Ma acuerdo de los nombres de todos y cada uno de los animales a los que abandonaste a su suerte cuando te aburriste de ellos. Me acuerdo de cada una de las veces que acogiste a un cachorro que te encontraste por la calle, le diste leche y le pusiste un reloj al lado para que le recordara al latido de su madre, para semanas después, llevártelo en el coche para abandonarlo a saber dónde.
Me acuerdo de todas y cada una de las veces que me mentiste diciendo que se habían escapado de casa.
Pero ¿sabes de quién me acuerdo más?
De la gata que se subía encima de mí y me amasaba. De la gata que cuando looraba venía a minregazo. De la gata a la que por las noches le abría la puerta del cuarto donde la encerrabais para dormir con ella en mi cuarto. Esa gata que estuvo con nosotros durante años hasta que el monstruo que tienes por pareja me obligó a acompañarle en coche al monte para abandonarla.El que me obligó a llevarla en brazos en el asiento del copiloto para después salir y dejarla fuera del coche. El que me dijo ”no llores” cuando vi sus ojos azules a través del retrovisor deseando com todas mis fuerzas salir del coche en marcha y quedarme con ella antes que volver a esa casa.
Días después apareció en la puerta con parches en el pelaje, con heridas y en los huesos.
“Por favor, llévatela y que no vuelva”, dijiste. “No puedo verla así”, dijiste.
Imtento desgarrar el tiempo con los dientes, volver allí y evitar a toda costa todo aquello. Quedarme con ella en el monte, traerla a mi presente.
Pero lo único que estoy pudiendo hacer es llorarla. La única forma que tengo de sentir que me quedo con ella es no seguir con mi vida como si nada.
Porque siento que la estaría abandonando de nuevo.
Sin posts

Comments
Nothing yet. Say the first thing.
Sign in to join the conversation.