Te voy a ser bien sincera. Hace tiempo quiero comenzar a hacer ejercicios y se me está haciendo bien difícil dar ese paso. Pongo la alarma para ir bien temprano en la mañana y salir de eso, pero me quedo pegada durmiendo porque me estoy acostando tarde. Luego digo que voy en la noche y tampoco…No tengo ni una gota de ganas de ir al gym.
Es una lucha interna entre “tengo que ir porque me hace bien”, pero siento cero motivación para hacerlo.
Hace dos meses atrás me matriculé en Crossfit, algo que hice por mucho tiempo y me gusta. Hice un contrato de seis meses para no tener opción de no ir. ¿Y sabes qué? He ido en cuatro ocasiones.
Estoy botando el dinero, lo sé.
Ayer fue uno de esos días. Desperté. Me vestí con la ropa del gym. Trabajé todo el día así y luego, tuve que hacer una diligencia que no tenía prevista. De vuelta a casa y en la hora pico del tapón hacia Bayamón, decidí ir a caminar en el parque lineal.
No porque la motivación me atacó. Sino porque me dije a mi misma “ten un poco más de voluntad, carajo”. Fui sin ganas.
Y así, sin ganas, terminé caminando 5.17 millas y quemé 424 calorías en 1 hora y 40 minutos.
Con el ejercicio pasa casi igual que con el deseo sexual. Esperamos a sentir un impulso interno que nos ayude a hacerlo. Pero cuando eso no llega, no lo hacemos por falta de voluntad.
Qué es la motivación
La motivación es esa chispita o deseo interno que nos ayuda a comenzar una meta, un proyecto y a seguir adelante aunque a veces no todo esté bien. Lo hacemos con cierta emoción porque nos divierte, nos hace sentir bien o porque nos da satisfacción. Pero la motivación es inestable. Depende de cómo uno se sienta o si hay algún premio rápido.
Qué es la voluntad
Por otro lado, la voluntad es una decisión consciente de tu cerebro. Te dice “no tengo ganas, pero voy a ir de todos modos”. Es lo que nos hace terminar los proyectos aunque hayamos perdido chispa interna (motivación). Es la razón que se te para en el hombro y te dice al oído, “sigue haciéndolo que no te vas a arrepentir”.
¿Y qué tiene que ver esto con el deseo sexual?
Te explico.
Nuestra cultura enfatiza que el deseo sexual debe sentirse espontáneamente y si “no siento deseo, no tengo sexo”. ¿Pero qué pasa si ese deseo sexual nunca llega solo? ¿Qué pasa si ese chispetazo de excitación que hace latir tus genitales no aparecen como antes? Que la voluntad puede ser la parte más importante en tu respuesta sexual, no el deseo o el orgasmo.
Ayer, mientras hacía ejercicios, pensaba en cómo la fuerza de voluntad influye en mi capacidad para hacer ejercicios o incluso, decidir tener sexo aunque no me muera de ganas en ese momento. Y recordé el “Willingness model”, una pieza clave dentro del modelo de respuesta sexual de Basson. El modelo de Basson’s fue el primero en reconocer el rol del deseo sexual responsivo y cuán común es este tipo de deseo.
Es posible que muchas veces hayas estado en situaciones que no te sientes tan sexual, pero estás dispuesta a tener algún tiempo de contacto sexual a pesar de que reconoces que no te sientes excitada en ese instante.
La voluntad en el deseo sexual también se ve así:
“No siento deseo ahora mismo pero, ¿tengo la voluntad de ponerme en el mood y comenzar a tener sexo?
En vez de:
“Voy a tener sexo porque siento el deseo”.
Son dos cosas bien diferentes.
La voluntad puede movernos de una situación neutral a un contexto sexual. Porque en un deseo sexual responsivo es necesario (muchas veces) comenzar la acción y permitirte sentir el placer. Porque el placer de los besos, de las caricias, activan tu cerebro y comienzas a sentir como tu cuerpo despierta. Y puedes notar que, aunque hayas comenzado sin sentirte excitada, dejarte llevar por el placer no solo hace que tu cuerpo responda, sino que el deseo sexual comienza a crecer.
El deseo sexual responsivo llega después de comenzar, no antes.
La decisión de hacer ejercicio nace de mi voluntad. De una decisión consciente que hago por mi salud, por mi cuerpo, por como me gusta verme cuando estoy frente al espejo. Cuando soy consistente comienzo a notar los resultados y eso me motiva. Ahí es que nace ese impulso emocional de desear ir a hacer ejercicios para acercarme más a mi meta.
Lo mismo me pasa con el deseo sexual. Hay días que sí lo siento más espontáneamente, pero cuando no, tampoco me cierro a la posibilidad. ¿Sabes por qué en ocasiones digo que sí aún cuando no tengo ganas? Primero, porque sé que tengo que comenzar para sentir ese deseo y segundo, porque sé que el sexo que voy a tener va a ser placentero y me lo voy a disfrutar.
❤️🔥Reflexión Sexual
La próxima vez que digas "hoy no", pregúntate: ¿de verdad no quiero, o solo no tengo ganas todavía?
La voluntad no es obligarte ni complacer por deber; es abrirte por razones tuyas, y siempre con la libertad de parar si tu cuerpo dice que no.
Así que la próxima vez que esperes a "tener ganas" para moverte (al gym o a la cama), acuérdate: a veces las ganas no van adelante abriendo camino, van atrás y solo aparecen si te das la oportunidad de empezar. El deseo no siempre llega solo, y eso no significa que algo esté mal contigo. Muchas veces solo está esperando que des el primer paso.
Que tengas un buen día y buen sexo,

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