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Lo pensé y lo escribí · Sep 1, 2023

El dilema del eterno estudiante

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Frida Toríz · Lo pensé y lo escribí

¿Les ha pasado que buscan aprender o intentar hacer algo nuevo y lo primero que hacen es acumular todo el conocimiento teórico que puedan sobre ello con el fin de sentirse lo suficientemente preparades para hacerlo pero nunca llega ese momento y mientras siguen buscando más y más información?

Si sí les ha pasado, tranqui, les aseguro que no son les úniques en esto pero si no, lucky you!

Más de una vez me he entusiasmado por aprender una habilidad nueva (bordar, leer el Tarot, programar, pintar con acuarelas… y la lista sigue y sigue) y he notado que suelo seguir un ciclo que va más o menos así

  1. Adquiero un interés nuevo

  2. Estudio todo lo que pueda al respecto (cursos, libros, videos, ect)

  3. Lo intento pero el resultado no es el que yo esperaba

  4. Regreso al paso 2

  5. Me quedo en el paso 2

Y después de eso, dicha actividad se queda en el plano teórico junto con las anteriores ya que debido al “fracaso“ del primer intento la confianza en que tengo las habilidades necesarias para realizarla se ven disminuidas a un valor cercano a cero.

Antes, solía dar carpetazo al asunto y dejarlo ahí hasta encontrar otra actividad que captara mi atención.

Después, comencé a ir a terapia y justo este fue uno de los temas que tratamos al principio y mi psicóloga me comentó que este ciclo constante es un tipo de procrastinación que ocurre porque soy perfeccionista.

¿Qué es la procrastinación?

En mi caso, la procrastinación es un mecanismo de defensa que se activa cada que me enfrento a una tarea que yo percibo como complicada y poco grata, entonces mi cerebro decide que no quiere lidiar con ello así que aplaza lo mayor posible el hecho de tener que enfrentarse a esa actividad en particular.

Y ¿Cómo se relaciona con el perfeccionismo?

El perfeccionismo es esta idea de que todo me tiene que salir bien a la primera porque si no no soy lo suficientemente buena y no vale la pena que lo intente.

El origen de esta idea se remonta a mi necesidad de complacer a mi madre y “hacerla sentir orgullosa” añadiendo un toque de baja autoestima mezclado con inseguridad y el creer que mi valor como persona se definía con base en la validación externa (recuerdo que mientras hablaba de esto con mi psicóloga sentía que buscar el verdadero inicio de este lío, era como ese truco de magia donde los magos sacan un montón de pañuelos de colores uno tras otro y que cuando crees que ya terminaron siempre hay uno más, es un cuento de nunca acabar). En resumidas cuentas si yo no era buena en algo las personas no estarían impresionadas y pensarían que era inútil y hasta tonta.

Entonces para evitarme la angustia, pena y dolor que implica el no destacar en la actividad del momento mi cerebro decide postergar el segundo intento lo más que se pueda para esperar el momento óptimo en el que al fin las cosas resultarán tan maravillosamente que no habrá necesidad de seguir intentando

Spoiler alert: no funciona así

Me imagino que a este punto ya tendrán una noción aproximada sobre a qué me refiero con ser un “eterno estudiante” así que voy a pulir la definición:

Ser un eterno estudiante se refiere a cuando te concentras únicamente en los conocimientos teóricos y dejas de un lado la práctica por temor a fallar.

Poniendo manos a la obra, no hay más.

Sé que es más fácil decirlo que hacerlo (porque hasta la fecha sigo luchando con ello) sé que da miedo equivocarse y que da más miedo pensar que no eres capaz de hacerlo si no tienes tus apuntes o a tus mentores cerca de ti.

Spiderman into the Spiderverse lo ilustra bastante bien, cuando Miles le pregunta a Peter B. — ¿Cuándo sabré que estoy listo? y él sólo le responde No lo sabes, es un salto de fe

Otra escena que demuestra que sin importar qué tan preparade estés, la única manera de tener pericia en algo es haciéndolo, es en la primera película de Cómo entrenar a tu Dragón, Hippo está aprendiendo a volar con Chimuelo y no deja de ver sus notas, luego las pierde y es hasta ese momento cuando pone en práctica lo que sabe (dejo aquí la escena porque mis palabras no le hacen justicia)

Y si bien, las personas promedio no tenemos que aprender a pilotar dragones ni mantener a salvo el tejido del multiverso, nuestras inseguridades hacen que desarrollar habilidades nuevas se sienta igual de intimidante.

Con todo esto les quiero decir (y me quiero recordar) que

Es momento de quitarle las rueditas a la bicicleta y alcanzar nuestro equilibrio espiritual (sí, es una referencia directa a la canción de 31 minutos)

Yo sé que ahorita suena muy sencillo “sólo tengo que quitarme las rueditas metafóricas de encima y listo!” pero es porque justo, estamos en el plano teórico.

Siguiendo con el ejemplo de la bicicleta, quienes ya tuvieron esa experiencia saben que no basta con quitarle las rueditas, hay que aprender a equilibrarnos y para eso tenemos que seguir pedaleando y levantarnos cada que caemos una y otra y otra y otra vez hasta que mantener el equilibrio se vuelva algo natural.

En otras palabras, no sólo es cuestión de perder el miedo también hay que practicar constantemente hasta que llegue el día en que nos preguntemos ¿Por qué me asustaba tanto?

Okay ya nos deshicimos del miedo y practicamos constantemente pero, nos queda un último obstáculo a vencer

La comparación con otras personas

Siempre es muy fácil voltear a ver a otras personas y decir “vaya, cuánto ha logrado” todo el tiempo hay publicaciones que nos recuerdan que otras personas a nuestra edad ya tenían un premio Nobel o fundaron una empresa multimillonaria, en consecuencia, al mirarnos nuevamente sólo podemos pensar en todo lo que no hemos logrado, las metas que no hemos alcanzado, los lugares a los que no hemos llegado y francamente, deprime mucho.

Es en este momento cuando más tenemos que recordar que cada persona proviene de contextos diferentes, compararnos con los demás es como buscar las similitudes entre un cuervo y un escritorio, es una tarea ridícula e infructuosa que sólo nos traerá frustración y desmotivación.

La única persona con quien deberías compararte eres tú, compara dónde estabas antes con dónde te encuentras ahora y a pesar de que tu progreso no sea tan rápido o impresionante como te gustaría, ten en consideración que estás avanzando y por lo mismo tienes que sentir orgullo, si tú no te echas porras ¿Quién lo hará?

Reitero que es más fácil decirlo que hacerlo, y que más que con personajes ilustres solemos compararnos con gente cercana llámense amixes, familiares, compañeres, o conocides. Durante toda la carrera me comparé con mis amixes y me sentía insuficiente por no alcanzar el mismo rendimiento académico que elles hasta que en la pandemia me diagnosticaron depresión, con los medicamentos pude controlarla y eso repercutió positivamente en mi aprovechamiento académico.

Con riesgo de parecer disco rayado, vuelvo a repetir que cada persona viene de contextos diferentes y por lo mismo no tiene caso compararnos.

No son enchiladas, este es un proceso de talacha que requiere paciencia y amabilidad con ustedes mismes, apapáchense y tengan presente que las metas pueden ser flexibles, el progreso se ve distinto en cada quién y cuando avancen tres pasos pero retrocedan dos siguen avanzando, no se rindan sólo porque ustedes van a pie y otra persona usa patines porque, de todas formas la meta no es la misma.

Si lo que escribí resonó con ustedes o conocen a alguien a quien le gustaría leerlo, Sería fantástico que lo compartieran.

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Read the original on fridatorz.substack.com

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