RSS Amplifier

Laboratorio de viajes creativos 🧬 · Apr 24, 2026

🧬 Laboratorio #21

0
Sign in to vote or save

Dani Keral · Laboratorio de viajes creativos 🧬

Bienvenid@ al capítulo #21 del Laboratorio de Viajes Creativos, la newsletter en la que, una vez al mes, selecciono, muestro y creo propuestas, experimentos y recursos sobre viajes, arte y creatividad.

Este capítulo trata sobre CARTAS (POSTALES)

✉️ ✉️ ✉️ ✉️ ✉️ ✉️ ✉️ ✉️ ✉️ ✉️

Cuando llegue a mi casa, dentro de unos días, tendré una postal de Japón enviada desde Madrid por alguien a quien no conozco.

Esa persona es María Luz Rodríguez, autora del Substack Raíces y Ramas, y las postales son sus huellas viajeras. María Luz viajó durante 22 meses entre 2024 y 2025 y mandó más de 100 cartas durante el viaje, incluida la Antártida. De vuelta en su casa, en Madrid, envió postales que ya había escrito pero se habían quedado sin enviar.

La que me espera en el buzón no es una de esas.

A María le sobran algunas cartas compradas en Japón y me propuso enviarme una. Yo acepté, y le le pedí que me escribiese lo que significa para ella el gesto de enviar postales. Revelaré su contenido en la próxima newsletter de finales de mayo.

Y es que, escribir y enviar una carta en estos tiempos de IA es, más que nunca, un acto de resistencia.

Una manifestación humana de que hay 3 cosas que nunca podrá replicar la IA:

  1. El movimiento geográfico

  2. Las experiencias vitales

  3. La confesión de emociones

Últimamente, han ido surgiendo diferentes propuestas de correspondencia como las de Aniko Villalba y Ori Vázquez: lugares online donde recibir mensajes offline, en papel y desde la distancia. ¿Es esto un síntoma del ser humano revolviéndose contra la hipervirtualización del mundo?

Puede ser.

En este Laboratorio voy a hablar de cartas a través de:

  • 🎨 Un viaje creativo: THIS WAS FOREVER UNTIL NOW

  • 🧪 Un experimento: Cartas auto-aeropostales

  • 🗺 Un destino creativo: Escribir desde los extremos del mapa

  • 🔥 Un disparador creativo: PostSecret

  • 📲 Un recurso TravelTech: Postcrossing

Esta es la historia de un viaje en autostop desde Cataluña a Hong Kong hecho obra de arte.

En This Was Forever Until Now1, de Francesc Ruiz Abad, la clave de la obra no está en el –larguísimo– trayecto, sino en el sistema que utilizó para trabajarlo: durante el viaje, fue enviando por correo paquetes que contenían las distintas etapas.

A lo largo del trayecto fue generando materiales —fotografías, postales, cuadernos escritos durante la ruta y objetos encontrados— que iba agrupando en cajas preparadas por él mismo. Cada dos semanas, Ruiz Abad enviaba a su casa estas cajas, las cuales funcionaban como un fragmento cerrado del viaje, una parte que dejaba de acompañarle mientras él seguía avanzando.

La obra se fue construyendo a medida que el viaje se iba vaciando. Cada envío fue una decisión sobre qué se quedaba y qué se soltaba.

Las cajas que fue enviando Francesc (fotos del propio autor)

Durante la dictadura de Pinochet, un artista chileno superó la censura y el aislamiento del país a través del arte: sus pinturas aeropostales.

Una de las pinturas aeropostales de Eugenio Dittborn (foto de David Bonet para la exposición del autor en Es Baluard Museu de Palma)

Dittborn plegaba sus obras dentro de sobres y las enviaba por correo aéreo a exposiciones fuera de Chile. De esta forma, lograba evadir la censura, permitiendo que su obra circulara internacionalmente.

Pero el formato postal no solo era instrumento político, también era herramienta artística: los pliegues, sellos, marcas y trayectos quedaban incorporados como memoria física del desplazamiento. En las exposiciones se mostraban las obras desplegadas (con sus dobleces) junto a los sobres (con sus magulladuras).

De esta obra de Dittborn surgió la inspiración para una acción artístico-narrativa que llamo Cartas auto-aeropostales

Mandarme una postal a mí mismo desde el lugar donde estoy viajando: esa es una carta auto-aeropostal.

La primera fue desde Isla de Pascua, en 2019. Pero no fue el formato definitivo.

A las siguientes, desde Grecia, Lanzarote o Menorca, les añadí un factor extra que se acerca más a la obra de Dittborn: a cada postal, por la parte escrita, le añado hojas, ramas, objetos del lugar que tiznen la superfice. Después, envuelvo la postal con papel secante de cocina (para que no manche el sobre), meto el conjunto en el sobre y lo mando por correo postal.

El objetivo es que el propio destino y el viaje por correo queden reflejados en la postal, sobre mi letra escrita, a través de esos restos tiznantes que introduzco.

Crear en viaje algo que haga hablar al territorio por el que me muevo: esa es, quizá, mi obsesión siempre que viajo. Y esta es una forma más que he encontrado (como las cianotipias portátiles que hice en mi viaje por Chile y que expliqué en el Laboratorio #20.

En las cartas auto-aeropostales, el destino, el trayecto y yo mismo hablan con el Dani Keral del presente (y del futuro). Pura experiencia orgánica y analógica que rescata momentos, trazos y restos del viaje.

Hay lugares donde enviar una carta puede ser épico. Por ejemplo, la Antártida.

Alí se ubica Port Lockroy, una antigua base británica que funciona hoy como museo y oficina postal estacional, la más austral del mundo. Durante el verano, los visitantes escriben postales y las depositan en un buzón que, antes de entrar en el circuito postal, ya ha atravesado un territorio casi inaccesible.

En el extremo opuesto del globo esta Ny-Ålesund, en la isla de Svalbard, donde existe una pequeña oficina de correos dentro de un asentamiento científico. No es una ciudad ni un destino turístico al uso, sino un lugar de trabajo en condiciones extremas. Aun así, mantiene algo tan básico como un buzón: quien llega puede escribir y enviar una postal desde uno de los puntos habitados más al norte del planeta.

Ambos lugares comparten algo muy concreto: no tienen sentido práctico como centros de envío, pero siguen funcionando como tales. Porque las caratas postales son, hoy día, anécdota, resistencia y, por qué no, necesidad. En estos lugares, escribir una postal (a mano, sin IA) implica detenerse, pensar en alguien concreto y dejar constancia de un lugar que está fuera de lo habitual.

Y también me surgen dos preguntas: los carteros –no sé si miran el origen de los remites, ¿lo sabes tú?– que reparten estas cartas, ¿serán conscientes de lo excepcional y único de ese envío? ¿De la carga de responsabilidad que conlleva?

Conocí esta preciosidad gracias a esta publicación de Ori Vázquez.

En 2004, Frank Warren convirtió la carta en un contenedor mínimo de algo que nunca se había dicho. Todo empezó con una propuesta sencilla: enviar por correo una postal anónima con un secreto personal nunca revelado.

El proyecto, denominado Postsecret2, empezó a crecer hasta reunir más de un millón de postales enviadas desde todo el mundo. Cada una es distinta: algunas contienen una frase directa, otras están trabajadas con recortes, dibujos o juegos tipográficos. Hay confesiones ligeras y otras que se quedan rondando durante horas. Como tiene que ser un secreto, vaya.

Cada domingo se publica una selección en la web donde, nada más entrar, aparecen las instrucciones para mandar tu secreto:

Y después, la sucesión de voces anónimas que han ido enviando sus postales.

Con los años, el proyecto ha derivado en libros y ha servido también para apoyar iniciativas de salud mental, pero lo que lo sostiene sigue siendo lo mismo que al principio: el gesto de escribir algo que nunca se ha dicho y dejarlo en un buzón.

La postal es un espacio limitado que obliga a ir al grano, no hay margen para rodeos ni para esconderse demasiado. Por eso, quizá, funciona: porque convierte la carta en algo más que en una herramienta de comunicación, hace de ella una forma de soltar lo que pesa.

Postcrossing3 es un proyecto ya veterano, creado por el portugués Paulo Magalhães en 2005. Se trata de una plataforma (con más de 800.000 miembros de 207 países) que sirve para intercambiar postales reales con personas desconocidas de cualquier parte del mundo.

El sistema es sencillo: te das de alta en la comunidad, pides una dirección, el sistema te asigna una al azar y envías la postal. Al mismo tiempo, tu dirección aparece en el sistema para otra persona, la cual te enviará su carta. Solo queda un paso: cuando llega a tu casa, tienes que registrar en la web para que aparezca como recibida.

Eso es lo que ha ocurrido hasta ahora con las más de 86 millones de postales que se han enviado en estos 21 años de vida del proyecto. Postales donde desconocidos cuentan su vida, sus viajes, sus pensamientos a otros desconocidos.

Hasta aquí esta edición del Laboratorio de viajes creativos.

Si te ha gustado, te agradecería muchísimo que lo compartieses con tus conocidos, para que puedan experimentar una forma diferente de contar el viaje.

Compartir

Un abrazo y hasta el número #22, que llegará a las 10:30 AM en horario español del último viernes de mayo.

A mediados de mes también recibirás una preview del siguiente Taller Creativo.

Un abrazo

Dani Keral

Read the original on laboratoriodeviajescreativos.substack.com

Comments

Nothing yet. Say the first thing.

    Sign in to join the conversation.