dirigido por Nicolás O. Segura que se llama Muertos Que No Son Muertos. Siento que es una gran idea y espero que este universo que está seteando en este corto se vuelva en un largometraje… O en varios.

Si querés que tu cortometraje o largometraje haga parte de este espacio, comenta aquí o mándamelo directamente. La única condición es que tiene que estar disponible para ver ya sea gratuitamente o a través de alguna plataforma de paga o streaming. O en físico como un DVD o Blu-Ray donde se puede comprar.

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Read the original on marcovelez.substack.com

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