Esta semana Hartnett hace algo que no había hecho en meses.
El Indicador Alcista-Bajista de BofA baja de 9,7 a 9,3. Primera reducción significativa desde que empezó la racha de señales de venta en mayo. El motor no es el mercado cayendo… es el dinero moviéndose. Tecnología registra su primera salida en siete semanas. El oro recibe la mayor entrada desde enero. Los materiales vuelven. Y China sangra con la mayor salida desde mayo.
Pero el dato que más me ha impactado de esta nota no está en el indicador ni en los flujos.
Los clientes privados de BofA tienen ahora el 66,4% de su cartera en acciones —máximo histórico absoluto. Y el 9,4% en efectivo —mínimo histórico absoluto. Nunca habían estado tan invertidos y tan poco líquidos al mismo tiempo. Eso no es una señal de venta. Es una señal de que cuando llegue la volatilidad, no hay colchón para absorberla.
Y luego está el principal problema que ve: la deuda pública americana acaba de superar los 40 billones de dólares. El coste de servicio alcanza 1,4 billones anuales —más que el presupuesto de defensa. Y el bono a 30 años ha perdido el 50% desde máximos.
Al otro lado está el análisis completo: los flujos detallados, el mapa de trayectorias del IPC, el gráfico del oro con el comentario más directo que ha escrito Hartnett sobre el metal en meses, y el calendario de los siete eventos que van a mover los mercados de aquí a octubre —con fechas, probabilidades y mi lectura de cuál de todos me preocupa más.
(Nada de esto es una recomendación de inversión. Son mis decisiones personales con mi análisis detrás. Cada inversor es responsable de las suyas).
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