Si es un diario, que sea un diario, me digo cuando me siento a escribir. Jueves once de junio, cinco y media de la tarde. Hoy me desperté a las ocho, fui a una clase de yoga, respondí algunos correos, saqué a pasear al perro, terminé una novela, limpié la casa. Un día lleno de movimiento, a diferencia del jueves pasado, que me encontró tirada en la cama, con la cabeza yendo demasiado rápido como para dejarme dormir, y el cuerpo demasiado harto como para poder seguirle el ritmo.
Lo que quiero decir con esto es que hoy es un buen jueves. Casi me conformo con decir que fue mejor que el anterior, pero no, es un buen jueves. Incluso siendo que diluvió desde que abrí los ojos hasta ahora, que estoy escribiendo esto. Lluvia constante, abundante, capaz de crear tantos charcos que por momentos, durante nuestra caminata, el perro y yo parecíamos aventureros cruzando un río. A veces esta lluvia ayuda. A veces limpia, libera, suelta. Se lleva todo eso que durante algunas semanas estuve cargando y no supe dónde poner.

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