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Mapas de incertidumbre · Dec 31, 2025

10 libros interesantes que he leído en 2025

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Ángel de la Cruz · Mapas de incertidumbre

Uno de los criterios para valorar un año es cuántas cosas nuevas pasan. 2025 ha sido intenso y positivo, entre otros motivos porque han pasado muchas cosas nuevas. Por falta de tiempo no he podido seguir escribiendo durante los últimos meses, pero os dejo 10 libros que me han gustado. El único criterio que he utilizado para hacer la selección es descartar los libros de política dura, por decirlo así.

Os deseo un feliz 2026.

Cuando los distintos actores políticos, organizaciones o científicos aplicaban una estrategia universal para generar un cambio comportamiento, los resultados eran mixtos. En cambio, cuando empezaban preguntándose qué se interponía en el camino del progreso –por qué sus empleados no estaban ahorrando lo suficiente o no se habían vacunado contra la gripe—y después desarrollaban estrategias ad hoc para el cambio de comportamiento, los resultados eran mucho mejores.

En otras palabras, el cerebro se inventa lo que hay en el punto ciego, utilizando la información de lo que hay al lado, rellenando el agujero visual del punto ciego para obtener una percepción continua, sin agujeros en el mundo -lo cual sería problemático, sobre todo para animales visuales como nosotros-. El cerebro trata de adivinar lo que no ve. Por eso, cuando nos colocamos frente a un lienzo en blanco, no vemos un agujero en el mundo, sino que lo vemos todo blanco; en este caso, el cerebro acierta rellenando. Este sencillo experimento del punto ciego demuestra la esencia de la cuestión: que el cerebro construye el mundo, la realidad que percibimos del exterior, utilizando la información que tiene para adivinar de una manera más o menos correcta lo que hay allí fuera. Al final del día, lo que percibimos no es lo que existe, sino lo que nuestro cerebro piensa que existe. Es una gran diferencia.

En otras palabras, conectar con los demás podía hacernos sentir más sanos, más felices y contentos. Las conversaciones pueden cambiar nuestro cerebro, nuestro cuerpo y cómo experimentamos el mundo.

De acuerdo con diferentes estudios, pese a las diferencias de origen, los jóvenes de todo el mundo tienen hoy mucho en común: una buena parte está desencantada con el presente, rechaza de forma creciente el sistema político de sus países o se ha rebelado contra este, y mira hacia el futuro con pesimismo. La idea del mañana como algo ilusionante, como un horizonte de sueños y oportunidades, parece haberse desplomado para muchos. Todo se conjuga para dar como resultado una característica demoledora: en algunos lugares, los jóvenes son el grupo de edad menos feliz.

Si queremos cambiar la opinión de la gente, es necesario que entendamos con mayor detalle cuál es el origen de su rechazo. Suele tratarse de una oposición a la solución acompañada de un razonamiento guiado, lo cual significa que la otra parte no va a prestar atención a ninguno de los datos mientras no se nos ocurra una solución más aceptable para ambas partes. Con frecuencia, pensamos que deberíamos ponernos de acuerdo, primero, al respecto de los datos y, después, pasar a reflexionar sobre las soluciones, pero, cuando actúa el razonamiento guiado, tenemos que invertir este orden aparentemente lógico y gestionar primero la aversión a la solución.

Las epidemias tienen reglas. Tienen límites. Están sujetadas a suprarrelatos, y somos nosotros quienes creamos los suprarrelatos. Cambian de forma y tamaño cuando llegan a un punto clave, y es posible saber cuándo y dónde ocurren esos puntos clave. Las impulsa un cierto número de personas, y esas personas pueden identificarse. Las herramientas necesarias para controlar una epidemia están sobre la mesa, justo delante de nosotros. Podemos dejar que se las lleven personas sin escrúpulos. O podemos cogerlas y utilizarlas para construir un mundo mejor.

Mucho de lo que nos sucede -el éxito en nuestras profesiones, las inversiones y decisiones en la vida, tanto mayores como menores- es en considerable medida tanto el resultado de factores aleatorios como de la habilidad, la preparación y el trabajo duro. Como consecuencia, la realidad que percibimos no es un reflejo directo de las personas o circunstancias que hay debajo de esta, sino una imagen que se ha vuelto borrosa por los efectos azarosos de fuerzas externas imprevisibles o fluctuantes. Eso no significa que la capacidad no cuente: es uno de los factores que incrementa las posibilidades de éxito, pero la conexión entre acciones y resultados no resulta tan directa como nos gustaría creer. Y por eso nuestro pasado no es tan fácil de entender, ni nuestro futuro fácil de predecir, y en ambas empresas nos beneficiamos mirando más allá de las explicaciones superficiales.

¿Quieres actuar de forma más concreta? Fíjate en el cómo. ¿Cómo satisface un producto las necesidades del cliente? ¿Cómo aborda un problema importante esta nueva propuesta? Pensar en cómo es algo o en cómo se hará estimula la concreción; porque se centra en la viabilidad y ayuda a generar descripciones específicas. ¿Quieres actuar de forma más abstracta? Entonces fíjate en el por qué. ¿Por qué un producto satisface las necesidades del cliente? ¿Por qué la nueva propuesta aborda un problema importante? Pensar en el por qué algo es bueno o correcto estimula la abstracción, ya que se centra en su conveniencia y ayuda a generar descripciones abstractas.

Pero el poder de las palabras va más allá. No solo visibiliza lo que existe, sino que puede llegar a crear realidades. Esta especial vinculación entre el acto de nombrar y la creación aparece ya en el libro por excelencia de nuestra civilización. Efectivamente, un repaso al inicio del Génesis muestra cómo el acto de la creación se haya irremediablemente ligado en nuestra cultura al acto de nombrar.

El problema es que esta exposición constante al conflicto acaba distorsionando nuestra percepción de la realidad. Solemos sobrevalorar la importancia de lo que tenemos delante, y eso significa que el cerebro puede convencerse con facilidad de que algo es más relevante de lo que en realidad es, si se repite lo suficiente. Este fenómeno, conocido como «heurística de disponibilidad», es uno de los muchos errores sistemáticos que comete el cerebro humano, que suelen denominarse «sesgos cognitivos».

Read the original on mapasdeincertidumbre.substack.com

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