¡Hola!
Leer en papel.
Y ya está.
El texto de hoy podría acabar perfectamente aquí, porque creo que no hace falta que lo explique. Quien lo hace lo sabe. Leer en papel lo es todo. No es solo la vista. No es solo que todo a tu alrededor se difumine y que el volumen del ruido ambiente baje. No es solo tu imaginación pintando personajes y escenarios. También son los colores. También es el tacto. También es el olor. Todo es todo.
Mi madre ha sido socia del Círculo de Lectores durante gran parte de su vida. Y antes que ella, mi abuelo también fue un gran lector. Todo eso se traduce en centenares de libros forrando una parte considerable de las paredes de la casa en la que me crie. Siempre hubo libros, incluso cuando todavía no les prestaba tanta atención como ahora. Y cuando por fin tuve mi flechazo real con la lectura, que tardó en llegar, pero por suerte llegó, los primeros libros que adoré, antes habían sido sujetados por las manos de mi madre y por las de otros seres queridos. Todas esas manos encadenadas no cambian la intención del texto, pero sí que pueden enriquecer la experiencia de lectura.
Recuerdo la primera vez que abrí el ejemplar de El amor en tiempos del cólera de Gabriel García Márquez de mi madre. Lo recuerdo, porque nada más hacerlo, cayó de entre sus páginas una postal que ella había decidido guardar ahí. En una cara, la foto de García Márquez en blanco y negro. En la otra, una nota de agradecimiento del escritor a su mujer, por haber creído en él y haber aguantado todas las penurias posibles para que su marido pudiese escribir Cien años de soledad a tiempo completo durante demasiado tiempo.
Hace unos dos años, Isabel me puso delante un libro de Valeria Mata. Era Todo lo que se mueve. Me lo prestó y con él, me prestó un trocito de ella. De lo que cree. De lo que valora. Y es que, durante mi lectura, tuve la suerte de irme encontrando pequeños fragmentos subrayados con un rotulador amarillo por ella. Sentí que leía acompañada. Ahora que tengo mi propio ejemplar del libro, echo en falta el amarillo, indicándome que Isabel estuvo allí antes que yo.
Esta semana, mi pareja me descubrió r/foundpaper, un subreddit donde la gente comparte notas de completos desconocidos que se encuentran en lugares inesperados. Y entre ellas, había notas, listas y cartas que se habían quedado entre las páginas de libros de segunda mano.
Todo esto ha hecho que me empiece a apetecer mucho establecer una conversación incompleta con extraños. Quizá me proponga empezar a dejar notas dentro de mis libros y de los libros de los demás, de forma completamente descontextualizada y sin saber la reacción que causará en los otros. Solo por el placer de saber que he dejado un pequeño pedazo de mí en un libro y que eso hará que su lectura sea distinta a la de cualquier persona que abra otro ejemplar. Sería una especie de exlibris relajado y con trasfondo. Y como espero haber generado la misma inquietud en vosotros, dejo a continuación una lista de algunas cosas que me gustaría encontrarme algún día dentro de un libro.
- Un clavel rojo disecado.
- Un mensaje escrito con un alfabeto en el que sea analfabeta.
- Una estampita de San Judas Tadeo, simplemente, porque me encanta su nombre. Un saludo a todos los Judas Tadeo que se lean esta carta.
- Una declaración de amor de un niño de nueve años.
- Un poema hecho desde la bilis y el despecho.
- Un trozo de tela con un estampado bonito.
- Una foto de carné.
- Un trozo de lechuga.
- Una tuerca de pendiente.
- Una pestaña.
- Un punto de libro que promocione un libro descatalogado.
- Un número de teléfono apuntado en el margen de la hoja.
- Un panfleto de una fiesta que ya no existe.
- Una firma que no se entienda.
- Una receta médica caducada desde hace treinta años.
- Una dedicatoria tachada.
- Una hebra de tabaco.
- Un billete de bus de una ciudad en la que nunca haya estado.
- Una lista de nombres y apellidos, con algunos nombres tachados.
- Una tarjeta de crédito.
- Un palillo sin usar.
- Un recorte de una noticia de la sección de sucesos.
- Una pulsera de hilo.
- Una invitación al cumple de Juanito.
- Un chiste en un post-it.
- Una lista de la compra.
- Una receta que nunca falle.
- Un sobrecito de muestra de sérum facial.
- Una reseña divertida del libro en cuestión.
- Un lazo de raso de color verde botella.
- Un contrato de arras.
Quizá estaría bien añadir en la lista algunas cosas de pájaras, como huellas de patitas de gorrión, o una pluma caída, o incluso postales con pajaritos.
Hace unos meses pensé que sería bonito abrir un buzón físico para que creásemos entre todos una colección de postales bonitas de aves y cosas relacionadas con ellas. ¿Esto le interesaría a alguien aparte de a mí? ¿Abrimos un consultorio aviar? Si os gusta la idea, mandadme una señal y le doy forma.
Puede que las próximas semanas mis cartas no os lleguen con la regularidad a la que os tengo acostumbradas. Si eso pasa, no os preocupéis, no será porque me haya ido, sino más bien porque estaré en proceso de preparar nuevos avistamientos y nuevas láminas de Fauna Local. Una pájara nunca descansa, pero a veces, tiene que volar más bajo, sin necesidad de que haga un frío del carajo.
Gracias por vuestra comprensión.
Muchísimas gracias por leer. Y por obsequiar bien al siguiente lector.
Si mientras leías esto has pensado en alguien, envíaselo 🎁.
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Y si quieres dejarme un comentario o responderme por mail, por favor, no te cortes, que me hará mucha ilusión 💗.
¡Nos vemos en el próximo avistamiento!

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