Esta semana, aprovechando el Black Friday, quería hacer una edición diferente. Hoy no vamos a hablar de ofertas proyecots, sino de proyectos que apostaron todo a una idea… y terminaron viviendo su propio ‘viernes negro’ por no validar antes de construir.
En los últimos años he visto el mismo patrón: equipos ilusionados, meses de desarrollo y cero validación real del mercado. Se avanza con ideas felices y luego llega el golpe: tiempo perdido, dinero tirado a la basura y la sensación de que “nadie lo vio venir”.
Cada Black Friday me recuerda lo mismo: productos que nunca debieron existir intentando salvarse a última hora. En las empresas pasa igual: los proyectos sin validar terminan viviendo su propio ‘viernes negro’: silencio, frustración y una muerte lenta que todos prefieren ignorar.
Para que entiendas mejor a qué me refiero, quiero contarte cuatro casos reales. Diferentes sectores, distintos equipos, pero el mismo resultado: ideas que murieron porque nadie validó nada antes de construir.
Juicero levantó 120 millones para fabricar un exprimidor futurista de 400 dólares. La máquina era preciosa, tecnológica y compleja. El problema real apareció cuando Bloomberg demostró que podías apretar las bolsas con la mano… y obtener el mismo zumo pero más rápido.
La señal ignorada: nadie validó si el producto resolvía un dolor real.
La lección: Solo habían validado que podían construirlo, no que alguien lo quería.
Amazon lanzó un smartphone con cámaras 3D y reconocimiento inteligente de objetos. Tecnológicamente era un juguete impresionante, pero nadie lo necesitaba; solo cumplía el sueño personal de Bezos.
La señal ignorada: ni una sola evidencia de que el mercado quisiera un teléfono 3D. Consecuencias de unas pérdidas de 170 millones y un producto enterrado en silencio.
La lección: : tu CEO no es tu cliente.
Coca-Cola apostó por una versión “intermedia”: menos azúcar, pero no cero. A nivel operativo, para I+D y distribución, era un éxito. A nivel deseo… no lo era. El consumidor español quería dos extremos claros: Original o Zero.
La señal ignorada: nadie validó si la gente quería una opción “tibia”.
La lección: Hay que validar primero con tus clientes para saber que buscan/quieren.
Hace unos años lancé Lettermind, un agregador de newsletters donde podías leer todo sin suscribirte y desde una sola app. Sobre el papel sonaba bien. En la práctica, chocaba contra un hábito imposible de romper: la gente lee newsletters en su email, no en una plataforma externa.
Estuve casi tres años sacando versiones, invirtiendo dinero y esperando que la retención mejorara. Nunca ocurrió. No era un problema de diseño ni de funcionalidad: era un comportamiento arraigado.
La señal ignorada: pedía al usuario cambiar cómo leía, y nadie quería hacerlo.
La lección: si tu producto exige alterar un hábito profundo, necesitas validación desde el día uno… o te estrellas.
Si miras los cuatro ejemplos —una máquina absurda, un teléfono con cámara 3D, una Coca-Cola que nadie pidió y un agregador de newsletters que no cambió hábitos— todos se hunden por lo mismo: construir antes de validar.
No fallaron por falta de tecnología, presupuesto o talento.
Fallaron porque nadie comprobó si esa idea feliz que tenían, resolvía un problema real para alguien.
La conclusión es incómoda, pero necesaria: las ideas no mueren en el lanzamiento, mueren mucho antes.
Después de ver estos casos una y otra vez —y de vivir el mío— he entendido algo: la mayoría de proyectos fracasan porque se enamoran de la solución antes de entender el problema.
Así nació mi regla Anti–Black Friday:
“Nunca construyas nada que no puedas vender o demostrar antes de escribir una sola línea de código.”
Y esto no va de intuiciones ni entrevistas. Va de validación.
Para aplicarlo, uso este framework en 4 capas:
No importa si la idea suena bien; importa si el problema es intolerable para alguien.
Preguntas clave:
¿Hay gente pagando hoy por soluciones imperfectas?
¿Ves parches manuales, Excels, apaños?
¿El usuario ya busca cómo resolverlo por su cuenta?
Si nadie mueve un dedo, no hay problema. Y sin problema, tu idea es un capricho.
No busco “me gustas”. Busco Acciones.
Evidencia válida:
Pre-reservas.
Emails explicando por qué lo quieren.
Gente dispuesta a probar algo cutre.
Usuarios trasladando la propuesta a su realidad (“esto me serviría para…”).
Si la promesa no mueve a nadie sin ver el producto final, el deseo solo está en tu cabeza.
Un MVP no es una versión pequeña del producto final, es el experimento más rápido y feo que te permite comprobar si el valor existe.
Si no puedes entregarlo manualmente, simularlo sin tecnología o montarlo en 1–3 días con No-Code/IA, probablemente estás diseñando una solución demasiado compleja para un problema demasiado débil.
La métrica más honesta no es el uso inicial: es la retención.
Preguntas clave:
¿Vuelven solos?
¿Lo usan dos días seguidos sin que yo empuje?
¿Lo meten en su rutina?
¿Lo recomiendan?
Si no vuelven, no hay valor: solo curiosidad.
Esto fue Lettermind al detalle: interés inicial sí → hábito no → retención cero → proyecto insostenible.
La mayoría de ideas no se estrellan el día del lanzamiento, se estrellan mucho antes, cuando nadie se ha parado a validar si resuelven algo real para alguien.
👉 Te propongo un reto: elige una idea en la que estés pensando ahora mismo y pásala por las cuatro capas del framework Anti–Black Friday.
👉 Y si ya tienes una idea rondando y no quieres que acabe como otro proyecto arrastrado durante años, puedo ayudarte a diseñar una validación clara, con fechas, métricas y decisiones de salida.
Respóndeme a este correo y te cuento cómo podríamos hacerlo juntos
Y si esta edición te ha aportado algo de claridad, dale un ❤️ o deja un comentario. Me ayuda a saber que vamos en la dirección correcta.
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