Las maletas están listas y el coche espera en la calle, pero el perro no viajará con la familia. No es una decisión fácil, aunque sí parece la más razonable: los trayectos en coche le ponen nervioso, el tren le altera y un avión sería una experiencia todavía peor. Así que durante las vacaciones se quedará con los abuelos, en una casa que conoce y con personas en las que confía. Para sus dueños, es la mejor solución posible. El perro estará acompañado, mantendrá buena parte de sus rutinas y se ahorrará un viaje que podría hacerle pasar un mal rato.
Sin embargo, hay algo que no siempre se tiene en cuenta al organizar estas vacaciones: algunos perros también pueden pasarlo mal cuando se quedan sin sus personas de referencia, aunque no siempre resulte evidente para quien los cuida. Una situación que, según advierte Montse Lloret, etóloga especializada en comportamiento canino y felino y directora de Caniparc, va más allá de una cuestión de conducta. “Cuando la ansiedad se repite y se mantiene en el tiempo, también puede repercutir en el bienestar y en la salud física del animal”, señala.
El perro que no da problemas también puede estar sufriendo
Cuando el malestar no hace ruido
La imagen más reconocible de un perro con ansiedad por separación suele ser la del animal que ladra cuando se queda solo, araña una puerta, destroza algún mueble o hace sus necesidades dentro de casa. Son conductas que llaman la atención y que hacen que la familia se dé cuenta de que algo no va bien. Pero no todos los perros expresan así su malestar. “Hay animales que no ‘molestan’ cuando lo pasan mal”, explica Lloret. “Algunos, en lugar de ladrar o destrozar objetos, pueden quedarse bloqueados o incluso completamente paralizados. Otros dejan de comer durante las ausencias, duermen peor o muestran una inquietud que no tenían antes”, añade.

También puede haber señales antes de que llegue el momento de quedarse solos. El perro se pone nervioso cuando su cuidador se prepara para salir, lo sigue de una habitación a otra, cambia su respiración o parece incapaz de separarse de él. En una casa que no es la suya y durante unas vacaciones, estas conductas pueden confundirse fácilmente con los efectos normales de un cambio de rutina.
Cuando las situaciones de estrés se repiten, pueden acabar repercutiendo en el organismo del animal
Montse Lloret
Etóloga
El problema es que la ansiedad sostenida no se queda necesariamente en el comportamiento. “Cuando las situaciones de estrés se repiten, pueden acabar repercutiendo en el organismo del animal, con alteraciones digestivas, problemas dermatológicos, cambios en el apetito o dificultades para descansar, además de agravar patologías previas”, advierte Lloret. Eso no significa que cualquier diarrea, dermatitis o pérdida de apetito durante las vacaciones tenga su origen en la separación. Pero si estos síntomas aparecen de forma recurrente y coinciden con los periodos de ausencia, conviene valorar también el componente emocional.

Y cuando la familia vuelve, ¿qué hacemos?
Saludar sí; desbordarlo, no
Después de una o dos semanas llega uno de los momentos más esperados: la puerta de casa se abre y el perro vuelve a encontrarse con su familia. Hay perros que saltan, corren, jadean, lloran, buscan constantemente el contacto y siguen a sus dueños de una habitación a otra. Lo habitual es leer esa reacción como una muestra de alegría después de tantos días separados, pero un nivel de excitación tan alto también puede indicar que al animal le está costando gestionar el reencuentro. “Si al volver de vacaciones tu perro está completamente desbordado, no significa que simplemente esté feliz de verte”, explica Lloret.
La recomendación no es ignorarlo. De hecho, la etóloga considera que hacerlo de manera sistemática puede generar todavía más inseguridad. El perro debe recibir a su familia y ser saludado, pero conviene que ese primer contacto sea tranquilo, sin gritos, movimientos bruscos ni una efusividad que eleve todavía más su nivel de activación. “Lo más recomendable es hacer una entrada predecible y tranquila, sin convertir la llegada en un evento de alta intensidad”, señala.
Se trata de acompañar ese momento sin convertirlo en una nueva fuente de sobreexcitación
Montse Lloret
Etóloga
El tono de voz, los movimientos y la actitud de la persona importan. Si el perro llega a casa completamente acelerado, nuestra reacción puede ayudarle a bajar revoluciones o, al contrario, mantenerlo en ese estado. Jadeo intenso, vocalizaciones persistentes, temblores, movimientos desorganizados, incapacidad para detenerse o dificultad para relajarse incluso después de varios minutos son algunas señales que deberían llamar la atención. También lo son un seguimiento constante del tutor o una incapacidad manifiesta para separarse de él después del reencuentro. “No se trata de pedirle al perro que deje de estar emocionado por volver a ver a su familia. Se trata de acompañar ese momento sin convertirlo en una nueva fuente de sobreexcitación”, remarca.
La vuelta a la rutina también forma parte del regreso
“Lo importante es que la vuelta a la rutina sea progresiva y previsible”
Después de varios días con otra persona, el perro necesita recuperar poco a poco sus horarios, sus espacios y sus rutinas habituales. No es necesario compensar la ausencia pasando las siguientes horas encima de él ni convertir el reencuentro en una sucesión de muestras de afecto. Volver a pasear, comer y descansar como antes también ayuda a que el animal recupere la normalidad. “Lo importante es que la vuelta a la rutina sea progresiva y previsible”, explica Lloret.
La familia ya está de nuevo en casa y, con el paso de los días, el reencuentro deja de ser el centro de la vida del perro. No obstante, según la etóloga, si aun así mantiene una ansiedad intensa, deja de comer, tiene problemas digestivos recurrentes, no consigue descansar o permanece constantemente pendiente de sus dueños, “conviene consultar con un veterinario o con un profesional especializado en comportamiento animal”. No todo cambio de conducta durante las vacaciones responde a la ansiedad por separación y algunos problemas médicos pueden provocar síntomas similares.

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