No sé si recordaréis aquellos vídeos en los que te presentaban un objeto y tenías que descubrir si era algo real o una tarta. Durante un tiempo muchas personas estuvimos hiperalerta ante este tipo de vídeos, tratando de descubrir hasta que punto algo era real o no. Pero eso era un juego, y al menos era gracioso, lo de las Inteligencias Artificiales (IA) empieza a no serlo.
Yo no sé dibujar manos. Es algo bastante complicado y no solo lo pienso yo, al parecer también las IA.
Durante los últimos años (especialmente después de la pandemia) ha habido un auge de las imágenes generadas por Inteligencias Artificiales. Eran imágenes que nos sorprendían y nos incomodaban al mismo tiempo. Incluso volvió a resurgir el término valle inquietante, un término que explica esa sensación de incomodidad y rechazo que nos generan ciertas imágenes o máquinas con apariencia realista (¿os acordáis de The Polar Express?, que horror).
Actualmente podemos ver imágenes generadas por IA en absolutamente todos los sitios. Anuncios, Pinterest, Instagram… Imágenes que muchas veces quieren vendernos como reales o como ilustraciones creadas por personas. También es verdad que sale mucho más barato crear una imagen con un software que contratar a un ilustrador, aunque hay que tener en cuenta que se nota, y mucho, en la calidad del resultado.
¿Y qué ha provocado todo esto? La hiper vigilancia. Estamos constantemente alerta. Ampliando cada imagen, mirando esas manos y las caras de los personajes secundarios. Observamos cada línea, mirando si es recta o no, si esto conecta con esto o con lo otro o no. Nos hemos vuelto hiper vigilantes ante cualquier mínima sospecha.
Tiktok e Instagram está lleno de vídeos comparando imágenes reales con otras generadas por IA, volviéndose un juego de encontrar las diferencias. Pero no es un juego divertido. Me da miedo cometer un fallo. Me da miedo no saber cuál es real. Me da miedo no confiar en artistas que dibujan en digital por no saber si ese trabajo es auténtico o no.
Como seres humanos cuando nos aparece una duda tendemos a la comprobación. Aunque muchas redes sociales están empezando a aplicar la etiqueta de “generado por IA”, sigue sin aplicarse a todas las imágenes. Y al no tener una certeza real de lo que estamos viendo, tendemos a seguir comprobando hasta quedarnos tranquilos. Buscando reducir la incertidumbre que nos genera la duda.
Pero la hipervigilancia no aparece únicamente ahí. Hemos visto múltiples montajes creados de esta forma, que pueden dificultarnos el diferenciar entre lo que es real o no. Por no hablar de que menudo mal rollo cuando sale una IA generando imágenes de menores…
Hace unos meses empecé un hobbie nuevo: la costura. Y diréis, “Gabriel, céntrate, ¿Qué tiene que ver?” Pues todo. Una cosa de la que me he dado cuenta últimamente es del auge de los hobbies manuales.
Hay tropecientos sitios en Madrid para ir a pintar tazas, hacer cerámica, cursos de cocina, pintura… Cada vez veo a más gente joven utilizando su ocio para bordar, coser, dibujar, hacer crochet o pintar. Gente que restaura muebles, hace jardinería, maqueta fanzines…
Puede que sea mi percepción, pero me viene una sensación (quizás muy optimista por mi parte) de que es una pequeña revolución contra las IA. Contra la hiper tecnologías está resurgiendo lo artesanal.
Pasamos dos meses encerrados en casa en 2020, después de eso basamos nuestro ocio, socialización y trabajo en lo online y, poco después, aparecieron las IA. Creo que necesitamos algo tangible. Necesitamos cosas que tocar, socializar con gente y crear comunidad. Queremos coser nuestra propia ropa, pintar nuestros propios cuadros y hacer nuestra propia vajilla. Cosas que podamos coger, mirar y decir: “esto no podría hacerlo una IA”.
Como conclusión a todo esto he de decir que hay que buscar el punto medio. ¿Son las IA terroríficas? Depende. No son muy eco-friendly que digamos, pero eso es otro tema.
Obviamente las IA pueden ser algo beneficioso para nosotres, nos puede ayudar a facilitarnos muchas cosas de nuestro día a día y ayudarnos. También han venido para quedarse y tendremos que llegar a un punto de adaptación. Pero también tenemos que acercarnos a ellas con cuidado, comprendiendo el impacto que generan en el mundo y en nuestra propia conducta.
Os dejo con esta gran frase que lleva ya tiempo dando vueltas por mi cabeza:
“Quiero que la IA haga mi colada y lave mis platos para que yo pueda hacer arte y escribir, no que la IA haga mi arte y escriba para que yo pueda hacer mi colada y lavar mis platos”
Menos hipervigilancia ante si algo es un objeto o un pastel y más cosas tangibles que nos conecten de verdad con las cosas que son valiosas para nosotres.
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