Bienvenid@ al capítulo #23 del Laboratorio de Viajes Creativos, la newsletter en la que, una vez al mes, selecciono, muestro y creo propuestas, experimentos y recursos sobre viajes, arte y creatividad.
Este capítulo trata sobre música
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La música tiene una capacidad curiosa: puede transportarnos a un lugar incluso antes de haber estado allí. Hay ciudades que imaginamos gracias a un disco, carreteras que asociamos a una canción y países enteros cuya primera geografía fue una melodía. A veces ocurre también al revés. Visitamos un lugar y, años después, basta escuchar unas pocas notas para regresar a él con una precisión que la memoria visual rara vez consigue (la magia de los disparadores sinápticos de nuestras neuronas).
Quizá por eso viajar y escuchar comparten algo esencial. Ambos consisten en prestar atención. En dejar que un territorio —o una canción— modifique nuestra forma de mirar el mundo. En ambos casos hay ritmo, pausas, silencios, improvisación y descubrimiento.
Este Laboratorio propone recorrer ese cruce entre música y viaje a través de cinco historias diferentes: una expedición al Everest convertida en concierto, una ciudad que se transforma en instrumento musical, una vuelta al mundo siguiendo hoteles donde la música es la protagonista, un método para desbloquear la creatividad nacido en un estudio de grabación y una aplicación que permite viajar por la historia de la música década a década.
En este Laboratorio voy a hablar de música y viaje a través de:
🎨 Un viaje creativo: Soundtrek Mount Everest, la expedición musical de Paul Oakenfold
🧪 Un experimento: Sonic City
🗺 Un itinerario creativo: Una vuelta al mundo en hoteles musicales
🔥 Un disparador creativo: Oblique Strategies
📲 Un recurso TravelTech: Rewind Music Time Travel
En 2017, el productor y DJ británico Paul Oakenfold cambió los grandes festivales por uno de los escenarios más improbables del planeta: el campamento base del Everest. Tras diez días de caminata por el Himalaya y más de 60 kilómetros recorridos junto a un equipo de alpinistas, sherpas y técnicos, ofreció un concierto de música electrónica a 5.364 metros de altitud, considerado el más alto del mundo. La expedición quedó recogida en el documental Soundtrek Mount Everest: A Musical Journey y en un álbum publicado posteriormente.
Pero el proyecto no empezó en la montaña, sino mucho antes, con una idea: llevar la música a un lugar donde nunca había sonado de esa manera. Oakenfold entrenó durante cinco meses para afrontar un reto que le era completamente ajeno —nunca había dormido en una tienda de campaña ni sabía cómo respondería un equipo de sonido a esa altitud—. Preparar la expedición implicó adaptar el material a temperaturas extremas, reducir el peso al máximo y planificar cada etapa con precisión. Durante el ascenso, el equipo tuvo que enfrentarse a problemas de aclimatación, cambios bruscos de tiempo y la dificultad constante de transportar el equipo por senderos de alta montaña.
El viaje también fue un proceso de creación. A lo largo del recorrido, Oakenfold grabó sonidos de las aldeas sherpas y de los paisajes del Himalaya, incorporándolos después a la sesión que realizó en el campamento base. Esa mezcla de música electrónica y grabaciones de campo terminó convirtiendo el trayecto en parte de la propia composición.
El concierto fue retransmitido en streaming para más de tres millones de personas y tuvo un componente solidario: recaudar fondos para las comunidades afectadas por el terremoto que sacudió Nepal en 2015. También quiso llamar la atención sobre el creciente impacto ambiental que sufre el Everest, convertido en las últimas décadas en un destino masificado donde la acumulación de residuos amenaza uno de los paisajes más emblemáticos del planeta.
Puedes leer más sobre esta expedición de Oakenfold en el espectacular libro Atlas de Sonidos Remotos de Victor Terrazas para Ediciones Menguantes (que, por cierto, fue el disparador creativo de mi Laboratorio #1, centrado en sonidos)
Más allá del récord, lo interesante es cómo el viaje pasó a formar parte de la propia obra. El esfuerzo físico, la logística, los sonidos recogidos durante la expedición y el propio territorio dejaron de ser un simple contexto para convertirse en música
¿Y si una ciudad pudiera tocarse como un instrumento?
Sonic City1 es una obra de arte creada por la investigadora y artista Lalya Gaye junto a un equipo de diseñadores y programadores. Un proyecto que, más que una herramienta funcional, plantea una idea poderosa: convertir el paseo urbano en una experiencia musical en tiempo real.
El proyecto consistía en un dispositivo portátil equipado con sensores que transformaba la experiencia de caminar por una ciudad en una composición musical. La velocidad del paseo, la intensidad de la luz, los movimientos del cuerpo o determinados elementos del entorno modificaban la música que escuchaba el usuario. Cada recorrido generaba una pieza distinta e irrepetible.
No se trataba solo de escuchar música mientras se camina, sino de intervenir en ella sin darse cuenta. Girar una esquina, detenerse en un semáforo o atravesar una plaza cambiaba el ritmo, la textura o la intensidad de la pieza. El entorno dejaba de ser un fondo pasivo para convertirse en un elemento activo dentro de la composición.
Lo más interesante no era la tecnología, sino el cambio de perspectiva que proponía. Caminar dejaba de ser únicamente desplazarse de un lugar a otro para convertirse también en una forma de interpretar y crear música. La ciudad pasaba de escenario a instrumento, y el paseo se convertía, literalmente, en una composición.
Ese pequeño desplazamiento conceptual abre una puerta interesante: ¿y si empezáramos a recorrer los lugares no solo para verlos, sino también para “tocarlos”? Sonic City no buscaba tanto crear grandes piezas musicales como alterar la forma en la que percibimos el espacio urbano, invitando a prestar atención a detalles que normalmente pasan desapercibidos (incluso de nuestro propio cuerpo y su interacción con los lugares por donde nos movemos).
Hay hoteles donde la música no es un hilo de fondo, sino el motivo por el que merece la pena alojarse.
🇬🇧 LIVERPOOL (Reino Unido)
╰┈➤ 🏨 Hard Days Night Hotel: La ruta podría comenzar en Liverpool, en el Hard Days Night Hotel, el único hotel del mundo dedicado íntegramente a los Beatles. Situado a pocos metros de The Cavern Club, cada planta reúne fotografías, ilustraciones y objetos relacionados con la banda que transformó la ciudad en una referencia musical universal.
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🇩🇪 BERLÍN (Alemania)
╰┈➤ 🏨 nhow Berlin: La siguiente parada es Berlín, en el nhow Berlin, probablemente el hotel más orientado a la creación musical de Europa. Además de estudios de grabación profesionales, ofrece préstamo de guitarras, teclados o controladores de DJ directamente en la habitación y mantiene una estrecha relación con la escena electrónica de la ciudad.
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🇨🇿 PRAGA (República Checa)
╰┈➤ 🏨 Aria Hotel Prague: Desde allí, el viaje continúa hasta Praga, donde el Aria Hotel Prague convierte la música en el eje de toda la estancia. Sus cuatro plantas están dedicadas a distintos géneros —clásica, jazz, ópera y música contemporánea— y muchas habitaciones homenajean a artistas como Mozart, Billie Holiday o Dvořák. Incluso dispone de una biblioteca musical con miles de discos y partituras.
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🇪🇸 MADRID (España)
╰┈➤ 🏨 Barceló Imagine: En Madrid, el Barceló Imagine organiza cada planta alrededor de un género musical —rock, jazz, flamenco, electrónica o música clásica— y cuenta con un music curator que recomienda vinilos y listas de reproducción para cada huésped.
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🇵🇹 OPORTO (Portugal)
╰┈➤ 🏨 Hotel da Música: En Oporto, el Hotel da Música, situado junto a la Casa da Música, se inspira en el universo musical desde su propia arquitectura e incorpora referencias a compositores, instrumentos, partituras y una tienda especializada en libros y discos.
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🇺🇸 BOSTON (EE. UU., Norte)
╰┈➤ 🏨 The Verb Hotel: Al cruzar el Atlántico aparece Boston, con The Verb Hotel, un antiguo motel reconvertido en homenaje permanente al rock, donde todas las habitaciones cuentan con tocadiscos y acceso a una amplia colección de vinilos.
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🇺🇸 MEMPHIS (EE. UU., Sur)
╰┈➤ 🏨 The Guest House at Graceland
╰┈➤ 🏨 Central Station Hotel:
La ruta sigue hacia el sur de USA, hacia Memphis, donde The Guest House at Graceland prolonga el universo de Elvis Presley mucho más allá de la visita a su mansión. Muy cerca, el Central Station Hotel, instalado en la histórica estación ferroviaria de la ciudad, recupera la memoria del blues y el soul con una colección de más de quinientos vinilos, equipos de alta fidelidad y una programación ligada a la identidad musical de Memphis.
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🇲🇽 LOS CABOS (México)
╰┈➤ 🏨 El Ganzo: En Los Cabos (México), El Ganzo combina hotel, residencia artística y estudio de grabación, invitando a músicos de todo el mundo a crear y actuar durante su estancia.
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🇨🇴 BOGOTÁ (Colombia)
╰┈➤ 🏨 W Bogotá: En Bogotá, el W Bogotá ha convertido la música en parte de su identidad. Los huéspedes pueden solicitar tocadiscos y una selección de vinilos curada por el propio hotel, además de descubrir playlists, sesiones en directo y propuestas ligadas a la escena musical colombiana.
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🇮🇩 BALI (Indonesia)
╰┈➤ 🏨 Hard Rock Hotel Bali: En Bali, el Hard Rock Hotel Bali lleva el concepto musical a gran escala con memorabilia de artistas, conciertos diarios, estudio de grabación y actividades para quienes quieran ponerse al otro lado del escenario.
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🇦🇺 AUSTRALIA
╰┈➤ 🏨 Boogie Woogie Beach House:
La vuelta al mundo termina en Australia, donde el Boogie Woogie Beach House ofrece una versión mucho más íntima: un pequeño hotel boutique donde cada habitación está dedicada a una leyenda de la música, desde David Bowie hasta Aretha Franklin, convirtiendo cada estancia en un pequeño homenaje al rock y al soul.
En 1975, el músico Brian Eno y el artista Peter Schmidt publicaron una pequeña caja con más de un centenar de cartas. Cada una contenía una instrucción tan breve como desconcertante: «Honra tu error como una intención oculta», «Utiliza una vieja idea», «Cambia el papel de los instrumentos».
Las bautizaron Oblique Strategies y nacieron para resolver bloqueos durante la grabación de discos. En lugar de buscar la solución más lógica, proponían introducir el azar en el proceso creativo. Décadas después siguen utilizándose por músicos, escritores, diseñadores o artistas de todo el mundo.
Hoy pueden consultarse online en https://stoney.sb.org/eno/oblique.html. No es un recurso especialmente ligado al viaje, pero por su valor como disparador creativo conectado con la música merecía la pena rescatarlo aquí.
La música también tiene sus máquinas del tiempo. Una de ellas es Rewind2, una app creada por Ziad Al Halabi para explorar la música de décadas pasadas como si uno abriera su aplicación musical favorita en 1965, 1982 o 1991.
El recurso permite moverse entre años —de 1960 a 2010— y descubrir qué canciones dominaban las listas, qué álbumes aparecieron entonces, qué bandas estaban naciendo o qué sonidos empezaban a definir una época. No se limita a reproducir éxitos antiguos: añade contexto, tendencias, lanzamientos importantes, noticias del momento y pequeños anuncios retro que ayudan a reconstruir la atmósfera musical de cada año.
También incorpora un feed vertical, casi como un TikTok del pasado, con fragmentos de canciones de cada periodo. Para quienes tienen TIDAL, la integración permite escuchar los temas completos; para el resto, basta con los avances para entrar en esa cápsula temporal.
Hasta aquí esta edición del Laboratorio de viajes creativos.
Si te ha gustado, te agradecería muchísimo que lo compartieses con tus conocidos, para que puedan experimentar una forma diferente de contar el viaje.
Un abrazo y hasta el número #24, que llegará a las 10:30 AM en horario español del último viernes de julio.
A mediados de mes también recibirás una preview del siguiente Taller Creativo.
Un abrazo
Dani Keral

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