Fui por un café con una amiga, a hablar de desamor. Porque las mujeres tenemos esa vieja manía de hablar de los mismos hombres una y otra vez.
Yo soy el refugio de su historia y ella de la mía.
Fuera de esa mesita en el jardín, ninguna de las dos habla de las penas que nos perseguían en 2019, es tema cerrado. Pero en esas horas nos regalamos el privilegio de quejarnos sin culpa.
El café se nos enfrió. La temperatura de tu café es directamente proporcional a la calidad de la plática. A nosotras siempre se nos enfría.
Por más amistades así, en las que se permitan los pleonasmos y quejarnos de lo mismo durante años.
Yo siempre he sido adicta al desamor, al subidón de energía que viene después de las lágrimas, al coraje que da la venganza.
Colecciono historias de desamor, las mías y las ajenas. Como una prueba viva de la capacidad que tenemos los seres humanos de cambiar de piel y transformarnos.
Me gusta preguntar en qué se convirtieron después de llorarle a ese amor. Yo aprendí idiomas, escribí historias, aprendí a coser e hice rutinas de ejercicio que no haría en mi sano juicio.
Yo aún no me he encontrado una mujer en esta vida que, después de terminar una relación, no se haya metamorfoseado en algo increíble.
No sigas mis consejos. En lo más mínimo. De evitativa patológica a tóxica sin filtro. Fui la amiga que no se daba cuenta y he de confesarte que he revisado un par de celulares, así que dudo mucho que tenga algo que enseñarte.
El año pasado eliminé TikTok porque cada vez que entraba a la app me convencía de que todos mis vínculos estaban destinados al fracaso. Las razones eran múltiples: que por qué no hacíamos el chequeo mensual o nuestros lenguajes del amor no eran compatibles. Cada día encontraba un nuevo diagnóstico, una prueba que las parejas del otro lado de la pantalla me aseguraban que era clave para tener una relación sana.
Soy de esas, de las que se convence fácilmente de que hay otras vidas más perfectas, de que de algún lado anda cojeando la mía.
Me avergüenza decir cuántas veces estuve a punto de dejar una relación perfectamente estable porque los trends de TikTok me hicieron creer lo contrario.
Si eres de las mías, de las que se pasan el día buscando razones para salir corriendo, haz como yo y elimínalo.
El amor se ve de muchas maneras; dejemos de comprar consejos de autoayuda como si todos habitáramos el mismo cuerpo. Como si nuestros corazones no anhelaran todos algo distinto.
Yo quiero que me miren con curiosidad y me sostengan en la locura.
Pero hace 3 años buscaba algo distinto.
¿Por qué mi cuerpo ha de buscar lo mismo que el tuyo?
La única definición a la que me aferro cuando desconfío de este cuerpo es la de bell hooks.
He tenido que hacer paz con mi anhelo de compañía, de acompañar y ser acompañada.
Con la posibilidad de que quiero testigos de mi vida, sean amigos, pareja, familia, animales, plantas; quiero una vida que esté rodeada de otras vidas.
Ayer me despedí de mis amigos y traigo el alma apachurrada. Mientras escribo esta entrada, no puedo evitar pensar lo mucho que esa definición de bell hooks se parece a la amistad.
Atestiguar vidas distintas es un privilegio del que poco se habla. Los años pasan y nuestras amistades siguen desprendiendo un aire de misterio, la posibilidad de que nos sorprendan con una nueva obsesión, un nuevo vicio.
A los amigos se les extraña distinto que a los amores. A ellos, los guardianes de una versión de mí que pocos conocen.
El amor romántico debería parecerse un poco más a eso, amarse dejando el suficiente espacio entre nosotros para que el otro pueda transformarse.
Te prometo que, aunque no todo esté bien, siempre estarás rodeada de personas que te harán sentir que lo está. Aunque las nubes no aparezcan en semanas y la muerte se cobre a todo lo más hermoso. Siempre habrá alguien.
Y a veces, con eso basta. Una mano que nos sostenga, una frase de alivio, un rincón donde derrumbarse.
No puedo prometerte que todo estará bien, pero puedo prometerte esto, que es casi lo mismo.
Quiero una vida rodeada de otras vidas.
-Con cariño,
Haya, que te acompaña en la distancia.
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