Acostada marco esta detección inminente. Mientras rodeas este cuerpo que se detiene entre tus manos friccionadas, desprovistas de apuro, lo percibo todo; tu respiración, tu adiós suspendido, la despedida inminente.
Agrietada, completa, existente, desaparecida, contradictoria.
Recibo esa soledad inerte, que todavía no despierta, pero ya está. Recojo en pedazos aquel virginal ser y lo guardo en el frasco que sé que pronto se romperá. Esa memoria que retiene un adiós no dicho, una cicatriz que toco en su profundidad… y vuelvo a abrir.
Busco en las mañanas la permanencia. Estática, penetro el pensamiento como si pudiera detenerlo todo. Y todo pasa.
De nuevo tus manos. Tus abrazos que me rodean en la intermitencia…
¿La intermitencia de qué?
¿De la muerte, como dice Saramago?
O no lo sé.
La intermitencia de nosotros.

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