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Javier Borràs Arumí · May 16, 2026

¿qué puede aprender la UE de la innovación china?

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Javier Borràs Arumí · Javier Borràs Arumí

(Publicado el 21/04/26 en el Diari Ara)

La Unión Europea tiene un problema de innovación. De las cincuenta grandes empresas tecnológicas mundiales, solo cuatro son europeas. El sector que lidera la economía europea no es el software, ni la inteligencia artificial, sino la industria del automóvil. Mientras que la UE se ha estancado tecnológicamente en las últimas décadas, China ha pasado de ser una economía que necesitaba absorber innovación extranjera a ser la potencia que lidera en ámbitos como las tecnologías verdes. Viendo este proceso de divergencia, ¿podría la Unión Europea aprender algo de China en innovación tecnológica?

El gran reto para la UE es cómo crear grandes empresas tecnológicas. En el continente europeo florecen muchas startups y PYMES. Pero cuando estas quieren escalar y transformarse en gigantes, se encuentran con diversas barreras. Muchas veces el problema es la financiación: muchas empresas nacientes europeas se marchan a Estados Unidos para poder crecer, ya que allí existe un mercado fuerte de capital riesgo. La UE cree, en este sentido, que debería desarrollar un capital riesgo privado y fuerte al estilo americano para poder competir en la liga de los grandes.

En otros países, sin embargo, quien ha jugado el papel innovador central ha sido el Estado. En China, el gobierno nacional y los gobiernos locales han creado entidades públicas de capital riesgo para poder financiar proyectos tecnológicos arriesgados, punteros y ambiciosos —aquellos que suelen generar reticencia en el sector privado—. En Corea del Sur o Japón, los gobiernos también han tenido un papel similar. El Estado no solo se ha posicionado como financiador, sino como primer comprador y usuario de tecnologías emergentes, actuando como elemento tractor. También ha jugado el rol de acercar el sector tecnológico y el militar, cofinanciando tecnologías de doble uso civil-militar.

En China —pero también en Estados Unidos— existe un culto a la gran escala que genera incomodidad en Europa. Nosotros a menudo preferimos las pequeñas empresas en lugar de los gigantes. En el mundo tecnológico, sin embargo, la escala es decisiva: como hace China, la UE debería enfocar su inversión en grandes proyectos innovadores, con un alto nivel de riesgo, disrupción y avance tecnológico. Quizás muchos de ellos fallen. Pero para crear grandes gigantes europeos debemos estar dispuestos a jugar una partida a largo plazo, donde las apuestas, los riesgos y las ganancias sean a gran escala.

Por otro lado, la UE debería aumentar su alma comercial. El continente europeo tiene buenos resultados en investigación. El problema lo solemos tener cuando queremos llevar una innovación universitaria al mercado. Los chinos son expertos en esto: durante décadas, han sido capaces de tomar tecnologías creadas por otros, incorporar ligeras mejoras, fabricarlas en masa y llevarlas al mercado a precios competitivos. En ámbitos como la cuántica y las aplicaciones industriales de IA, quizás Europa todavía tendría oportunidades para crearse un mercado.

Finalmente, la UE debe apostar por la ciencia y la tecnología con estrategias de décadas, a largo plazo, a la vez que con suficiente flexibilidad e iteración ante los cambios tecnológicos. De nuevo: países como China, Japón o Corea son ejemplos de estrategias positivas. No nos hace falta ser un régimen de Partido Comunista o un gigante económico para poder aplicar las lecciones positivas que han funcionado en China.

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