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El espacio relatado · Apr 1, 2026

Sobre la amistad perdida

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Lópezmenacho · El espacio relatado

Se acercó de improviso y me costó reconocerle. La relación se paró en seco hace años, cuando la insolente juventud tocaba la puerta de la madurez. Había pasado mucho tiempo desde la última vez que lo vi. Venía con su hijo e hija, ya creciditos, que han heredado su belleza. Un día, esa persona fue mi amiga.

Le saludé con cariño. Me alegraba verlo tan entero, inmerso en mitad de su rutina. Proyectaba, en cierta medida, el tipo que creíamos que podía llegar a ser. Interesado en las causas sociales, agarrado a los márgenes, empeñado en una labor social que nadie le había pedido. Así fue ese reflejo perdido en algún lugar de la memoria.

Sentí activarse un extraño mecanismo, una forma de actuar que creía extinta. Ese era el tono, recordé, de nuestras conversaciones. Le pregunté por su vida, que parece encaminada, por el lugar donde vive, por su trabajo. Le dije lo de mi vuelta a Jerez, lo de los talleres literarios, lo de que mi existencia es como una búsqueda interminable, todo lo que, grosso modo, soy ahora.

Cicatrices aparte, apenas he cambiado. Sigo siendo pasional, temerario, imprudente, enérgico, ambicioso, escéptico y un pelín dramático. Y me sigue costando aceptar, por supuesto, el fin de la amistad. Como Colin Farrell en The Banshees of Inisherin, que se niega a comprender que la amistad es cosa de dos.

Parece que tengo muchas amistades porque tengo muchos entornos, pero lo cierto es que no tengo tantas. Pasé por la guardería, colegio e instituto sin conservar ningún amigo cercano. De la universidad, solo veo regularmente a uno. Las de la pandilla de la infancia, las resignifiqué justo a tiempo. Me agarro a mis amistades porque pienso a menudo que no las merezco y que siempre estoy a un paso de decepcionarlas.

Hace unos días le preguntaron a Rosario Villajos qué es el éxito, y la autora cordobesa contestó: mis amigas. Y es cierto, el éxito es mantener esa red afectiva que llena de sentido el vacío de nuestros días. No es casualidad que las escritoras reflexionen más y mejor sobre la amistad. Ahí están los libros de Raquel Congosto, Amiga mía; Marina Garcés, La pasión de los extraños; o Nuria Labari, La amiga que me dejó; que exploran el fin de la amistad. Los escritores, sea por la masculinidad tóxica, por déficit emocional o vete tú a saber por qué, tenemos esa cuenta pendiente.

He pensado muchas veces en qué falló en nuestra amistad, y pese a estar perfectamente localizado el porqué, mi fantasma lánguido regresa a ese punto de ruptura, quizás con la secreta esperanza de que en un universo paralelo todo suceda de manera diferente y una imposible reconciliación sirva, a su vez, para perdonarme a mí mismo.

Con todo, puede que nuestro encuentro me haya servido para recordarme que en la vida todo es efímero, que las personas que quieres no tienen por qué estar sempiternamente y que si algo da sentido al viejo axioma del carpe diem es el dulce privilegio de la amistad.

He descubierto el blog de la bióloga y escritora de utopías Cristina Yerba. Un espacio sensacional donde publica su relación con ficciones utópicas y distópicas. Contenido de calidad y a fuego lento para imaginar un mundo mejor. Puedes leerlo aquí.

Mi hermano Alejandro y yo fuimos invitados al programa Gente como tú, de Ganemos Jerez, en Frontera Radio. Uno de los pocos espacios verdaderamente libres de las ondas jerezanas. Nos preguntaron sobre la no capitalidad europea de Jerez, sobre cómo comprendemos la cultura y sobre el poder de las utopías. Fue hermoso. Podéis escucharlo aquí.

Me encantan leer libros que mis amigas me han sugerido. Este es el testimonio sobrecogedor de una persona intersex que fue violentada en nombre de la normalidad y de la medicina, y que inicia un camino de autodescubrimiento. Su texto nos invita a repensar la diversidad y está maravillosamente escrito. Lo ha editado Manos de pan.

Y en mi sección de autobombo, durante estos dos últimos meses no he parado de impulsar proyectos. Algunos siguen su curso, nunca mejor dicho. En el Centro Social La Yerbabuena y en el Ateneo de Jerez continúan, cada semana, sendos grupos de escritura creativa. Y son los dos maravillosos. Además, planeo lanzar próximamente un servicio profesional de acompañamiento literario, para ayudar a escritores y escritoras con sus proyectos.

Por otro lado, desde el Diario de Jerez se hicieron eco de mi momento de excitación literaria. Da un poco de pudor, pero lo comparto de todos modos.

Y en el Ateneo de Jerez, donde me siento cada vez más a gusto, debatimos con Alicia Domínguez y los editores de Kaizen, sobre la Trastienda del libro. Fue una jornada memorable, que ojalá que cree lazos entre la comunidad literaria al sur del sur. La fotografías es del encuentro.

Y eso es todo, que no es poco. Gracias a todas las personas que seguís ahí. Cada vez espacio más los envíos, pero supongo que cuando vaya llegando el verano, iré cambiando la periodicidad.

Entre tanto, cuidaos mucho, combatid el mal y uníos a la revolución de los afectos.

💜✊

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Read the original on lopezmenacho.substack.com

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