Hace unos días me encontré con dos gráficos que, a primera vista, no tenían absolutamente nada que ver. Uno mostraba el regreso de Zcash después de años de estar prácticamente fuera del radar. El otro, el crecimiento de Hyperliquid frente a algunos de los exchanges más grandes del mundo.
Lo curioso es que, cuanto más los miraba, más evidente se volvía que estaban contando la misma historia.
Mientras buena parte del mercado sigue concentrada en Bitcoin, los ETFs y el siguiente ciclo alcista, en los márgenes del ecosistema cripto están apareciendo dos modelos distintos de infraestructura financiera: uno apuesta por recuperar la privacidad de las transacciones; el otro, por devolver al usuario mayor control y participación económica sobre el exchange que utiliza.
Zcash y Hyperliquid parecen apuestas completamente diferentes. Pero ambas apuntan a una misma pregunta: ¿quién controlará y, sobre todo, quién capturará el valor de la infraestructura financiera del futuro?
En este análisis vamos a separar la narrativa de los fundamentales y revisar los catalizadores regulatorios, la actividad on-chain y los mecanismos de captura de valor que podrían convertir estas dos historias aparentemente secundarias en oportunidades que el mercado todavía no está valorando correctamente.
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Todo ciclo de mercado tiene sus temas rectores. En 2021 fue el DeFi Summer y los NFT. En 2023, la narrativa de las cuentas por cobrar de Bitcoin como “oro digital” institucional. En 2024 y buena parte de 2025, todo giró alrededor de los ETFs spot y la validación regulatoria de los activos más grandes por capitalización.
Lo que estamos viendo en 2026 es distinto, no es una narrativa de “adopción” en abstracto, es una narrativa de especialización donde el mercado está empezando a pagar una prima por activos que resuelven un problema específico y verificable, no solo por activos que “suben porque suben”.
Zcash resuelve un problema que se ha vuelto más urgente, no menos, con el paso del tiempo: la trazabilidad total de cualquier transacción en blockchains públicas como Bitcoin o Ethereum. Cuando compras algo con BTC, cualquier persona con acceso a un explorador de bloques puede ver cuánto tienes, a quién le pagas y reconstruir tu historial financiero completo. Eso, para un usuario retail es una curiosidad técnica. Para una tesorería corporativa, un fondo institucional, o cualquier persona con un patrimonio que prefiere no exhibir en un explorador público, es un problema serio. Zcash, mediante su tecnología de pruebas de conocimiento cero (zero-knowledge proofs), permite transacciones “blindadas” (shielded) donde el monto, el origen y el destino quedan ocultos, pero la transacción sigue siendo verificable criptográficamente dentro de la red.
Hyperliquid, por su parte, resuelve un problema que llevaba años sin solución elegante: cómo construir un exchange de derivados que tenga la velocidad y la profundidad de libro de un Binance o un OKX, pero sin que el usuario tenga que entregar la custodia de sus fondos a una empresa centralizada. Durante años, los exchanges descentralizados (DEX) fueron la opción “moral” pero lenta e ilíquida. Hyperliquid rompió esa dicotomía construyendo su propia blockchain de Capa 1 optimizada específicamente para trading, con un libro de órdenes completamente on-chain capaz de procesar 200,000 órdenes por segundo.
Ambos activos están capturando valor de una migración de capital que ya está en marcha, no de una promesa futura. En el caso de Zcash, la migración es hacia el “pool blindado” —hoy más del 40% del supply circulante de ZEC vive en direcciones blindadas, frente a niveles de un solo dígito hace apenas dos años—. En el caso de Hyperliquid, la migración es de volumen de trading que antes vivía exclusivamente en exchanges centralizados y que hoy se ejecuta on-chain: el protocolo procesa decenas de miles de millones de dólares en volumen mensual, con picos que superan los $170,000 millones de dólares en ventanas de 30 días.
Si me hubieras preguntado hace dos años sobre monedas de privacidad, mi respuesta habría sido de cautela extrema. El histórico regulatorio del sector es, para ser honesto, bastante feo: exchanges importantes deslistando Monero, Japón y Corea del Sur restringiendo el acceso a este tipo de activos, y una sensación generalizada de que cualquier cosa etiquetada como “privacy coin” estaba condenada a vivir en un gueto regulatorio permanente.
Ese contexto cambió de forma concreta en enero de 2026. La SEC estadounidense cerró una revisión prolongada sobre Zcash sin tomar ninguna acción de cumplimiento (enforcement action) en su contra. No es una aprobación explícita ni un sello de bendición regulatoria, pero en el mundo de las agencias regulatorias, “revisamos todo y no encontramos motivo para actuar” es, en la práctica, una señal de que el activo pasó el examen. Ese mismo periodo coincidió con la incorporación de ZEC a la plataforma de Robinhood, ampliando de forma relevante el acceso retail regulado al activo.
Zcash logró sortear el trato que sufrieron otras monedas de privacidad como Monero, porque no se trata de una moneda de privacidad “todo o nada”. Su arquitectura permite privacidad opcional. Un usuario puede operar con direcciones transparentes (visibles como en Bitcoin) o con direcciones blindadas (shielded, con confidencialidad total), y —esto es lo importante— puede generar “viewing keys” (llaves de visualización) que permiten a un tercero autorizado, como un auditor, un regulador o un contador, revisar el historial de una dirección blindada sin comprometer las llaves de gasto. En otras palabras: Zcash permite construir compliance selectivo sobre una base de privacidad por defecto. Eso es exactamente lo que un marco regulatorio moderno necesita para poder convivir con la privacidad financiera: no la eliminación de la trazabilidad, sino el control del usuario sobre quién puede verla.
Este diseño es la razón estructural por la que ZEC se vuelve una cobertura de privacidad “regulada” y no una apuesta especulativa sobre un activo condenado al ostracismo regulatorio. La tesis no depende de que los reguladores “miren para otro lado”; depende de que Zcash ya construyó las herramientas que los reguladores necesitan para tolerar su existencia.
Si quieres saber si la tesis de Zcash está funcionando en el mundo real, conviene olvidarse por un momento del precio y mirar hacia dónde se está moviendo el uso de la red. La métrica que mejor captura ese cambio es el porcentaje del supply circulante que vive en el pool blindado o shielded pool, particularmente en Orchard, su implementación más moderna. Actualmente, Orchard concentra alrededor de 4.2 millones de ZEC, cerca de 25% del supply total, y prácticamente ha absorbido todo el crecimiento reciente del shielded pool.
Pero hay un dato todavía más revelador: en febrero de 2026, las transacciones blindadas llegaron a representar 59.3% del total de operaciones de la red, mientras las transacciones en direcciones transparentes se mantuvieron relativamente estables, en unas 8,500 diarias. La lectura es importante porque sugiere que el crecimiento no está llegando principalmente de la especulación sobre el ticker, sino del uso de aquello que hace diferente a Zcash: la privacidad.
La red, además, está tratando de convertir esa ventaja en infraestructura capaz de soportar más actividad. En julio de 2026, la actualización Ironwood, conocida como NU6.3, migró más de 500,000 ZEC hacia el nuevo pool blindado sin incidentes de seguridad ni interrupciones, un paso que reforzó la confianza técnica en la hoja de ruta. El siguiente gran catalizador es NU7, una actualización que promete elevar hasta 300% la velocidad de las transacciones blindadas e introducir los llamados Zcash Shielded Assets: tokens definidos por los usuarios que heredarían las propiedades de privacidad de la red. Si la implementación cumple lo previsto, Zcash podría dejar de ser únicamente una moneda privada para convertirse en una plataforma capaz de albergar distintos tipos de activos privados. Ahí cambia el tamaño de la oportunidad, porque la privacidad deja de ser un atributo de un solo activo y pasa a convertirse en una capa de infraestructura.
Mientras la red construye esa capacidad, el capital institucional empieza a aparecer en segundo plano. Multicoin Capital, uno de los fondos cripto-nativos más reconocidos, reveló en Consensus Miami una posición en ZEC que comenzó a acumular en febrero de 2026. Tushar Jain, socio del fondo, resumió la diferencia frente a Bitcoin de una manera particularmente útil: Bitcoin es resistente a la censura, pero completamente transparente; Zcash busca ofrecer privacidad real a través de su pool blindado. La distinción es más profunda de lo que parece. Bitcoin protege la posibilidad de realizar una transacción sin que una autoridad pueda impedirla, pero no oculta necesariamente cuánto tienes o con quién interactúas. Zcash intenta resolver precisamente esa segunda parte. Bajo esta lectura, ambos activos no necesariamente compiten por la misma función, sino que pueden representar propuestas complementarias dentro de una cartera cripto.
El mercado tuvo que reaccionar rápidamente cuando esa posición salió a la luz. Se estima que la revelación de las tenencias de Multicoin provocó liquidaciones de posiciones cortas en futuros por aproximadamente $62 millones de dólares durante el rally de mayo de 2026. Más allá del impacto inmediato sobre el precio, el episodio muestra hasta qué punto una señal institucional puede alterar las expectativas alrededor de un activo que, hasta hace poco, estaba mucho más asociado con traders minoristas y operaciones especulativas.
Y Multicoin no está solo. Cypherpunk Technologies, empresa listada en Nasdaq, ha reportado exposición a ZEC como parte de su balance corporativo, siguiendo una estrategia de tesorería enfocada en activos vinculados con principios de privacidad criptográfica. El modelo recuerda al fenómeno de las compañías que comenzaron a acumular Bitcoin en sus balances, pero aquí la apuesta está concentrada específicamente en un activo de privacidad. Al mismo tiempo, los fondos vinculados a Arthur Hayes, cofundador de BitMEX, han mantenido a través de Maelstrom una postura pública y activa alrededor de la tesis de privacidad cripto.
Son señales distintas, pero juntas empiezan a dibujar algo más relevante: la conversación sobre Zcash está dejando de estar limitada a quienes compran y venden el token y empieza a involucrar a gestores, compañías y operadores de infraestructura.
La entrada de Foundry Digital refuerza todavía más esa lectura. El operador del pool de minería de Bitcoin más grande del mundo anunció un pool de minería institucional dedicado específicamente a Zcash, con operaciones desde Estados Unidos y un diseño orientado a reducir riesgos de cumplimiento y contraparte. Para Zooko Wilcox, fundador de Zcash y actualmente director de producto de Shielded Labs, la llegada de Foundry también representa un paso hacia una mayor descentralización del hashrate de la red, que hasta entonces estaba concentrado en un solo pool dominante. Y si a esto se suma el avance de Grayscale hacia una posible estructura tipo ETF para ofrecer exposición a Zcash, aparece otro componente clave: la construcción de canales regulados para que el capital institucional pueda acceder al activo sin tener que operar directamente en exchanges de criptomonedas.
Vista en conjunto, esta acumulación de señales se parece menos a un episodio de FOMO y más a una silenciosa construcción de infraestructura de mercado. Minería institucional, posiciones de fondos especializados, exposición corporativa mediante balances y posibles vehículos regulados de inversión están apareciendo al mismo tiempo que aumenta el uso de la privacidad dentro de la propia red. Pero la tesis también necesita algo más difícil de conseguir: casos de uso que no dependan exclusivamente de que ZEC suba de precio.
Ahí aparecen dos ejemplos interesantes. En agosto de 2026, la agencia inmobiliaria internacional TEKCE integró ZEC como método de pago para la compra de propiedades en cinco países. Es un caso especialmente relevante por el tamaño de las transacciones involucradas y por la naturaleza de la información que se busca proteger: en una operación inmobiliaria, el monto y las partes pueden quedar asociados a registros públicos. Poder liquidar una transacción de alto valor utilizando una capa de privacidad introduce una utilidad concreta que va mucho más allá de la especulación con criptomonedas.
En la misma ventana, Pikasim habilitó la compra de eSIMs utilizando ZEC de forma completamente anónima y sin necesidad de registrar una cuenta. El valor económico de esta aplicación es mucho menor, pero precisamente por eso resulta interesante: muestra cómo la privacidad puede empezar a trasladarse desde las operaciones financieras hacia servicios cotidianos.
Todo esto ayuda a explicar el comportamiento del precio durante 2026, aunque no necesariamente lo justifica por sí solo. ZEC llegó a tocar cerca de $680 dólares en junio, después sufrió una corrección de aproximadamente 29.8% durante ese mismo mes, recuperó cerca de 14.5% en julio y comenzó agosto con un nuevo impulso de doble dígito, alrededor de los 500 dólares.
Técnicamente, el activo se encuentra dentro de un triángulo simétrico que se ha comprimido desde junio, una configuración que suele anticipar un movimiento direccional importante cuando el precio rompe alguno de sus límites. Su capitalización de mercado ronda actualmente los $8,000 millones de dólares, lo que lo coloca dentro del grupo de los 15 a 20 criptoactivos más grandes. La combinación de precio, actividad on-chain y entrada institucional explica por qué Zcash merece atención, pero también hace más importante entender qué podría salir mal.
El primer riesgo es regulatorio. La decisión de no acción de la SEC en enero de 2026 y el entorno relativamente favorable para las criptomonedas bajo la administración actual no son permanentes. Un cambio político o una modificación en las prioridades de cumplimiento podría alterar rápidamente las condiciones para los activos de privacidad. El historial de Zcash y otras monedas similares en mercados como Japón y Corea del Sur demuestra que esta categoría puede enfrentar restricciones cuando los reguladores priorizan la trazabilidad de las operaciones. La tesis, por tanto, depende en parte de que el actual entorno estadounidense y de otros mercados relevantes se mantenga suficientemente abierto.
El segundo riesgo es tecnológico y quizá sea el más interesante a largo plazo. La tecnología de conocimiento cero, o zero-knowledge, que ayudó a diferenciar a Zcash se ha convertido en una pieza central de numerosas soluciones de Capa 2 de Ethereum. Esto valida la relevancia de la tecnología, pero también reduce su exclusividad. La privacidad está dejando de ser una característica asociada únicamente con Zcash y empieza a incorporarse en múltiples redes y protocolos. Si NU7 y las siguientes actualizaciones no consiguen ejecutar la hoja de ruta prevista, otras cadenas podrían capturar parte de esa demanda con infraestructuras más grandes y ecosistemas más amplios.
Luego está el riesgo de concentración y volatilidad. Con una capitalización de un solo dígito de miles de millones de dólares, ZEC continúa siendo un activo susceptible a movimientos abruptos derivados de cambios en el sentimiento, posiciones institucionales importantes o episodios de liquidaciones. El movimiento de aproximadamente $62 millones de dólares en posiciones cortas después de la revelación de Multicoin es un recordatorio de lo rápido que puede cambiar el equilibrio entre oferta y demanda en un mercado de este tamaño. Por eso, la tesis de Zcash no debería reducirse a una apuesta por que el precio siga subiendo. Lo verdaderamente interesante es observar si el uso privado continúa creciendo, si la infraestructura escala, si los casos de uso se multiplican y si el capital institucional sigue construyendo exposición. Si esas cuatro piezas avanzan al mismo tiempo, Zcash podría estar dejando atrás su antigua identidad de moneda de privacidad para convertirse en algo mucho más ambicioso: una infraestructura financiera donde la privacidad no sea una característica adicional, sino el producto.
Cuando Hyperliquid lanzó su token HYPE en noviembre de 2024, la mayoría del mercado lo trató como un experimento más dentro del saturado espacio de exchanges descentralizados de derivados. Dieciocho meses después, esa narrativa se ha invertido por completo.
Hyperliquid procesó $172,630 millones de dólares de un total de $540,840 millones de dólares en volumen acumulado de los exchanges descentralizados de perpetuos durante una ventana de 30 días —es decir, capturó aproximadamente un tercio del volumen total del sector en ese periodo, consolidándose como el líder indiscutido de la categoría—. En ventanas donde su dominancia ha sido más pronunciada, análisis de Yellow Research y de la plataforma Altrady sitúan su participación de mercado en torno al 70% del volumen total de perpetuos descentralizados, con un volumen diario de operación cercano a los $21,800 millones de dólares y un interés abierto (open interest) de aproximadamente $7,300 millones de dólares.
Para ponerlo en perspectiva competitiva: el segundo protocolo mejor posicionado del sector, dYdX, opera a apenas entre un 10% y 12% del volumen mensual de Hyperliquid, según estimaciones de Yellow.com. No es una carrera cerrada. Es un mercado donde un solo protocolo capturó, de facto, la posición dominante, algo poco común incluso dentro del mundo cripto, que suele fragmentarse rápidamente entre múltiples competidores.
¿Cómo lo logró? Con una combinación de tres decisiones de diseño que, en retrospectiva, parecen obvias, pero que ningún competidor había ejecutado simultáneamente con la misma calidad: primero, construir su propia blockchain de Capa 1 optimizada exclusivamente para trading (en lugar de desplegarse sobre una cadena de propósito general y heredar su latencia y costos de gas); segundo, un libro de órdenes completamente on-chain con capacidad de 200,000 transacciones por segundo, comparable en experiencia de usuario a un exchange centralizado de primer nivel; y tercero, una arquitectura dual —HyperCore para el motor de trading y HyperEVM para contratos inteligentes compatibles con Ethereum— que le permite combinar la velocidad de una infraestructura especializada con la flexibilidad de un ecosistema de desarrollo abierto.
Para entender por qué HYPE merece una categoría distinta dentro del mercado cripto, hay que mirar primero qué sucede con el dinero que genera Hyperliquid. El protocolo canaliza entre 97% y 99% de los ingresos provenientes de las comisiones de trading hacia el llamado Assistance Fund, un mecanismo que ejecuta compras continuas y automatizadas de HYPE en el mercado abierto y retira esos tokens de circulación de forma permanente. No es una operación simbólica. Para mayo de 2026, el fondo había desplegado más de $1,300 millones de dólares en recompras acumuladas y adquirido alrededor de 28.5 millones de tokens HYPE. La intensidad del programa equivale a cerca de 7% de la capitalización de mercado del token en términos anualizados, una magnitud que, según estos análisis, resulta entre cuatro y cinco veces más agresiva que los programas de recompra de Ethereum o Binance Coin (BNB), dos de los activos con mecanismos de captura de valor más conocidos del mercado.
La diferencia se vuelve todavía más relevante cuando se observa de dónde sale ese dinero. Los ingresos anualizados por comisiones del protocolo rondan actualmente los $1,300 millones de dólares, lo que implica que Hyperliquid está generando flujo real y verificable on-chain y destinando la mayor parte de ese flujo a comprar su propio token en el mercado abierto. No necesita recurrir a la emisión inflacionaria de nuevos tokens para financiar las recompras, consumir una reserva de tesorería que eventualmente se agota o buscar capital externo. En términos de mercados tradicionales, la analogía más cercana sería una compañía que utiliza su flujo de caja operativo para recomprar acciones de manera constante. La diferencia es que aquí el mecanismo está automatizado y puede ejecutarse bloque a bloque, sin depender de una junta directiva que tenga que aprobar cada operación.
Esa estructura ayuda a entender por qué HYPE consiguió separarse del comportamiento general del mercado durante el segundo trimestre de 2026. El token ganó 79.2% en ese periodo, mientras Bitcoin perdió 14.1%. La divergencia coincidió con una recuperación de los ingresos del protocolo, que en junio se situaron 52% por encima del mínimo registrado en abril, y con la llegada de nuevos flujos institucionales. Es decir, el mercado no solo estaba comprando una narrativa: estaba empezando a valorar la relación entre el uso de Hyperliquid, los ingresos que genera y el mecanismo que convierte una parte de esos ingresos en demanda directa por HYPE.
La siguiente pregunta es quién puede participar en esa dinámica. Para cualquier tesis de mediano plazo, el acceso del capital institucional resulta fundamental y, en el caso de HYPE, la respuesta es cada vez más favorable, aunque todavía incompleta. En mayo de 2026 comenzaron a operar en Estados Unidos los primeros ETFs spot de HYPE, lanzados por gestoras como Bitwise, 21Shares y Grayscale.
Estos vehículos registraron entradas netas por $309 millones de dólares durante el periodo más reciente disponible. Por su parte, Bloomberg ETF analyst James Seyffart situó los flujos acumulados desde el lanzamiento en alrededor de $53 millones de dólares combinados entre los productos de 21Shares, THYP, y Bitwise, BHYP, durante sus primeras semanas. Aunque las cifras corresponden a mediciones y ventanas temporales distintas, ambas apuntan en la misma dirección: existe una demanda creciente por exposición institucional a HYPE a través de vehículos regulados.
Todavía existe, sin embargo, una barrera importante. Los participantes estadounidenses no tienen acceso directo al trading del activo subyacente en los exchanges nativos de Hyperliquid, mientras una parte considerable de la liquidez profunda del ecosistema continúa fuera de Estados Unidos. Para buena parte de las instituciones, la puerta de entrada sigue siendo un custodio regulado o un ETF, no la interacción directa con el protocolo. Paradójicamente, esta limitación puede convertirse en uno de los catalizadores de la tesis. Si las restricciones de acceso se reducen y los inversionistas institucionales pueden participar de forma más directa, el universo potencial de capital que puede posicionarse en HYPE crecería de manera significativa, sobre todo si los flujos hacia los productos regulados continúan demostrando que existe apetito por el activo.
Y entonces aparece una última pieza que podría ampliar todavía más ese mercado potencial: la regulación de los futuros perpetuos cripto en Estados Unidos. En junio de 2026, la Comisión de Comercio de Futuros de Materias Primas, la CFTC, permitió este tipo de productos regulados dentro del mercado estadounidense. De acuerdo con el marco de valuación publicado por CF Benchmarks, el cambio abre un mercado considerable de volumen institucional y doméstico que hasta ahora estaba prácticamente cerrado para los perpetuos cripto. Hyperliquid llega a este nuevo escenario desde una posición privilegiada, como líder del segmento on-chain, lo que podría permitirle capturar una parte relevante de ese flujo conforme el mercado estadounidense se desarrolle.
La tesis de HYPE, por tanto, no depende únicamente de que el precio siga subiendo. Lo importante está en la mecánica que existe debajo: Hyperliquid genera ingresos por actividad real, utiliza la mayor parte de ese flujo para recomprar su propio token, reduce su oferta circulante y, al mismo tiempo, está construyendo nuevas vías de acceso para el capital institucional. Si a eso se suma un mercado estadounidense que comienza a abrirse a los productos de futuros en los que Hyperliquid ya tiene una posición dominante, el potencial de crecimiento deja de depender exclusivamente de la especulación. La pregunta relevante ya no es solo cuánto puede subir HYPE, sino cuánto valor puede seguir capturando el protocolo a medida que más capital pueda acceder a él.
Otro elemento que refuerza la tesis de HYPE como “activo de infraestructura” y no solo como “token de exchange” es la expansión reciente hacia mercados de futuros perpetuos sobre activos del mundo real (RWA, por sus siglas en inglés) —piensa en petróleo, oro, e índices bursátiles operando en formato perpetuo, disponible las 24 horas, los 7 días de la semana, algo que ningún mercado tradicional regulado ofrece hoy—.
Para finales de marzo de 2026 Hyperliquid había capturado 44% de todo el volumen de trading de perpetuos descentralizados, subiendo desde 36.4% en enero, impulsado en gran medida por el crecimiento de este segmento de activos del mundo real. El interés abierto específicamente en perpetuos de RWA alcanzó un récord de $2,650 millones de dólares hacia finales de mayo de 2026, duplicándose en apenas dos meses, mientras el valor total bloqueado (TVL) del protocolo se ubicaba en torno a los $650 millones de dólares, sosteniendo ese interés abierto con un apalancamiento aproximado de 4x.
El mercado, de hecho, ya parece estar asignándole una valoración acorde con esa ambición. Según CoinStats AI, HYPE cuenta con una capitalización de mercado circulante de aproximadamente $11,660 millones de dólares y una valuación totalmente diluida, o FDV, cercana a los $50,000 millones. Con esas cifras, el token ya se mueve en un rango comparable al valor de mercado de Coinbase y representa más de la mitad de la capitalización bursátil de CME Group, el mayor operador de mercados de derivados del mundo. La comparación tiene límites evidentes: CME es una infraestructura financiera regulada, con décadas de relaciones institucionales y una escala operativa muy distinta, mientras HYPE continúa siendo un activo cripto con una volatilidad considerablemente mayor. Aun así, la referencia resulta útil porque permite dimensionar qué está descontando el mercado.
Hyperliquid ya no está siendo valorado como un experimento temprano que busca encontrar su lugar dentro de las criptomonedas. La magnitud de su capitalización implica que los inversionistas están empezando a asignarle un papel mucho más ambicioso: el de una posible pieza relevante de la infraestructura financiera del futuro. La gran pregunta es si HIP-3 y HIP-4 lograrán convertir esa ambición en volumen real y nuevos ingresos. Porque si Hyperliquid consigue ampliar su alcance desde los perpetuos cripto hacia materias primas, índices, derivados tradicionales y mercados de predicción, el verdadero mercado al que estaría compitiendo ya no sería únicamente el de los exchanges cripto, sino el de la infraestructura global de trading.
El rango de opiniones sobre hacia dónde va el precio es amplio. Arthur Hayes, cofundador de BitMEX, ha proyectado un precio objetivo de $150 dólares para agosto de 2026, basado en el volumen orgánico de trading, la demanda del motor de recompra, y la expansión de productos vía HIP-4. En el otro extremo, modelos cuantitativos más conservadores como los de TradingBeasts sitúan el “precio justo” mucho más cerca de los niveles actuales, argumentando que buena parte de la adopción ya está reflejada en el precio. Modelos de flujo de caja que comparan a Hyperliquid con el CME y Nasdaq, como el marco publicado por CF Benchmarks, argumentan que el mercado todavía no ha incorporado completamente el potencial de expansión hacia trading multi-activo y liquidez global, lo cual dejaría a HYPE relativamente infravalorado bajo ese marco específico.
Te propongo cerrar la sección con un enfoque que conecte la dispersión de valuaciones con la asimetría de la tesis, y después lleve de forma natural hacia los cuatro riesgos: unlocks, dependencia del volumen, competencia y regulación.
La amplitud de los objetivos de precio —desde 49 hasta 360 dólares, dependiendo del analista— dice tanto sobre HYPE como las propias cifras de crecimiento. El mercado todavía no tiene un marco de valuación estandarizado para el token, algo que suele ocurrir cuando aparece una categoría de activos que todavía está definiendo sus propias reglas. Esa falta de consenso se traduce en volatilidad, pero también abre una asimetría interesante para quien esté dispuesto a asumir el riesgo y mantener una posición con horizonte de mediano plazo: si Hyperliquid logra convertirse en la infraestructura de trading que algunos inversionistas ya están descontando, el potencial de expansión es considerable; si no lo consigue, la valoración actual deja poco margen para errores de ejecución.
Precisamente por eso, la tesis exige mirar de cerca los riesgos. El primero está en el calendario de desbloqueo de tokens. Hyperliquid tiene un esquema de vesting lineal para aproximadamente 238 millones de HYPE correspondientes a contribuidores centrales, distribuidos durante 24 meses desde comienzos de 2026. Eso implica la liberación de cerca de 9.9 millones de tokens cada mes hasta 2027, creando una fuente constante de oferta potencial que el Assistance Fund debe absorber mediante sus recompras. Hay, sin embargo, una diferencia relevante frente a muchos proyectos de la industria: Hyperliquid no recurrió a financiamiento de capital de riesgo, por lo que no enfrenta el riesgo adicional de un gran “cliff unlock” asociado con inversionistas tempranos. El problema no desaparece, pero sí cambia su naturaleza: aquí la presión potencial es gradual y previsible, no necesariamente un evento puntual capaz de inundar el mercado.
El segundo riesgo está directamente relacionado con la fortaleza que sostiene buena parte de la tesis: la actividad de trading. El mecanismo de recompra no existe en el vacío; depende de los ingresos por comisiones y estos, a su vez, del volumen que genera el protocolo. Las recompras trimestrales pasaron de $316.76 millones de dólares en el tercer trimestre de 2025 a $255.05 millones en el cuarto trimestre y posteriormente a $192.25 millones en el primer trimestre de 2026.
Si el volumen de operaciones cae de manera sostenida, ya sea por un mercado cripto bajista o porque Hyperliquid pierde participación frente a sus competidores, el flujo destinado a recomprar HYPE disminuirá en la misma dirección. La máquina de captura de valor es potente, pero necesita combustible.
Y ahí aparece el tercer riesgo: la competencia. Hyperliquid tiene una posición dominante en los perpetuos descentralizados, pero la ventaja no está garantizada para siempre. Lighter, por ejemplo, llegó a procesar 232,300 millones de dólares en volumen durante 30 días antes de su evento de generación de tokens en diciembre de 2025, mientras Aster alcanzó aproximadamente 20% de participación en el mercado global de perpetuos descentralizados. Estos competidores muestran que existe demanda por este tipo de infraestructura y, al mismo tiempo, que otros protocolos están intentando capturarla. La pregunta ya no es si Hyperliquid creó una categoría atractiva, sino si puede mantener su liderazgo cuando el resto del mercado tiene incentivos cada vez mayores para disputarle ese volumen.
El cuarto riesgo es quizá el más paradójico: la regulación. La apertura de Estados Unidos a los futuros perpetuos cripto, impulsada por la CFTC, puede convertirse en uno de los grandes catalizadores de Hyperliquid, pero también puede funcionar en sentido contrario. A medida que el mercado crezca y estos productos ganen relevancia institucional, los reguladores podrían imponer requisitos adicionales de cumplimiento que eleven los costos operativos o restrinjan determinados mercados. Esto sería especialmente relevante para productos vinculados con activos del mundo real, si las autoridades consideran que compiten directamente con mercados de futuros tradicionales que ya operan bajo un marco regulatorio establecido.
En otras palabras, los mismos factores que hacen atractiva la tesis de HYPE también contienen sus principales riesgos. El crecimiento del volumen alimenta las recompras, pero una caída de actividad las debilita; la expansión regulatoria abre un mercado institucional enorme, pero también puede aumentar las exigencias de cumplimiento; y el liderazgo de Hyperliquid genera economías de escala, pero atrae a competidores con cada vez más recursos. Por eso, más que preguntarse únicamente cuánto puede valer HYPE, la pregunta relevante para un inversionista de mediano plazo es si el protocolo puede sostener simultáneamente su volumen, su participación de mercado y su capacidad de convertir actividad económica en captura de valor para el token.
Hasta aquí te he presentado dos tesis independientes y, honestamente, cada una se sostiene por sí sola. Pero desde mi óptica de gestión de cartera, tiene sentido pensarlas como un par complementario y no solo como dos posiciones sueltas.
Primero, ambas capturan la misma megatendencia desde ángulos distintos. La megatendencia es la migración de actividad financiera —transaccional en el caso de Zcash, de trading en el caso de Hyperliquid— desde infraestructura tradicional (bancos, exchanges centralizados, sistemas de pago con trazabilidad total) hacia infraestructura cripto-nativa que le devuelve control al usuario, ya sea control sobre su privacidad o control sobre la custodia de sus activos mientras opera.
Son dos manifestaciones del mismo fenómeno de fondo: el usuario financiero sofisticado, sea individual o institucional, cada vez valora más tener opciones fuera del sistema tradicional, y está dispuesto a pagar una prima —vía adopción, vía capital, vía precio del token— por esas opciones.
Segundo, tienen perfiles de correlación con el mercado cripto general que, aunque no son opuestos, sí ofrecen cierta diversificación de “narrativa”. ZEC ha demostrado, en más de una ocasión durante 2026, capacidad de desacoplarse de Bitcoin cuando la narrativa de privacidad domina el ciclo de noticias. HYPE, por su parte, está cada vez más correlacionado con métricas de ingresos protocolares reales y con flujos de ETF, lo que lo acerca más al comportamiento de un activo “cuasi-equity” que al de una moneda puramente especulativa. Ninguno de los dos es una cobertura perfecta del otro, pero ambos ofrecen una fuente de retorno que no depende exclusivamente del sentimiento generalizado del mercado cripto.
Tercero, ambos están en la fase donde la validación institucional apenas está comenzando, no donde ya se completó. Esta es, para mí, la parte más importante de la tesis conjunta. En Zcash, tienes SEC sin acción de cumplimiento, pero todavía sin un ETF spot aprobado. En Hyperliquid, tienes ya tres ETFs spot operando, pero todavía sin acceso directo al protocolo para participantes estadounidenses. Es decir, ambos activos están a mitad de camino de su curva de adopción institucional, con catalizadores concretos y verificables todavía por delante (aprobación de ETF de Zcash, apertura de acceso directo a Hyperliquid para inversionistas de EE. UU., ejecución de NU7 en Zcash, ejecución de HIP-4 en Hyperliquid).
Eso es exactamente el tipo de asimetría que busco cuando pienso en oportunidades de inversión de mediano plazo: la tesis ya tiene evidencia de que está funcionando, pero el mercado todavía no ha terminado de digerir toda la información disponible.
Tanto ZEC como HYPE pertenecen, sin discusión, al segmento de alta volatilidad de cualquier cartera diversificada, por lo que el tamaño de la posición importa tanto como la tesis. Una buena idea puede convertirse en una mala inversión si la exposición es demasiado grande para soportar la volatilidad que inevitablemente llegará.
En ZEC, mi lectura es la de una posición asimétrica de convicción para un horizonte de mediano a largo plazo, más que una operación de trading de corto plazo. La tesis se fortalece cada trimestre que transcurre sin una reversión regulatoria y, sobre todo, cada vez que aumenta la proporción de ZEC depositado en el pool blindado.
Técnicamente, el activo se encuentra comprimido dentro de un triángulo simétrico cuyo ápice está cerca. Un cierre diario sostenido por encima de la zona de $520-$525 dólares confirmaría la ruptura alcista que algunos analistas técnicos están siguiendo, con $600 dólares como siguiente referencia y, más adelante, el máximo de junio, cerca de $680 dólares.
En sentido contrario, una pérdida del soporte situado aproximadamente entre $439 y $455 dólares deterioraría el escenario alcista de corto plazo. Eso no necesariamente destruiría la tesis estructural, porque el argumento de largo plazo depende mucho más de la adopción del pool blindado y de la evolución regulatoria que de un patrón gráfico específico. Precisamente por esa volatilidad y por la posibilidad de una ruptura en cualquiera de las dos direcciones, preferiría construir una posición de manera escalonada mediante dollar-cost averaging antes que concentrar toda la entrada en un solo nivel.
HYPE representa una apuesta diferente. Aquí no estoy comprando únicamente la expectativa de que aumente el precio de un token, sino una participación indirecta en el flujo económico de una infraestructura de trading descentralizado que ya tiene una posición dominante y que convierte buena parte de sus ingresos en recompras automáticas de HYPE. La métrica que vigilaría con mayor disciplina es la trayectoria de los ingresos trimestrales por comisiones. Mientras estos permanezcan estables o continúen creciendo, el mecanismo de recompra funciona como una fuente estructural de demanda que ayuda a compensar la presión derivada de los desbloqueos de tokens.
En términos técnicos, la zona de $55-$62 dólares ha funcionado como un área de acumulación reciente. Un cierre semanal sostenido por encima de $62 dólares reforzaría el escenario de continuación hacia $65-$68 dólares, mientras que una pérdida del soporte cercano a $57.45 dólares aumentaría el riesgo de un retroceso adicional. Pero aquí me parece todavía más importante no caer en la trampa de elegir un único precio objetivo. Con estimaciones de analistas que van desde $49 hasta $360 dólares, la dispersión es demasiado amplia. Prefiero evaluar HYPE por la evolución de su modelo de negocio: cuánto volumen procesa, cuánto flujo genera, qué participación de mercado conserva y cuánto de ese flujo termina convirtiéndose en recompras.
Cuando comparo ambas posiciones dentro de una cartera cripto de alta convicción, la diferencia se vuelve más clara. ZEC ofrece una mayor asimetría potencial, pero también depende en mayor medida de que se mantenga un entorno regulatorio favorable y de que la privacidad continúe convirtiéndose en una necesidad relevante dentro de la infraestructura financiera digital. HYPE tiene fundamentales de flujo de caja más verificables y una mecánica de captura de valor más directa, pero también parte de una valoración que ya incorpora una porción considerable de las buenas noticias conocidas.
Dicho de otra manera: ZEC me parece la apuesta con mayor potencial de revalorización si su tesis de privacidad termina ganando escala; HYPE me parece la apuesta con mayor visibilidad sobre cómo el crecimiento de una infraestructura puede traducirse directamente en valor para el token.
Y hay una última regla que considero más importante que cualquier nivel técnico: el tamaño de la posición debe ser suficientemente pequeño como para permitirte mantenerla cuando el mercado se mueva violentamente en tu contra. En cripto, una caída fuerte no es una anomalía que deba sorprenderte; forma parte de la naturaleza del activo. Si una posición obliga a vender por miedo antes de que la tesis fundamental pueda desarrollarse, entonces probablemente nunca fue una posición correctamente dimensionada. La oportunidad en ZEC y HYPE está precisamente en apostar por tesis que pueden tardar en desarrollarse, pero hacerlo con un tamaño que permita sobrevivir a la volatilidad necesaria para descubrir si finalmente tenían razón.
Las mejores oportunidades suelen aparecer cuando una narrativa que el mercado había descartado empieza a cambiar y los datos todavía no han sido completamente incorporados al precio. Eso es lo que empieza a ocurrir con Zcash. Hace dos años, “moneda de privacidad” era casi sinónimo de riesgo regulatorio; hoy, con la ausencia de acción de cumplimiento de la SEC, su disponibilidad en plataformas como Robinhood y fondos como Multicoin construyendo posiciones públicas, esa percepción comienza a transformarse. Y lo más importante: el crecimiento del pool blindado ofrece evidencia on-chain de que detrás de la narrativa existe adopción.
Hyperliquid atraviesa una transición similar. Lo que hace dieciocho meses parecía un exchange de derivados para usuarios cripto-nativos hoy compite en otra escala, con un volumen significativo, acceso institucional mediante ETFs y un mecanismo de recompras que convierte los ingresos del protocolo en demanda estructural por HYPE.
Ninguna de las dos tesis está libre de riesgos. Zcash sigue expuesto al entorno regulatorio y a la competencia tecnológica; Hyperliquid, a los desbloqueos, la competencia y la evolución del volumen de trading. Pero ambas tienen algo que me resulta más interesante: están capturando cambios estructurales que ya están ocurriendo y que todavía no parecen completamente descontados por el mercado.
Por eso, más que intentar adivinar cuál tendrá el próximo gran movimiento, prefiero seguir las métricas que realmente importan: el crecimiento del pool blindado en Zcash y los ingresos, volumen y recompras de Hyperliquid, porque cuando una migración de capital ya está ocurriendo, existe evidencia verificable que la respalda y el mercado todavía no termina de asimilar sus implicaciones, es exactamente ahí donde quiero tener mi atención puesta.

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