Espiral es una asociación de profesionales de la educación, una red que desde 1993 trabaja para impulsar la innovación educativa mediante el uso de la tecnología. Desde 2014 publican cada año el informe ODITE (Observatorio de Innovación Tecnológica Educativa) y en la edición de este año, dedicada a tendencias, retos y propuestas en la era de la IA, han tenido la amabilidad de entrevistarme. Lo comparto, aunque me temo que en alguna de las respuestas no contesto la pregunta :))
¿Cómo percibes el uso actual de la IA en la sociedad y en el ámbito educativo? ¿Qué discursos, miedos o expectativas detectas a tu alrededor?
Las personas más inquietas lo están utilizando ya de manera sistemática, y empieza a ser inquietante tropezar con un profesional que admita no estar probando cosas con IA. De hecho, la mayor o menor exploración con IA podría ser un indicador de salud profesional, tanto para personas como para organizaciones.
Una empresa que no esté probando nada con IA, o un profesional que no esté probando nada con IA, empiezan a ser un síntoma de que algo no está bien (en su actitud, en sus ganas de aprender, de innovar, en su disposición al cambio).
En general, predominan más los usos personales que los corporativos. Hay más casos de personas que de organizaciones haciendo usos interesantes.
El problema es que empezamos a tener equipos desiguales, en los que algunos de sus miembros utilizan nuevas soluciones y otros no.
Todo el mundo parece estar de acuerdo en que la IA permitirá cosas a la par que comportará cambios y, por tanto, algunos problemas, pero hay una cierta polarización entre quienes la aceptan y los que quieren combatirla, como si no hubiera un camino intermedio. O a favor o en contra.
En concreto, en el ámbito educativo tengo la sensación de que todos los esfuerzos para explorar los usos de la IA están sobre todo en manos de profesionales inquietos, mientras que la administración y las corporaciones están más pendientes de los riesgos, las normas y la regulación. Regular sin haber explorado suele llevar a planteamientos demasiado restrictivos.
¿Cómo valoras la información científica, tecnológica y mediática que se publica sobre IA y educación? ¿Te resulta fiable, accesible o confusa?
Al no ser experto ni profesional del sector, seguro que tengo poca información, o sesgada.
Tengo la sensación de que las organizaciones están confusas y desorientadas, mientras que hay múltiples equipos más o menos espontáneos haciendo libremente distintas investigaciones y llegando a algunas conclusiones inconexas y sin consensos claros.
Mientras tanto, los individuos más inquietos (y los equipos más inquietos) están probando usos reales, mayoritariamente desconocidos para sus direcciones y que, por tanto, difícilmente lograrán ser precedentes que deriven en nuevos protocolos y usos corporativos.
Lo que está claro es que los alumnos usan la IA decididamente, sin que los profesionales tengan instrucciones claras de cómo proceder.
¿Qué papel crees que debería tener el alumnado en los procesos de evaluación educativa cuando se usan herramientas de IA?
No estoy seguro de entender la pregunta. En un proceso de evaluación, el alumnado siempre tiene el mismo rol: es quien tiene que demostrar algo.
Lo cierto es que con la llegada de la IA no tiene sentido evaluar un resultado y hay que poner decididamente el foco en el proceso. Lo importante no es haber entregado un trabajo por escrito, sino cómo se ha generado.
Llevamos tiempo hablando de evaluación por competencias, pero da la sensación de que no tenemos buenos sistemas para evaluarlas.
Seguimos más confortables evaluando los resultados que los procesos.
¿Qué nivel de confianza te inspiran las decisiones de las instituciones educativas respecto al uso de IA (normativas, orientaciones, políticas de uso)?
Desconozco el detalle concreto de qué normativas, orientaciones o políticas de uso han adoptado las distintas instituciones, así que esta respuesta se basa en prejuicios: mi confianza es muy baja.
¿Cómo pueden los docentes, redes profesionales y entidades contribuir a orientar, difundir y acompañar a la comunidad educativa en el uso de la IA?
Quizás, creando comunidades de buenas prácticas. Que los inquietos busquen la manera de reunirse y compartir.
Creo que ya sucedió cuando llegó internet y el mundo educativo empezó a explorar sus usos. Recuerdo grupos de docentes que empezaban a usar blogs, sus primeras reuniones en un pueblo del Bages donde quedaban para compartir y aprender... tengo esa misma sensación.
Que los inquietos se reconozcan y exploren compartiendo.
¿Qué acciones concretas crees que son necesarias para garantizar un impacto positivo de la IA en la educación?
La teoría sería que desde el Gobierno (el que toque) se tuvieran los recursos y la credibilidad.
Los recursos son un tema presupuestario, pero no solo. La credibilidad es una mezcla de capilaridad y conocimiento.
No veo ni una cosa ni la otra, así que seguramente tocará adoptar el camino largo: intentar promover la puesta en contacto de nodos independientes de conocimiento, que deberán explorar sin demasiados recursos ni demasiados apoyos, hasta que puedan demostrar resultados e intentar ser escuchados.

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