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Fran Nortes · Aug 23, 2026

El plato principal

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Fran Nortes · Fran Nortes

El otro día, comiendo con unos amigos, pasó algo que me hizo mucha gracia y que, nada más ocurrir, ya sabía que iba a acabar aquí, en este cuaderno de los domingos. Se lo dije a los que me acompañaban, medio en broma: «esto ya lo estoy escribiendo en mi cabeza». Y es que observaba cómo algunos comensales llevaban un buen rato dándole vueltas a la carta, mirando el plato principal una y otra vez, comparando, descartando, volviendo atrás, mientras el resto ya teníamos decidido lo que íbamos a comer y esperábamos paciente, con esa mezcla de cariño y resignación con la que se espera a alguien que sabe que va a tardar.

Con los entrantes, curiosamente, nunca hay tanto problema. Casi siempre surge alguien que toma la iniciativa, que propone, que dice «pedimos esto para compartir» y todos asentimos aliviados. Es curioso cómo en cualquier grupo humano, ya sea una mesa de amigos o un aula de veinticinco alumnos, siempre aparece esa persona que hace de líder sin que nadie se lo pida, que decide por el grupo y libera al resto de la carga de decidir. Pero el plato principal es distinto. Ahí ya no vale delegar, ahí cada uno se juega su propia comida, y por eso cuesta tanto más.

Y pensando en esto, no he podido evitar acordarme de esas primeras reuniones de departamento de cada curso, cuando yo todavía estaba como profesor y tocaba repartir horarios. Ese momento en que cada docente valora sus opciones, calcula qué le compensa más, mide los huecos, las posibles guardias, los desplazamientos entre aulas, mientras todos miramos de reojo esperando ver quién se decide primero y quién prefiere esperar a ver qué queda libre. También ahí hay quien lidera la ronda, quien propone un criterio de reparto, y quien aguanta con paciencia su turno. Al final, decidir un horario no es solo organizar unas horas en una tabla: es decidir cómo va a ser tu curso entero, con qué energía vas a llegar a cada clase y con qué margen vas a contar para todo lo demás.

Y de ahí a septiembre no hay más que un paso. Porque septiembre es, para muchos de nosotros, el mes en el que se decide de verdad cómo va a funcionar la casa durante los próximos diez meses. Si tienes hijos con actividades extraescolares, sabes exactamente de lo que hablo: cuadrar quién los recoge, a qué hora empieza cada actividad, qué días se solapan, cómo encajar el trabajo con esos horarios que parecen pensados para que nadie llegue a todo. Septiembre nos obliga a decidir, y decidir bien en septiembre suele significar respirar mejor el resto del curso.

Y hablando de decisiones que marcan el resto del curso, no puedo dejar de pensar en todos los que vais a preparar las oposiciones del próximo año. Porque elegir en qué especialidad presentarse, cuánto tiempo dedicarle cada semana, qué dejar en segundo plano durante unos meses, es exactamente el mismo tipo de decisión que la del plato principal de aquella comida: no se puede delegar, os la jugáis vosotros, y por eso cuesta. Nosotros empezamos el 1 de septiembre con las especialidades de Educación Primaria, Infantil y Audición y Lenguaje para Andalucía, con Formación Profesional en Mantenimiento de Vehículos y Sistemas y en Aplicaciones Informáticas, y con Secundaria en Educación Física, Informática, Biología y Geología, Inglés y Música. Cada una de esas especialidades es, para quien la prepara, su propio plato principal: la decisión que de verdad importa, la que no se puede repartir con nadie más y la que hay que tomar mirando de frente, sin miedo a equivocarse mientras se elige.

Porque al final, ya sea eligiendo qué comer, qué hora dar clase o qué examen preparar, decidir siempre tiene ese punto incómodo de saber que, elijas lo que elijas, dejas algo fuera. Y quizás la clave no esté en acertar siempre, sino en decidir con la información que tenemos, confiar en el criterio y, sobre todo, no quedarnos eternamente mirando la carta mientras los demás ya han empezado a comer. Porque la vida, como la mesa, también sirve por turnos, y quien tarda demasiado en decidir corre el riesgo de que decidan por él, o de quedarse, sencillamente, sin plato.

Si algo he aprendido acompañando a tantos opositores a lo largo de los años es que la mejor forma de decidir bien no es tener más tiempo, sino tener más claridad. Por eso, con cada uno de ellos, lo primero que hago es elaborar su plan de trabajo semanal, partiendo de conocer su situación, sus objetivos y su disponibilidad real. Decidir con método pesa mucho menos que decidir con miedo. Si quieres saber cómo lo trabajamos, tienes toda la información en mi web www.frannortes.es

Feliz domingo y a por la última semana de agosto. Que septiembre nos encuentre con el plato ya elegido.

Besos y abrazos,
Fran Nortes

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Read the original on frannortes.substack.com

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