Lee el podcast de De Chorizos a Estrellas de Cine: El Vaquilla, el Torete y el cine Quinqui - Juan Rada
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...presente. Dale, caña, Torete, que nos persigue. Tranquilo. No se mueve, Torete, no se mueve, está muerto. Caya, cagado, que va a estar muerto, se desmayó nada más. ¿Pero es ese que llaman el Torete? Sí, señor. Adentro. A mí me gusta estar suelto, andar por ahí, ser libre y no estar a golpe de pito. Y que serás mía, aunque le pese al mosca a tu tío y a quien sea. Que te quiero a mí solo y para siempre, por mi libertad. Un día, ¿qué escopetilla tan maja? Tres más tenemos, una para cada uno. ¿Y munición? Apuñado. Dios, la que vamos a armar. Toma. A lo mejor llega para sacar a mi porra de la carne. ¿No me prometiste que no lo hagas? Calla, que si ahora hablas te puede dar un palmo y el corazón te separa. Mejor el pijo, maricón de mierda. Asesinatos sin resolver, crímenes que helaron la sangre de la sociedad, actos oscuros y enigmas que desafían la razón.
Juan Rada, el maestro de la sombra y el relato, te adentra en los capítulos más oscuros de la historia. Justicia o venganza, verdad o mito, aquí cada detalle es una pista, cada susurro un secreto y cada caso una invitación al abismo. Descubre en El misterio se escribe con sangre. La delgada línea entre lo real y lo inexplicable. Ese cine promovió determinadas conductas y cómo determinados personajes que venían del mundo de la delincuencia acabaron, aunque fugazmente y momentáneamente, siendo estrellas. Y para hablarnos de todo esto nos visita Juan Rada. Juan, bienvenido, ¿cómo estás? Hola, buenas. Y en este caso también Criminales Noches, porque vamos a hablar de cine, pero efectivamente también de Crónica Negra. Cine kinky, Juan. A mí personalmente me gustaban mucho esas películas.
A ver, tienen poca gracia, están mal hechas, pero bueno, dentro de todo, no estaban del todo mal. Voy a hacer un poco de historia de dónde viene la expresión de kinky. Porque los kinkis, los mercheros, son un grupo social marginado, con personalidad propia, que generalmente se ha venido ganando la vida, hasta hace muy poco, como kinkayeros ambulantes. Trabajaban para su venta con objetos de metal, generalmente a su valor, tijeras, dedales, imitaciones de joyas. Y ahí procede de trabajar la quincaya el nombre de Kinky. Ahí había gente honrada y también otra que dejó mucho que desear. Nombres delincuenciales que se han hecho populares por sus atracos y crímenes. Aún se recuerdan los asaltos sangrientos del Lute, el Kinky Ríos, los hermanos del Lute, el Lolo y el Toto y de otros Kinky. Crónicas de asalto y sangre.
Podríamos hablar de ello otro día en otro programa, porque eso sí es crónica nejera pura. El término kinky, a raíz de eso, de la actividad de esta gentucilla, o gentuza, porque hicieron correr la sangre, cometieron graves delitos, pues el término kinky pasó a adoptarse como sinónimo de delincuente. Y así se denominó a una serie de jóvenes delincuentes callejeros que en la década de los años 70, 80, algo principios de los 90, vivían al límite en todos los sentidos. Las salas de juego, en especial las de billar, eran sus lugares de reunión. Las drogas y el sexo, su objetivo, como trasfondo, la consecución rápida de dinero. Proyectaban una imagen de marginalidad, rebeldía y escapismo. Su vida era la calle y la heroína... auténtica pandemia de la época. El motor que los ponía en funcionamiento, que los ponía a 100. Iban unidos siempre lo uno y lo otro. Eran, como se decía entonces, los putos

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