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Love4musicals · Feb 2, 2026

JOAQUÍN SABINA 1988 - 1999

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Comenzamos ahora el segundo podcast dedicado a Joaquín Sabina en donde trataremos de recoger y analizar los temas más interesantes de su carrera entre los años 1988 y 1999 desde El hombre del traje gris a 19 días y 500 noches. El primer podcast Lo cerrábamos con Hotel Dulce Hotel, donde el autor uvetense alcanzaba un alto nivel compositivo aplicando recursos ya empleados, como el humorismo y la ironía, y acudiendo a otros nuevos, como la antítesis o el retruécano. El estilo sabiniano va asimilándose a una amplia tradición poética española que partiría casi desde el barroco.

Aunque en su obra hay espacio para la crítica social o incluso la crónica negra, temas como el amor, el sexo, la soledad, el rechazo o la trascendencia van apareciendo cada vez más en sus canciones y desde un punto de vista más personal, y más en primera persona, situando a menudo al autor como protagonista de sus canciones, creando así esa identificación ambigua entre su obra y su vida.

Lo comprobamos en el hombre del traje gris del que escuchamos, Eva tomando el sol, Besos en la frente, Quien me ha robado el mes de abril y el rap del optimista. Todo empezó cuando aquella serpiente Me trajo una manzana y dijo prueba, yo me llamaba Dan, seguramente tú te llamabas Eva. Vivíamos de squatters en un piso, abandonado de mora talar, si no has estado allí no has visto el paraíso terrenal.

Vimos un colchón de una basura, dos sillas y una mesa con tres patas. Mientras yo emborronaba partituras, tú creías las patatas. Plantamos cañamones de ketama y un tiesto nos creció ante el ventana. Con una rama de árbol de la ciencia del bien y del mal.

A Eva le gustaba estar morena y se tumbaba cada tarde al sol. Nadie vio nunca una sirena tan desnuda en un balcón. Pronto en cada ventana hubo un marido a la hora en que montaba el show mi chica, aunque la tele diera en día.

En trance a su consorte sorprendió, formó un revuelo y telefoneó al 092. Y como no teníamos apellidos, ni hojas de parra, ni un tío concejal, ni más Dios que Cupido, no sirvió de nada protestar.

Se creía Dios dispuso que precintara un guardia en nuestro piso. No quedan plazas para dos intrusos en el paraíso. Estábamos sobre el colchón desnudos jugando a nuestro juego favorito. Al ver entrar la pasma Eva no pudo soportar un grito.

A golpes la bajó por la escalera un ángel disfrazado de algo así, sin importarle un pijo que estuviera en cinta.

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