RSS Amplifier

de sostenible a antifrágil · Jul 19, 2026

Diseñar con el clima, no contra él

0
Sign in to vote or save

Francisco Colom · de sostenible a antifrágil

¿Capital de Zimbabue?

Harare.

Pues allí, en 1991, una promotora comenzó a planificar Eastgate, un edificio de oficinas y comercios que ocuparía una manzana entera. Y decidieron que debía mantener unas condiciones térmicas aceptables sin aire acondicionado.

¿Por qué?

Porque importar estos equipos podía representar entre el 15 y el 25 % del coste del edificio. Y conseguir recambios si se estropeaban no sería sencillo.

El arquitecto zimbabuense Mick Pearce aceptó el reto. En lugar de luchar contra el clima de Harare, se propuso convertirlo en parte del sistema. Para ello, se fijó en una arquitectura que llevaba millones de años funcionando bajo sus pies:

Los termiteros.

Bajo tierra, las termitas construyen sus nidos y cultivan hongos que les ayudan a transformar materia vegetal en alimento. Termitas y hongos consumen oxígeno y liberan calor, humedad y dióxido de carbono. Sin renovar el aire, la colonia terminaría asfixiándose.

Necesitan que sus nidos respiren.

Torre de tierra de un termitero
Artush - Getty

La torre de tierra que ves en la foto forma parte de ese sistema de respiración. Lo que no ves es la red de galerías interiores. Tampoco cómo las diferencias de temperatura ponen el aire en movimiento ni cómo las paredes porosas permiten intercambiar gases con el exterior: entra oxígeno y sale dióxido de carbono.

Estudiar esa arquitectura no humana permitió a Pearce y su equipo concebir un edificio distinto.

Primero, se centraron en evitar que entrara el calor. Las torres convencionales de vidrio primero dejan entrar la radiación solar y después necesitan consumir energía para expulsar el calor que ellas mismas han dejado entrar... Decidieron hacer lo contrario: limitar el tamaño de las ventanas y utilizar fachadas profundas que proyectan sombra, bloqueando la entrada de radiación solar directa.

Se centraron en prevenir el problema en lugar de resolverlo.

Imagen exterior de la fachada larga del edificio
M. Pearce
Fachada del edificio
M. Pearce

También decidieron aprovechar las oportunidades del clima. En Harare, durante buena parte del año, los días cálidos dan paso a noches entre 10 y 14°C más frescas.

El equipo añadió ventiladores que introducen aire frío del exterior en el edificio. Ese aire enfría los forjados de hormigón, que actúan como una batería térmica: acumulan frescor durante la noche y, gracias a su inercia, se mantienen frescos durante buena parte del día. En lugar de fabricar frío con máquinas, el edificio aprovecha el que ofrece el exterior y lo almacena en su estructura. El clima deja de ser un problema y se convierte en un recurso.

Cuando el aire interior se calienta, asciende y sale por unos conductos conectados con las chimeneas de la cubierta. Así, el propio movimiento del aire ayuda a ventilar el edificio.

Esquema del funcionamiento del edificio
Arup

Y el caso es que funcionó.

Arup, colaborador del proyecto, afirma que Eastgate utiliza un 90 % menos de energía para calentar y enfriar que un edificio convencional. Es una cifra muy alta, merece cierto escepticismo, pero tiene sentido que el edificio consuma menos gracias a las estrategias aplicadas.

También es cierto que el edificio no es la historia perfecta que he visto en algún vídeo de 30 segundos de Tik Tok. La realidad tiene más aristas. Lejos de convertir Eastgate en un edificio peor, lo convierten en uno real.

Para empezar, el edificio depende del clima de Harare y de sus bajadas de temperatura. Cuando las noches no refrescan lo suficiente, el hormigón no consigue liberar todo el calor acumulado y el sistema pierde capacidad para reducir la temperatura durante el día. Esto quiere decir que no es una solución que podamos copiar y pegar en cualquier lugar (ninguna lo es).

También quiere decir que no nos ofrece un control total. Durante algunos días, las oficinas pueden superar la temperatura que hoy exigiríamos a un espacio climatizado. Puede parecer una limitación del edificio, pero lo excepcional no es que la temperatura cambie, sino exigir que permanezca siempre igual, independientemente de lo que ocurra en el exterior.

Por otra parte, contrario a lo que dicen algunos de esos vídeos de 30 segundos, Eastgate sí utiliza electricidad. El edificio incorpora ventiladores, sistemas de control y calefactores eléctricos. Es un sistema híbrido: reduce la dependencia de los sistemas artificiales, no los elimina.

Dibujo del termitero (izquierda) y fotografía de las chimeneas del edificio (derecha)
M. Pearce

Por último, sabemos que el edificio reduce el consumo de energía durante su funcionamiento, pero no sabemos mucho sobre las emisiones generadas durante su construcción. Al parecer, sus forjados de hormigón eran más complejos y costosos que los convencionales. Y los dos niveles de aparcamiento subterráneo tampoco ayudan.

Conviene recordar que el edificio se construyó hace treinta años, cuando apenas se hablaba de la huella de carbono de los materiales. Desde entonces, nueva información nos hace entender los edificios de otra manera.

Y no solo los edificios, sino también los termiteros.

En los años 90 se creía que funcionaban como una chimenea: el aire caliente ascendía por el centro y, al salir, hacía entrar aire fresco desde la base. Pero investigaciones más recientes han revelado un mecanismo más complejo. Sensores instalados dentro de los termiteros han mostrado que las galerías exteriores se calientan y se enfrían antes que el núcleo. Durante el día, esa diferencia mueve el aire en una dirección; durante la noche, en la contraria. Así que el termitero funciona menos como una chimenea y más como un circuito de ventilación que respira al ritmo del día y de la noche.

Vamos a dejarlo aquí porque eso da para otro email. El caso es que la observación de esta arquitectura no humana permitió a Pearce intuir una manera distinta de diseñar su edificio. Aprovechando estrategias de ventilación naturales, la sombra de una fachada profunda y el frescor de la noche.

Ya sabes: diseñando con el clima, y no contra él.

A eso dedico el capítulo 13 de Cómo hacer hielo en el desierto. O, en realidad, el libro entero.

Cómo hacer hielo en el desierto

Fachada del edificio
M. Pearce

Compartir

Read the original on fcolom.substack.com

Comments

Nothing yet. Say the first thing.

    Sign in to join the conversation.