Hoy me cuesta ordenar las ideas. Así que voy a empezar a escribir.
Bueno, en realidad sí sé de lo que quiero escribir, lo que no sé es cómo decírtelo. Pero como estoy escribiendo esto desde un bus, cansada y habiéndome levantado a las 07h de un sábado para trabajar antes de empezar con los compromisos del día, te lo diré sin filtros: no queremos esforzarnos.
Queremos el resultado sin pasar por el proceso. Queremos llegar a la meta sin haber pasado por el barro. Queremos libertad sin buscarla. Queremos mejorar sin querer invertir en nosotros mismos.
Y miramos a nuestros padres y a nuestros abuelos y decimos <ellos al menos podían pagarse una casa, ahora ya no tiene sentido trabajar tanto>. Ellos, en parte, se pudieron pagar una casa porque no viajaban, porque no salían a cenar, porque no se compraban ropa cada mes, porque no tenían rutinas de skincare. Ellos se pudieron comprar una casa porque solo trabajaban, porque no había otro plan.
Conozco gente que, en el siglo XXI, vive como vivían mis abuelos y se han podido comprar una casa. Pero no quiero esa vida, entiendo por qué mis abuelos tuvieron esa vida y, en parte, es porque tampoco quedaba otra. Hoy en día tenemos más opciones, conocemos otras formas de hacer las cosas y sabemos que hay otras formas de vivir.
Hoy en día ya no vivimos en modo supervivencia (aunque nos pensemos que sí). Mi abuela hierve las verduras y guarda esa agua para el día siguiente hervir arroz. Yo me compro cold brews a 4€. Esa es la realidad.
La realidad es que este finde he estado en la Costa Brava y los restaurantes estaban llenos, haciendo dos turnos y el mar a petar de barcas.
Pero es más fácil excusarnos en la aparente precariedad1 que ver que ya no estamos dispuestos a trabajar tanto como ellos, a sacrificarnos tanto, a no vivir de forma tan cómoda.
Ahora lo queremos todo. Pero sin mucho esfuerzo.
Queremos mucho dinero, sin trabajar muchas horas.
Queremos mejorar sin dedicarle horas.
Y las cosas no suceden por casualidad ni por suerte, tú haces que sucedan.
Es que no hay otra forma. Nada se consigue sin esfuerzo, sin obsesión, sin quererlo de verdad. Ni montar un negocio, ni ser mejor persona, ni mejorar tus hábitos.
¿Qué vida quieres vivir? ¿Cómo quieres vivir?
Es que no hay una forma mejor que la otra, hay la forma que tú quieras. Pero piénsala y sé consecuente. Está bien querer comodidad, no pasa absolutamente nada, pero no pidas obtener mucho. Está bien querer emprender, pero no pidas tranquilidad.
Yo he decidido no vivir una vida cómoda, lo sé y lo prefiero así. Y trabajo de lunes a domingo porque quiero, porque quiero resultados extraordinarios y para eso tengo que hacer esfuerzos extraordinarios. Me da absolutamente igual que mis padres a mi edad tuvieran una casa y dos hijas y yo esté peleándome porque alguien que dice tener un problema no quiere pagar 3.5€ de los gastos de envíos. Ellos vivieron una realidad y yo otra. Odio las comparaciones. Solo son una fuente de excusas.
Si quieres conseguir algo de verdad, encontrarás la manera y si no, te quejarás.
Uf me encanta escribir. Se me cerran los ojos pero tengo un compromiso conmigo misma y esa newsletter salía sí o sí, ahora tengo otra energía.
Cuando te preguntes qué te gusta hacer o dónde está tu pasión, piensa en aquella actividad en la que el tiempo deja de contar, en la que sea cual sea tu estado de ánimo después estás mejor, ahí tienes una gran respuesta.
Y hasta aquí la reflexión de hoy, me voy a leer mi nuevo libro: The psychology of selling. Seguramente lo de esta newsletter ha sido el anti-selling (o no, si te ha gustado, dale like).
¡Un abrazo!
Júlia
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Creo que sobra decirlo, pero por si acaso, siempre que hablo de opciones y libertad lo hago desde el privilegio de poder pensar en ello, privilegio que creo que compartimos porque ambos estamos destinando un tiempo libre a una red social mediante un dispositivo electrónico.

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