RSS Amplifier

La tejedora de Ángela* · Jul 18, 2025

15* | La buena rabia

0
Sign in to vote or save

Ángela RG* · La tejedora de Ángela*

Vivimos en tiempos donde la indignación, el enfado y la rabia son emociones que aparecen con fuerza. En muchos espacios se nos enseña a reprimirlas o a canalizarlas de forma únicamente individualizada, como si fueran un problema a resolver en lugar de una brújula emocional íntima y a la vez colectiva. Esta reflexión nace desde la vivencia personal, el acompañamiento terapéutico y una mirada crítica hacia lo que sentimos, cómo lo acompañamos y qué hacemos con ello.

Porque tal vez, la rabia, habitada con consciencia, puede ser una herramienta de cuidado, de justicia y de creación.

Y aquí vengo, después de haber conversado varios días con esta energía que entre otras acciones me ha convocado a hacer este escrito. Ojalá os de luz.

Las mentes polarizadas solo entienden de extremos y exclusiones: si es esto, no puede ser lo otro. También tienden a idealizar la perfección: si no se cumple todo lo que espero, entonces no vale.


Estos patrones son comunes y están profundamente enraizados, alimentados por años de educación centrada en la razón como forma superior de conocimiento y control.

Estas dinámicas suelen caer en el juego del ping-pong del bien y el mal, dejando fuera toda la complejidad de lo que realmente habitamos.

A menudo, buscamos refugio en el pensamiento dicotómico cuando emergen emociones o sensaciones que no hemos aprendido a sostener. La rabia se ve como peligrosa, descontrolada o dañina, una visión muy patriarcal de algo puramente humano.


Sentirse más segura dentro de esas estructuras rígidas puede ser como habitar un castillo conocido: predecible, aunque limitante.

Foto Ángela RG

Una de esas emociones difíciles de sostener es la rabia. Bendita rabia, que está ahí para darnos fuego y nos conecta con nuestra fuerza.


Sin embargo, solemos bloquearla o exagerarla, reproduciendo modelos de agresividad que hemos aprendido, muchas veces dañinos.

Cuando no sabemos qué hacer con ella, la proyectamos hacia quien tenemos más cerca (en muchos casos sobre nosotras mismas) : criticar, exigir, aleccionar o incluso bloquear son formas de sacar fuera lo que dentro no encuentra cauce.

Echamos leña a un fuego que lo reduce todo a cenizas, o bien lo apagamos antes de tiempo por miedo a quemarnos.

La rabia, el enfado y la ira son emociones de acción, defensa, límite y movilización.


Nos traen mensajes importantes: que algo nos molesta, que no estamos de acuerdo, que necesitamos otra cosa, o que queremos salir de donde estamos.

Tomar consciencia de esto nos permite canalizar la rabia hacia lo creativo, hacia lo que impulsa en lugar de dañar.


Desde mi experiencia, es fundamental practicar una forma de estar ahí que no haga daño, que dé dirección.

Foto de: Nairy Baghramian

En contextos de injusticia, desigualdad, precarización y conflictos armados, sentir indignación es lógico.


Y hay muchas formas de traducir esa rabia en resistencia, en acción, en propuestas.

Cada persona tiene la suya, y todas son necesarias.


Cada llama que encienda su vela.

Enfadarnos con otras personas porque no actúan como nosotras o mantenernos en bucle con una rabia interna hacia nosotras mismas sin accionar es como tirarle tierra a nuestra propia llama.

Si cada una se hace cargo de lo que necesita y tiene sentido para sí misma, podrá cuidar su fuego. Y así, podremos ver mejor los caminos posibles.

Creo firmemente que dedicar esa energía a la crítica constante, la queja o la culpa nos desvitaliza, desconecta y nos destruye. No sirve para lo que verdaderamente importa: confiar en la capacidad de construcción y el camino de cada quien.

Mientras no haya una necesidad real de autodefensa ante violencia, el respeto a las distintas formas de estar es un camino hacia la liberación.

A un abeto no le pidas que sea amapola.
Y si necesitas agua, no te tomes un polvorón.

Cada cual tiene sus necesidades, capacidades y tiempos. Y cada espacio puede ofrecer algo diferente. Por eso es tan valioso poder habitar diferentes grupos, modos, círculos para nutrir nuestras múltiples capas.

Muchas veces, cuando sentimos rabia o rechazo, nos sentimos culpables, como si eso nos convirtiera en malas personas.


O bien creemos que si otra persona no siente lo mismo que yo, entonces está equivocada.


También hay quien defiende que hay que sentir rabia y no compasión, porque eso es lo “correcto”.

Pero sentir rabia y compasión al mismo tiempo es posible.

Y la compasión también incluye a quien la practica. Por eso, puede ayudarnos a ver ese punto ciego que aparece cuando actuamos desde el arquetipo de la salvadora o la justiciera: queremos salvar o convencer a otras personas sin haber comenzado por nosotras mismas. O la víctima que se hunde en la parálisis culpabilizadora.

Foto Ángela RG.

Es complejo, porque cada persona entiende cosas distintas cuando usa palabras como “compasión” o “rabia”.

En mi caso, cuando hablo de compasión me refiero a la capacidad sensible de sentir el dolor propio o ajeno y el deseo de aliviarlo.


Y desde esa mirada, la rabia no está vetada, al contrario: puede ser una vía de expresión coherente y potente.

Colectivizar esta emoción tiene un enorme potencial para movilizar, transformar y reparar.


Y no solo en las calles, sino también en lo íntimo, en espacios seguros donde podamos revisar heridas del entorno familiar o cercano.

Una cosa no quita la otra.
Mirar todas las capas emocionales amplía nuestra visión y da lugar a nuevas formas creativas de estar.

Para mí, la buena rabia es la que pone límites a la violencia. La que clarifica las necesidades propias y da fuel a llevarlas a cabo.


No busca convencer, ni ganar, ni tener razón.


Es la que se da media vuelta y construye otra realidad con el compost.


La que cuida, protege y se mueve con la convicción de que otra forma de vivir es posible.

Si sientes esta energía ¿qué estás necesitando accionar, proteger, expresar, atender?

Os dejo un artículo académico muy interesante sobre la expresión colectiva de la rabia, que leí esta semana.


Las autoras critican que esta emoción se limite al terreno de lo terapéutico, entendido aquí como un espacio que no incluye lo colectivo.

Desde mi perspectiva, la consulta psicológica no excluye lo que ellas nombran.
Aunque sí entiendo que se refieren a ciertas prácticas que favorecen la gestión emocional sin ampliar hacia una conciencia transformadora que reconozca los sistemas que habitamos.

Para cerrar, me gustaría compartir unas palabras de María Zambrano, pensadora que invitaba a reconciliar razón y emoción desde una mirada poética y filosófica.

No todo centro es de un sol; puede haber varios soles; puede el hombre sentirlos sin que contiendan entre sí. Y puede ocurrir que en momentos de oscuridad desaparezca el sentir y la visión correspondiente a uno solo, a uno tan sólo.

Aparecen estos soles, como centros luminosos, más o menos lucientes en el sentir y en todos los actos del conocimiento que al sentir siguen y obedecen, y su irradiar está ligado con la función del corazón, con su poder vivificante.

Todo sol vivifica.

Gracias por llegar hasta aquí.


Que las llamas de nuestros soles nos den vida y claridad.

Un abrazo.

Read the original on latejedora.substack.com

Comments

Nothing yet. Say the first thing.

    Sign in to join the conversation.