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Los fármacos de glp-1 para adelgazar (Ozempic, Wegovy, Zepbound, Mounjaro) son tan usados ya en EE.UU. –donde se estima que los toma al menos el 12% de la población adulta, mientras que en Europa se habla del 3%-5%– y crece tan rápido su consumo, que la industria alimentaria ha visto hace tiempo que debe aprender a convivir con ellos.
Una gran compañía como Nestlé, ante la perspectiva de que estos fármacos reduzcan sus ventas, ha anunciado que analiza combinaciones de nutrientes, con ayuda de la IA, para crear productos dirigidos a los usuarios de esos adelgazantes y que compensen sus efectos adversos, como la pérdida de masa muscular y de grasa facial. La empresa ha empezado además a añadir proteína a alimentos, así como colágeno (también es proteína) a productos de una nueva línea comercial dirigidos al cuidado de la piel, el cabello o las uñas, que también sufren con las rápidas y grandes pérdidas de peso. Asimismo, investiga ingredientes que reduzcan el apetito para las personas que dejen el adelgazante, pues entonces se recuperan las ganas de comer.

Otras empresas se vuelcan igualmente en este mercado nuevo (companion food, comida de acompañamiento, lo llaman algunos), sobre todo, en suplementar alimentos con fibra y proteína (¡hasta los Doritos!), que es la nueva piedra filosofal no solo para los usuarios de los glp-1, sino en otras dietas, como las de aumento muscular o de pérdida de peso en la posmenopausia.
El creciente uso de los nuevos adelgazantes obliga a la industria alimentaria a reposicionarse
Los adelgazantes tipo ozempic son muy eficaces en reducir el apetito y aumentar la saciedad, lo que para la industria alimentaria se traduce en un menor consumo, sobre todo de lo que se suele picar entre comidas y de otros carbohidratos –hay estudios que apuntan que quien toma estos fármacos consume 700-1.000 calorías/día menos de lo usual, aunque los nutricionistas mantienen el umbral aconsejable de una dieta no inferior a 1200-1500 calorías/día–.
La Universidad de Cornell (EE.UU) publicó un estudio en diciembre pasado que calculaba que a los seis meses de iniciar una persona el tratamiento con glp-1, el gasto en alimentos en su hogar se reducía una media del 5,3%, más (8%) en familias de mayor nivel económico. El gasto solo en comida rápida, cafés, dulces bajaba un 8%. También bajaba el gasto en restaurantes.
Claro que, la industria alimentaria, como siempre -menuda una-, intenta anticiparse a las tendencias. Aparte de la contraofensiva con nuevos productos específicos (seguramente, más caros) para personas a dieta, revisa la demanda y su oferta en aspectos como los alimentos ahora demonizados o el tamaño de las raciones y porciones. Lo mismo hace la restauración. Así, hay quien ya ofrece menús glp-1 friendly, adaptados a clientes a dieta (la ración y el contenido). Burger King, por ejemplo, lanzó unas minihamburguesas. ¿El sector más visionario? Por lo que parece, las tapas y los pinchos.

Redactora jefe de Opinión. En La Vanguardia desde 1989, ha escrito sobre Barcelona, salud y otras áreas en Vivir, Sociedad y Magazine

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