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Eleutheros · Apr 23, 2026

Es bueno que haya ricos

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J. F. Carpio · Eleutheros

Cuando la gente se preocupa lo suficiente sobre algo como para hacerlo bien, quienes lo hacen mejor tienden a ser mucho mejores que el resto de la gente. Hay un enorme hueco entre Leonardo y sus contemporáneos de segunda línea, como Borgognone. Vemos el mismo hueco entre Raymond Chandler y el escritor medio de novelas policiacas. Un jugador profesional de ajedrez de alto nivel podría jugar diez mil partidas contra un jugador normal de club sin perder ninguna.

Igual que el ajedrez o la pintura o la escritura de novelas, hacer dinero es una habilidad muy especializada. Pero, por alguna razón, tratamos de forma diferente esta habilidad. Nadie se queja cuando unos pocos superan a los demás jugando al ajedrez o escribiendo novelas, pero cuando unos pocos hacen más dinero que los demás, se escriben muchas columnas diciendo que está mal.

¿Por qué? El patrón de variedad no parece diferente del de cualquier otra habilidad. ¿Qué hace que la gente reaccione tan ferozmente cuando la habilidad es hacer dinero?

Pienso que hay tres razones por las que tratamos diferentemente el hacer dinero: el engañoso modelo de riqueza que aprendemos de niños, la mala reputación de cómo se han acumulado las fortunas hasta hace poco y la preocupación por que las grandes variaciones de ingresos sean de alguna forma malas para la sociedad. Hasta donde yo lo entiendo, la primera es errónea, la segunda está desactualizada y la tercera es empíricamente falsa. ¿Podría ser que, en una democracia moderna, la variación en los ingresos sea realmente una señal de salud?

Cuando tenía cinco años pensaba que la electricidad la creaban los enchufes. No sabía que había centrales eléctricas por ahí generándola. De forma parecida, a la mayoría de los niños no se les ocurre que la riqueza es algo que tiene que generarse. Parece ser algo que fluye de los padres.

A causa de las circunstancias en las que la encuentran, los niños tienden a no entender la riqueza. La confunden con el dinero. Piensan que hay una cantidad fija. Y piensan en ella como algo que distribuyen las autoridades (así que debería distribuirse equitativamente), y no en algo que tiene que crearse (y podría crearse desigualmente).

De hecho, la riqueza no es el dinero. El dinero es sólo una forma cómoda de cambiar una forma de riqueza por otra. La riqueza es lo que hay por debajo, los bienes y servicios que compramos. Cuando viajamos de un país rico a uno pobre, no tenemos que mirar las cuentas bancarias de la gente para darnos cuenta de qué nivel de riqueza tienen. Podemos ver la riqueza: en edificios y calles, en las ropas y la salud de la gente.

¿De dónde viene la riqueza? La hace la gente. Esto era más fácil de percibir cuando la mayoría de la gente vivía en granjas y fabricaban con sus propias manos muchas de las cosas que querían. En aquellos tiempos podía verse la riqueza que creaba cada familia en la casa, los animales y el granero. Por tanto era evidente que la riqueza del mundo no era una cantidad que tuviera que compartirse, como las porciones de una tarta. Si queríamos más riqueza, podíamos fabricarla.

Esto es igual de verdadero hoy día, aunque pocos de nosotros creamos riqueza directamente por nuestros propios medios (excepto los vestigios de unas pocas tareas domésticas). Principalmente creamos riqueza para otras personas a cambio de dinero, que posteriormente intercambiamos por las formas de riqueza que deseamos.

La segunda razón por la que tendemos a encontrar alarmantes las grandes disparidades en riqueza es que durante la mayor parte de la historia de la humanidad la forma usual de acumular fortuna fue robarla: en las sociedades pastoriles como cuatreros, en las agrícolas apropiándose de las tierras de otros en tiempos de guerra e imponiéndoles impuestos en tiempos de paz.

En los conflictos, quienes estén en el bando ganador recibirán las propiedades confiscadas a los perdedores. En Inglaterra, en los 1060, cuando Guillermo el Conquistador distribuyó las propiedades de los nobles anglosajones derrotados entre sus seguidores, el conflicto era militar. En los 1530, cuando Enrique VIII distribuyó las propiedades de los monasterios entre sus seguidores, era principalmente político. Pero el principio era el mismo.

Eso empezó a cambiar en Europa con el surgimiento de la clase media. Ahora pensamos en la clase media como aquellos que no son ni ricos ni pobres, pero originalmente fueron un grupo distinto. En una sociedad feudal sólo había dos clases: una aristocracia guerrera y los siervos que trabajaban en sus dominios. La clase media era un tercer grupo nuevo que vivía en las ciudades y sobrevivían por sí mismos por la manufactura y el comercio.

¿Incrementará la tecnología la diferencia entre ricos y pobres? Sin duda incrementará la diferencia entre productivos e improductivos. En realidad, para eso es la tecnología. Con un tractor un granjero con energías puede arar seis veces más terreno diariamente de lo que podía hacerlo con caballos. Pero sólo si llega a dominar un nuevo tipo de agricultura.

He observado crecer ostensiblemente la palanca tecnológica a lo largo de mi vida. En la secundaria ganaba dinero cortando el césped y vendiendo helado en Baskin-Robbins. Era el único trabajo disponible por aquel entonces. Hoy día los estudiantes de bachillerato podrían escribir software o diseñar sitios web. Pero sólo están dispuestos a hacerlo unos pocos: el resto seguirá vendiendo helados.

A menudo oímos que se critica una política basándose en que incrementaría la diferencia de ingresos entre ricos y pobres. Como si fuera un axioma que esto debería ser malo. Puede ser cierto que un incremento en la variación de ingresos sea malo, pero no veo cómo podemos decir que sea axiomático.

De hecho, puede incluso ser falso en democracias industriales. En una sociedad de siervos y caudillos indudablemente una variación en los ingresos es una señal de un problema subyacente. Pero la servidumbre no es la única causa de variación en los ingresos. Un piloto de un 747 no gana 40 veces lo que una persona encargada de facturación porque sea un caudillo que la esté esclavizando de alguna forma. Sencillamente, sus habilidades son mucho más valiosas.

Paul Graham (en su blog)

[1] Parte de la razón por la que este asunto es tan discutido es que algunos de los que más hablan sobre la riqueza (estudiantes universitarios, herederos, profesores, políticos y periodistas) tienen una experiencia mínima en crearla.

[2] Cuando uno lee acerca de los orígenes de la Sociedad Fabiana, suena como algo inventado por los héroes infantiles eduardianos altruistas de la novela de Edith Nesbit, The Wouldbegoods.

[3] De acuerdo con un estudio de la Corporate Library, el ingreso medio total, incluyendo salarios, extras, participaciones y opciones sobre acciones, de los presidentes de las 500 compañías incluidas en el índice Standard&Poors (S&P) fue de 3,65 millones de dólares en 2002.

[4] A principios del Imperio el precio de un esclavo adulto normal parece haber sido de unos 2.000 sestercios.

[5] Eratóstenes (276-195 a.C.) midió longitudes de sombras en diferentes ciudades para calcular la circunferencia terrestre. Erró, pero sólo por un 2%.

[6] No, y Windows, respectivamente.

[7] Una de las mayores diferencias entre el “modelo papá” y la realidad es la valoración del trabajo duro.

[8] Parte de la razón de la tenacidad del “modelo papá” puede ser el doble sentido del término “distribución”.

[9] “Desde el inicio del reinado Thomas Lord Roos fue un cortesano asiduo al joven Enrique VIII y se dio prisa en llevarse recompensas.”

[10] Hay evidencia arqueológica de grandes asentamientos anteriores, pero es difícil saber qué ocurría en ellos.

[11] William Cecil y su hijo Robert fueron, cada uno en su momento, los ministros más poderosos de la Corona y ambos emplearon su posición para amasar fortunas.

[12] Aunque Balzac hizo un montón de dinero escribiendo, era notablemente poco previsor y tuvo problemas con las deudas toda su vida.

[13] Un Timex puede variar en torno a ±0,5 segundos por día. El reloj mecánico más preciso, el Patek Philippe 10 Day Tourbillon, asegura entre -1,5 y +2 segundos.

[14] Si se le preguntara cuál es más caro, una limusina de diez asientos Lincoln Town de 1989 (5.000 dólares) o un Mercedes S600 Sedan de 2004 (122.000 dólares), el eduardiano medio se equivocaría.

[15] Para decir algo sensato acerca de los ingresos, tenemos que hablar de ingresos reales, o de ingresos medidos en relación con lo que pueden comprar.

[16] Algunos dirán que viene a ser lo mismo, ya que los ricos tienen mejores oportunidades de educación.

Mayo de 2004 (publicado en línea en su blog, traducido en noviembre de 2006)

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Read the original on jfcarpio.substack.com

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