La tecnología ofrece a los alumnos una tentación difícil de rechazar: conseguir mejores notas con menos esfuerzo. Pero ese atajo puede pasar factura al aprendizaje.
El uso de ChatGPT y otras marcas ya está muy extendido entre adolescentes y jóvenes que la usan para sustituir su esfuerzo cognitivo o también para potenciar su aprendizaje. Esta práctica está pillando a las escuelas (y universidades) a contrapié. Las administraciones educativas en todo el mundo están explorando fórmulas para adaptarse que van desde la vuelta a los exámenes orales a la integración de la IA en el aula.
Mientras tanto, la práctica educativa apenas ha cambiado. Los docentes no están seguros de que los ejercicios que piden sirvan para mejorar o afianzar lo aprendido en clase si quien responde es una máquina. Desconocen si el estudiante va por buen camino o hay que ayudarle. Y temen que la nota de evaluación no sea justa. ¿Cómo evaluar el trabajo de investigación de bachillerato si existe la sospecha de que lo ha escrito ChatGPT?
La nota de los deberes de los estudiantes que usaban la IA era un 18% superior a la de sus compañeros
Con todo, lo peor es que el fraude perjudica al propio estudiante porque puede que apruebe, incluso con nota, pero esos conocimientos no los habrá aprendido.
Hasta ahora se había cuantificado poco el impacto del uso de la IA en el aprendizaje a largo plazo. Un estudio, resumido esta semana por el semanario The Economist , aporta cifras concretas. Las notas de los estudiantes que utilizan IA mejoran en un 18% respecto a sus compañeros de pupitre que no usan IA. Esos mismos estudiantes rinden un 20% menos que el resto en los exámenes.
Los investigadores David Stromberg, de la Universidad de Estocolmo, y Victor Lei y Wu Yanhui, de la Universidad de Hong Kong, siguieron a 27.000 estudiantes de entre 12 y 18 años en China durante 30 meses entre 2022 y 2025. Alrededor del 80% de los estudiantes de la muestra declaró utilizar modelos como Doubao y DeepSeek.
Los investigadores recogieron sus calificaciones, el tiempo que dedicaban a estudiar nueve asignaturas, así como el resultado en los exámenes mensuales y en las evaluaciones externas al centro, como pruebas de acceso a bachillerato o a la universidad.
Estonia está desarrollando una inteligencia artificial para su sistema educativo
Después de seis meses, la nota media de los deberes de los alumnos que utilizaban IA había aumentado un 18% en el conjunto de las asignaturas. Su dedicación al estudio en casa se había reducido de 64 a 45 minutos de media.
En cambio, en los exámenes en los que no tienen el soporte de la tecnología obtenían peores resultados que sus compañeros. Se observó que los fallos no eran inmediatos, sino que se acumulaban con el tiempo. La brecha aumentaba a partir de los seis meses de usar IA en las pruebas en el aula. También en las evaluaciones de fin de etapa de secundaria (para acceder a bachillerato) o las pruebas de acceso a la universidad (equivalente a la selectividad española). En estos casos la merma es de un 18% y un 24%, respectivamente.
Las pérdidas de aprendizaje son mayores en las asignaturas de ciencias sociales (27%), seguidas de las disciplinas STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) con un 22%. En lenguas, el retroceso en inglés es del 17% y en chino, el 9%.
La investigación identifica los colectivos más perjudicados. Son los estudiantes de menor edad, los que cursaban la etapa equivalente a la ESO española, así como los de alto rendimiento. El efecto es también mayor entre los chicos.
A pesar de estos datos, esta tendencia se atenúa con el tiempo como si los estudiantes hubieran aprendido a usarla mejor, según los investigadores. Al cabo de dos años la pérdida ya no era del 20% sino del 16%.
La presión sobre los estudiantes chinos
La muestra de la investigación está basada en estudiantes chinos que, según recuerdan los investigadores, están sometidos a una fuerte presión social sobre su rendimiento académico. Los escolares de este país dedican 55 horas semanales de estudio sumando aula y casa, muy por delante de las 44 de media de la OCDE. El tamaño de las aulas oscila entre 50 y 60 alumnos. A lo largo de los seis años de la educación secundaria estudian tres asignaturas troncales (chino, matemáticas e inglés) y varias asignaturas complementarias (física, química, biología, historia, política y geografía). Se preparan para dos exámenes decisivos: la prueba de entrada a la secundaria (zhongkao) y el examen de acceso a la universidad, el temido gaokao, en el que participan casi 13 millones de estudiantes.
Al analizar el detalle de la muestra, Stromberg, Lei y Yanhui vieron que no todos los alumnos usaban la IA del mismo modo. Un 20% de alumnos tuvieron buenos resultados en los exámenes. Coincidía que esos alumnos dedicaban una hora a hacer los deberes, el mismo tiempo que sus compañeros que no usaban chatbots. Los investigadores deducen que aprovecharon la tecnología no con el objetivo de sacarse los deberes de encima sino como tutor personal para resolver dudas.
Estos resultados refuerzan una preocupación generalizada en los sistemas educativos de todo el mundo: cómo evitar que la IA sustituya el esfuerzo que necesita el alumno para aprender. A principios de agosto, Dinamarca dictó unas medidas para frenar el fraude que se aplicarán en el curso que ahora empieza. “Lamentablemente, tenemos un problema con los alumnos que utilizan la IA para hacer trampas”, dijo el ministro de Educación Magnus Heunicke. “Es necesario actuar ya”. Así, se va a exigir que los alumnos defiendan oralmente los trabajos y que las tareas se realicen en el instituto, no en casa, y bajo supervisión.
La respuesta de algunos países es la vuelta a los exámenes orales o los deberes en el centro educativo
La Unesco intenta superar el debate entre prohibir o aceptar. Plantea que la IA se convierta en una competencia educativa. En general, en la mayoría de países, como España, las administraciones están desarrollando marcos nacionales concretos sobre cuándo, cómo y para qué se utiliza la IA. Francia ha establecido reglas de uso según la edad de los alumnos y ha introducido formación obligatoria en IA.
China y Estonia son países que van en avanzadilla. El país asiático aprobó el pasado mes de abril un plan específico para integrar la IA en todos los niveles educativos en 2030. Estonia, por su parte, trabaja con tecnológicas como OpenAI y Google para desarrollar una IA educativa adaptada a su sistema, capaz, por ejemplo, de usar el método socrático. No ofrece una respuesta inmediata sino que guía al alumno mediante preguntas para que éste llegue a sus conclusiones. Persigue lograr que la IA se use para que los alumnos sigan aprendiendo.

Periodista. Ha trabajado en las secciones de Política, Economía, Opinión y Cultura de La Vanguardia. Desde hace unos años cubre informaciones de Educación y Universidades en Sociedad

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