Las palabras tienen poder. Mucho más poder del que crees.
Quien sabe combinarlas de manera precisa, al igual que un informático con un ordenador, puede programar tu mente para siempre.
Por eso todos los hechizos riman y las palabras mágicas también riman:
Abracadabra — simsalabim
Alakazam — abrakazan
Hocus pocus — dominocus
Bibbidi bobbidi — boo
Ergo, es normal que la definición antigua de chamán sea una mezcla entre poeta, curandero y místico.
Y sí, ya sé que no estamos en la Edad Media, pero sigue habiendo magos modernos, pues sus palabras nos abren los ojos y nos cambian la vida para siempre, y algunos siguen siendo místicos y poetas, como es el caso de William Blake (1757–1827).
Hoy quiero compartirte y explicarte un poema breve suyo que te hechizará por completo.
«Estas oscuras ventanas del alma de la vida
desvirtúan los cielos de extremo a extremo
y te llevan a creer una mentira
cuando miras con los ojos, y no a través de ellos.»
Si parece un acertijo, es porque lo es, así que descifrémoslo juntos.
Mirar con los ojos: significa ver las cosas como son. Aceptarlas en su forma plana y literal.
Mirar a través de ellos: significa reinterpretar lo que entra por los ojos usando la intuición, el alma, nuestro guía interior.
Mirar las cosas con los ojos nos permite aceptar los hechos. Y es necesario (muy necesario). Pero no es menos necesario reinterpretar lo que vemos para que los sentidos no nos limiten las posibilidades de acción y podamos ver lo que hay tras las cosas que vemos: su esencia.
Y es que esa esencia que no se ve a simple vista da una nueva dimensión a las situaciones que vives y a las cosas.
Los japoneses lo tienen claro: incluso tienen un concepto llamado «leer el aire» o «leer la atmósfera»: kūki o yomu (空気を読む).

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