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Unalma por Jorge Carvajal · Aug 12, 2026

Lágrimas que sostienen

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Unalma por Jorge Carvajal · Unalma por Jorge Carvajal

Hay un terremoto que sale en las noticias, con su magnitud y su lista de daños, y hay otro terremoto, más silencioso, que no aparece en ningún reporte oficial: el que sigue temblando dentro de quien perdió su casa, dentro de quien todavía busca a los suyos, dentro de quien sobrevivió pero no logra explicarse por qué. A ese segundo terremoto, al que llamamos padecimiento para distinguirlo de la destrucción que ocupa a la geología y la ingeniería, le dedicamos hoy estas líneas. No para explicarlo —el dolor no se explica, se acompaña— sino para sostenerlo con la misma ternura con que se sostiene a quien tiembla en nuestros brazos.

Si tú hoy buscas entre escombros, si duermes bajo un techo prestado, si perdiste lo que te costó una vida construir, si el susto no te deja conciliar el sueño aunque tu casa siga en pie: lo que sientes tiene nombre y tiene derecho a existir. No es debilidad, es el cuerpo y el alma reconociendo, de golpe, cuán frágil es lo que llamábamos permanente. Llorar esa fragilidad no te aleja de la fortaleza; es, de hecho, el primer acto de una fortaleza verdadera, la que no niega el dolor sino que lo atraviesa.

Y sin embargo, junto a ese temblor interior, algo más está ocurriendo estos días en Colombia, algo que también merece ser nombrado: miles de manos que se ofrecen sin que nadie las obligue, vecinos que abren su casa a quien la perdió, desconocidos que donan sangre, tiempo, alimento, sin esperar nada a cambio. A eso lo llamamos, en Sintergética, amor en movimiento: el servicio, la gratuidad, la solidaridad, el altruismo, no como virtudes abstractas sino como fuerzas concretas capaces de secar, de verdad, las lágrimas que hoy corren por tantos rostros.

La fisiología nos enseña algo hermoso al respecto: cuando una persona —o una comunidad entera— sostiene a otra desde la compasión genuina, no solo cambia el ánimo de quien recibe ese cuidado. Cambia también, medible en la variabilidad de la frecuencia cardíaca y en el tono del sistema nervioso autónomo, el estado interno de quien lo ofrece.

El corazón que sirve se ordena a sí mismo mientras ordena a su alrededor. Es, en el lenguaje de Sintergética, coherencia: la que restaura, poco a poco, tanto en una persona como en una sociedad entera, el ritmo que el miedo y la pérdida habían desorganizado.

Los colombianos nos movemos, se ha dicho tantas veces, desde la pasión. Que esa misma pasión, en estos días, se convierta en pura compasión: en la capacidad de padecer con el dolor del otro sin que ese padecer nos paralice, sino que nos movilice a servir. Compasión no es lástima; es amor que se pone en movimiento hacia quien sufre, con las manos, con el tiempo, con la presencia.

Si tú eres de quienes hoy sufren, permítete también recibir esa compasión sin culpa: dejarte sostener es, tanto como sostener, un acto de coherencia con la vida. Y si eres de quienes hoy sirven, sabe que cada gesto —una llamada, un abrazo, un plato de comida compartido— no se pierde: se suma a ese río de solidaridad que, como toda agua abundante de la vida, termina por encontrar su cauce hacia el mar.

Que cese, para cada uno de nosotros, la parte más oscura de esta noche. Que las lágrimas de hoy, sostenidas por tantas manos, se conviertan mañana en la memoria de un pueblo que, una vez más, supo convertir el temblor de la tierra en un abrazo colectivo. Paz en la vida que continúa. Y paz también para quienes esta tierra se llevó, confiando en que morir, como toda transición profunda, es también un umbral de renacimiento dentro de la gran cadena de la vida que a todos nos sostiene.

Jorge Carvajal Posada — Agosto 12 de 2026

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