Bienvenid@ al capítulo #20 del Laboratorio de Viajes Creativos, la newsletter en la que, una vez al mes, selecciono, muestro y creo propuestas, experimentos y recursos sobre viajes, arte y creatividad.
En este capítulo el tema va a centrarse en el sur de CHILE, donde me encuentro aún en mi ruta de dos meses por el país.
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Ahora mismo estoy escribiendo desde Puerto Gaviota, en mitad de los fiordos y canales de la Patagonia chilena. Es decir, desde aquí (punto rojo)
o aquí
Todo este territorio al sur de Chiloé está salpicado por un puñado de poblaciones paralelas a la Carretera Austral a las que solo se puede llegar en barco en travesías de varias horas o días.
Y es que así es la Patagonia chilena: un laberinto –un desfile– de fiordos, glaciares, volcanes, cordilleras... Visto desde el cielo, parece como si se desmenuzase, dejando harapos peninsulares y esquirlas en forma de archipiélago. Desde una de esas esquirlas, te traigo varias historias vinculadas con este territorio.
En este Laboratorio voy a hablar del sur de Chile a través de:
🎨 Un viaje creativo: El viaje cantado de las ballenas
🗺 Un itinerario creativo: Ruta de iglesias patrimoniales de Chiloé
🗒 Un proyecto creativo: El legado de la lengua kawésqar
🔥 Un disparador creativo: La isla Friendship: un mito de los canales patagónicos
📲 Un recurso TravelTech: Marine traffic
Hay un momento del año en el que el Pacífico empieza a llenarse de trayectorias invisibles. No se ven en el mapa, pero están ahí: desplazamientos que conectan las aguas cálidas del norte con el sur frío. Son los de las ballenas en migración.
Hace unos días zarpé desde Chiloé a través del Golfo de Corcovado hasta llegar al lugar desde el que estoy escribiendo, cerca de esas trayectorias invisibles. De hecho, tuve la suerte de observar una de ellas hace un par de días atrás, la de una ballena azul. Puedes verla en movimiento en esta publicación que hice en mi canal de Instagram.
El viaje comienza en el trópico, entre Colombia y Ecuador, donde nacen las crías. Cuando ese ciclo termina, inician el descenso. A medida que avanzan hacia el sur, el océano cambia: la temperatura baja, el agua se vuelve más rica y aparece el alimento. Ahí es donde aparece el golfo de Corcovado y el sistema de fiordos del sur de Chile, puntos clave dentro de ese recorrido para ballenas azules, sei, fin y jorobadas.
La escala del viaje es brutal: una jorobada, por ejemplo, puede recorrer entre 6.000 y 8.000 kilómetros, avanzando durante semanas y alternando momentos de nado, alimentación y descanso, sin establecerse de forma permanente en ningún punto del recorrido. Sería algo parecido a recorrer por tierra la distancia entre Madrid y el oeste de China sin detenerse apenas en ningún punto intermedio.
Durante ese desplazamiento ocurre algo fascinante: las ballenas también llevan consigo sus cantos y los hacen evolucionar en movimiento.
Las jorobadas emiten secuencias sonoras complejas que cambian con el tiempo. A lo largo del viaje, estas secuencias varían y se van propagando entre individuos y grupos que comparten rutas o zonas de contacto. Un cambio introducido en un punto del Pacífico puede aparecer meses después en otro, hasta llegar a sustituir completamente al anterior.
Cuando las ballenas llegan a la Patagonia chilena, no solo traen su cuerpo desde el norte. También traen una versión del canto que ya ha cambiado en el trayecto, y que seguirá cambiando hasta ser algo totalmente diferente.
En la isla de Chiloé existen más de 150 iglesias de madera, de las cuales 16 han sido reconocidas como Patrimonio de la Humanidad.
Su singularidad no está solo en el número, sino en cómo están construidas. Son el resultado de un encuentro entre las misiones jesuíticas y el conocimiento local de la madera. No había piedra, pero sí bosques y una tradición carpintera muy vinculada a la construcción de embarcaciones. Su arquitectura tiene algo naval: estructuras ensambladas, con una lógica de piezas que encajan.
El exterior se protege con tejuelas —la mayoría de alerce— colocadas como escamas, capaces de resistir la lluvia constante del sur. Observarlas es una belleza. Sus patrones, sus texturas, sus colores. En el interior, la madera queda expuesta y ordena el espacio: arcos, vigas, repeticiones que generan una sensación de continuidad más que de monumentalidad. Cada iglesia responde a un mismo lenguaje, pero ninguna es idéntica. Cambian las proporciones, los tonos (muy variados y brillantes), la relación con el entorno…
Para recorrer las 16 iglesias Patrimonio, la Fundación Iglesias Patrimoniales de Chiloé creo la Ruta de las Iglesias de Chiloé1, un itinerario que conecta varias de ellas a lo largo del archipiélago. Hace unos años, para hacer aún más física la experiencia del recorrido, crearon un pasaporte donde aparece información de cada iglesia, el cual se sella en cada visita y va registrando el recorrido.
Imaginemos que este texto es un mapa de la Patagonia chilena; donde cada palabra es un islote; cada interlínea, un fiordo; cada coma, una tormenta. Dado este mapa, si hubiese que ubicar en él la diminuta aldea de Puerto Edén,
estaría aquí,
un refugio imprevisible aislado entre comas, una respuesta al vacío en mitad de un océano linguístico de fiordos, glaciares e intrincados canales de frases compuestas e hiperadjetivadas. Así sería su cartografía sintáctica.
Trasladado a un mapa real, se podría decir que Puerto Edén –ubicado mucho más al sur de donde estoy ahora– es uno de los lugares más aislados de Chile.
Allí vive —y resiste— una parte del pueblo kawésqar, pobladores originarios, antaño nómadas del mar. Durante siglos, su vida se organizó en torno a desplazamientos constantes con zonas de paso y lugares donde detenerse el tiempo justo. Esa forma de vida implicó también una forma de memoria oral y ligada al movimiento. Y una lengua que parece una tormenta y que se escribe así:
“Ksqája-kuestál-herré-astál čečél sos čečáuks-terré akér ječéčal kuos. Æskiúk æs-kar kotéjo lóisekué- ker ka kuteké afsé čečel-s kok čeá kuos aqak’éna-sekué-akstá-ar æsk’ák kep-s kóka kep jejá kuos aqájeks-sekué kutálap”
Este texto es la voz transcrita de Gabriela Paterito, una de las pobladoras más ancianas de Puerto Edén y una de las pocas personas que aún mantienen vivo el idioma kawésqar. Aparece en el libro Gente de los canales: relatos de vidas de los kawésqar, obra del antropólogo Óscar Aguilera y el profesor y habitante nativo de Puerto Edén José Tonko Paterito.
Se trata de relatos de vida, fragmentos de experiencia ligados al territorio y transcripciones ortográficas del trabajo de grabación sonora que llevaron a cabo ambos con los habitantes originarios de la aldea entre 2010 y 2014. Aguilera y Tonko son, a su vez, los autores de la Gramática y el Alfabeto Oficial de la Lengua Kawésqar, la cual trata de salvar del olvido una lengua que recorrió los canales patagónicos y que está cerca de extinguirse.
Ahora mismo, en Puerto Gaviota, me encuentro a escasos 150 kilómetros en linea recta de una isla que podría ser la solución a una historia enigmática que circula por Chile desde hace décadas: la de un territorio donde vive una comunidad apartada, con conocimientos científicos muy avanzados y un contacto muy limitado con el exterior. Se trata de la mítica Isla Friendship.
El relato sobre Friendship empezó a difundirse por el país a finales del siglo XX, a partir de testimonios de radioaficionados que afirmaban haber establecido comunicación con sus supuestos habitantes. Desde entonces, la historia ha ido cambiando de forma, pero ha mantenido siempre esa idea de lugar inaccesible y difícil de comprobar.
Nunca se ha podido localizar con precisión, aunque hay una hipótesis que intenta anclar el mito a un punto concreto: la isla Kent, en la región de Aysén. La isla que, como he dicho, se encuentra a 150 kilómetros de donde estoy.
La relación no es arbitraria. La isla Kent pese a la “corta” distancia a Puerto Gaviota, se encuentra en una zona extremadamente aislada, dentro de un entramado complejo de fiordos, canales e islas donde la navegación es difícil y la presencia humana es escasa. Llegar a ella requiere proximidad, un buen barco y bastantes horas de navegación.
Leonardo, el dueño de la pensión donde nos alojamos también tiene la idea de que, quizá, Kent sea la mítica Friendship. De hecho, dentro de sus planes de hacerse con una embarcación más grande para hacer actividades con turistas, está hacer expediciones de varios días hasta Kent. ¿Quién sabe? Quizá, dentro de unos años, pueda decir que conocí al descubridor de la isla Friendship y que desayuné con él tortitas de plátano.
Si ocurre (y aún tengo activa esta newsletter), os lo contaré.
Esto es una fotografía de todos los barcos que circulan en el mundo:
Se puede ver a través de la web Marine traffic2, donde se muestra de forma interactiva y en tiempo real el tránsito marítimo.
En ella se puede monitorear el desplazamiento de cargueros, petroleros (es curioso, por ejemplo, visualizar estrecho de Ormuz, punto caliente con el ecosistema geopolítico actual), cruceros... También se pueden ver los barcos más pequeños, como el que me ha traído hasta Puerto Gaviota, la nave Queulat, que conecta los canales y el golfo de Corcovado con el sur de Chiloé.
Para usuarios como yo, no es más que una curiosidad, pero permite también tomar conciencia de lo ajetreado que es, en realidad, el tránsito marítimo.
En la newsletter anterior hablé de un experimento que estoy haciendo en ruta, las cianotipias portátiles o ecocianotipias. Son cianotipos que respetan a la planta: los hago sin cortarla, in situ. Esto, aparte de más respetuoso con ella, hace que el resultado sea aún más experimental y esté más ligado a la ruta y a las coordenadas de viaje. Estos son los que llevo realizados por el momento:
👉 Si te interesa la cianotipia, puedes aprender online en el taller de cianotipia que publiqué en mis Talleres Creativos.
Hasta aquí esta edición del Laboratorio de viajes creativos.
Si te ha gustado, te agradecería muchísimo que lo compartieses con tus conocidos, para que puedan experimentar una forma diferente de contar el viaje.
Un abrazo y hasta el número #21 que llegará a las 10:30 AM en horario español del último viernes de abril (ya estaré de vuelta a España y continuaré con las publicaciones habituales del Laboratorio).
A mediados de mes también volveré a a enviar los Talleres Creativos, tras la pausa que he hecho durante el viaje.
Un abrazo
Dani Keral

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