💡 ¡Bienvenido/a a una nueva edición de esta newsletter para curiosos del futuro del trabajo, las nuevas formas de trabajar, la evolución de las organizaciones y la tecnología!
🎙️ Soy Israel Alcázar, co-fundador de Thinking With You donde llevamos más de 11 años acompañando a organizaciones en sus procesos de evolución organizacional. Si necesitas ayuda con alguno de los retos en tu equipo u organización. ¡Hablemos!
Ahí estas, atrincherado en tu búnker.
Tac, tac, tac… otra tarea tachada. Qué subidón, ¿eh?.
Te sientes el rey del mambo, el empleado del mes de tu propia burbuja de aislamiento.
“No tengo tiempo para un café”, le sueltas con desdén al compañero que osa asomar la cabeza por tu puerta. Pobre iluso. No sabe que estás ocupadísimo salvando la empresa, un correo electrónico a la vez. Done, done, done. Qué maravilla de eficiencia.
Pero déjame decirte algo que igual te escuece un poco: eso no es productividad, es un refugio cobarde. Nos han vendido la moto de que trabajar es vomitar entregables sin mirar a los lados, como burros con orejeras avanzando hacia la nada. Y claro, llega el final del día y tu lista de tareas está impoluta, brillante, pero tu capital social está en números rojos. No has conectado, no has mirado a los ojos a nadie, no has construido nada que valga la pena más allá de un PDF que nadie va a leer con el mismo cariño que tú le has puesto.
Aquí viene la gracia del asunto.
El día que necesites un favor, que tu proyecto se atasque o que necesites una mente fresca para solucionar ese marrón que te quita el sueño, vas a levantar la cabeza y te vas a encontrar un desierto.
Cri, cri…
Has estado tan ocupado siendo “eficiente” en tu cueva que se te olvidó ser compañero. Y ahora, cuando busques esa interacción genuina, te van a mirar como al extraño que solo sale de la cueva para pedir.
A veces nos llenamos la boca diciendo que las personas son el activo más importante en una empresa.
Y nos quedamos tan anchos.
Pero la realidad es que, si hay algo más vital que las personas mismas, es lo que ocurre entre ellas. Los resultados que consigues no son proporcionales a las horas que pasas aporreando el teclado, sino a la calidad de las relaciones que eres capaz de tejer.
De nada sirve juntar a los mejores talentos del mercado en una sala si no saben tomarse un café juntos. Tienes un grupo de solistas desafinando a la vez, no un equipo.
Así que hazte un favor y deja de medir tu valía por la cantidad trabajo que haces en tu aplicación de gestión favorita y sal de la cueva.
Acepta ese café.
Pierde el tiempo charlando, porque paradójicamente, esa es la única forma de ganarlo a largo plazo. La verdadera productividad no va de terminar tareas, va de crear los vínculos necesarios para que esas tareas tengan algún sentido.

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