Durante el verano del año 15 a.C., dos hijastros del emperador Augusto, Tiberio y Druso, llevaron a cabo una de las empresas militares más decisivas para la configuración del Imperio Romano: la conquista de los Alpes centrales, la meseta suiza y las estribaciones septentrionales de los Alpes.
Esta campaña cerró el arco que conectaba las provincias galas con Iliria, estableciendo una ruta directa entre la Italia superior, la Galia y el alto Danubio. Las fuentes clásicas, como Horacio, Estrabón o Veleio Patérculo, documentan con cierta precisión las rutas occidental y oriental de este avance: Drusus avanzó desde Verona a través del Brenner y el paso de Reschen hasta el sur de Alemania, mientras que Tiberio marchó desde Lyon hacia el Rin a través de la Puerta de Belfort o la meseta suiza.
Sin embargo, una tercera ruta, la central, permanecía en un silencio casi absoluto en los textos antiguos. Hasta 2002, ningún hallazgo arqueológico permitía siquiera intuir que una fuerza romana hubiera atravesado los pasos de los Grisones. Fue entonces cuando comenzó a emerger un paisaje de conflicto en el valle de Surses, en la Suiza oriental, que hoy se ha convertido en uno de los conjuntos arqueológicos más fascinantes para entender la logística militar romana en el cambio de era.
Este paisaje de conflicto, que se extiende entre el paso del Septimer al sur y Tiefencastel al norte, incluye un campamento de marcha en el propio Septimer, un campo de batalla en Crestas/Burschignas, un puesto de observación en Plang Ses y un castellum en Colm la Runga. El conjunto, conocido genéricamente como Crap Ses por el desfiladero que los vertebra, ha proporcionado más de 500 proyectiles de honda de plomo, la mayoría estampados o inscritos con los nombres de las legiones III, X o XII. El marcado de proyectiles de honda con inscripciones —las glandes epigraphicae— era una práctica ya extendida desde la época republicana, como documentan los hallazgos de las Guerras Sertorianas o la Guerra de Perusia.
Lo que hace excepcional al conjunto de Crap Ses no es, por tanto, la técnica de estampado en sí, sino la combinación, en un mismo campo de batalla, de proyectiles estampados de tres legiones distintas que, además, fueron fabricados a partir de una misma masa de metal unificada. Esto apunta a una logística centralizada a nivel de vexillatio —una fuerza compuesta por efectivos de varias legiones—, un fenómeno que no se había documentado con esta claridad en el registro arqueológico. La presencia de la legión identificable por su emblema del rayo (fulmen) —que más tarde sería conocida como Legio XII Fulminata— es especialmente significativa, ya que esta misma unidad había participado en las campañas contra los partos que concluyeron en el 20 a.C. Las monedas halladas en el campo de batalla, con un terminus post quem de 28 a.C., sitúan cronológicamente el conflicto en el último tercio del siglo I a.C., encajando perfectamente con la fecha de las campañas alpinas.
Con este contexto arqueológico e histórico, un equipo internacional liderado por Christopher Standish de la Universidad de Southampton se propuso investigar el origen del plomo utilizado para fabricar estos proyectiles. La hipótesis de partida era que la mayoría del plomo provenía de las minas de la península ibérica, tal como habían sugerido estudios previos, aunque algunos análisis apuntaban a posibles orígenes en la Toscana italiana o en la región del Macizo Central francés. El estudio, que incluyó 47 proyectiles de honda procedentes de Crap Ses, Brigantium (actual Bregenz, Austria) y Tasgetium (Eschenz, Suiza), así como dos plomadas y dos lingotes de plomo, empleó la técnica del análisis de isótopos de plomo. Esta técnica permite rastrear la fuente geológica del metal, ya que cada distrito minero posee una firma isotópica característica. Los resultados, publicados en el Journal of Archaeological Science: Reports, han revelado un panorama mucho más complejo y fascinante de lo que se esperaba.
Los análisis isotópicos mostraron que los proyectiles se dividían en dos grupos claramente diferenciados. El Grupo 1, compuesto por los siete proyectiles de Brigantium y Tasgetium, presentaba una firma isotópica consistente con plomo procedente de la Zona de Ossa Morena o la Zona Centroibérica de la península ibérica (la Sierra Morena y sus alrededores), de la Faja Pirítica Ibérica en el suroeste (la región de Huelva), o de algunos depósitos del Macizo Central galo. El Grupo 2, formado por los 40 proyectiles de Crap Ses, presentaba una firma isotópica más radiogénica, consistente con plomo procedente del distrito minero de Cartagena-La Unión, en el sureste de la península ibérica, una de las regiones mineras más importantes del Imperio durante el siglo I a.C. Lo más interesante es que los proyectiles del Grupo 2 formaban un conjunto isotópicamente homogéneo, lo que sugiere que se fabricaron a partir de un único stock de plomo, probablemente mezcla de dos fuentes: la principal de Cartagena y una segunda, menos radiogénica, que podría corresponder a las mismas fuentes del Grupo 1. La homogeneidad del Grupo 2, junto con la presencia de estampados de las tres legiones, indica que la producción y el suministro de proyectiles para esta vexilación estaban altamente centralizados. Además, las dos plomadas recuperadas en Crap Ses presentaban la misma firma isotópica que los proyectiles, lo que apunta a que no solo los proyectiles, sino también otros objetos de plomo, como las plomadas utilizadas para las tiendas de campaña, se fabricaron a partir del mismo metal y en el mismo contexto de producción.
La distinción isotópica entre los proyectiles de Crap Ses (Grupo 2) y los de Brigantium y Tasgetium (Grupo 1) tiene implicaciones históricas de gran calado. Una de las hipótesis de partida del proyecto era que los proyectiles de Brigantium y Tasgetium, situados al norte del lago de Constanza, podían pertenecer a la misma vexilación que avanzó por el valle de Surses, lo que permitiría trazar su ruta de marcha hacia el norte. Sin embargo, al ser isotópicamente distintos, no hay evidencia de que compartieran el mismo origen.
Esto podría indicar que los proyectiles de Brigantium y Tasgetium pertenecían a otra vexilación, posiblemente la que avanzaba por la ruta occidental bajo el mando de Tiberio. Otra posibilidad es que la misma vexilación, tras agotar su munición en el combate de Crestas/Burschignas, hubiera recibido un nuevo suministro de proyectiles, esta vez sin estampar y procedente de otra fuente de plomo. Esta segunda hipótesis, aunque tentadora, no puede ser confirmada con los datos disponibles. El hallazgo de un lingote de plomo en Filzbach, al norte de los Alpes, con una firma isotópica similar a la del Grupo 1, sugiere que la actividad romana en esa zona podría estar relacionada con la misma red de suministro que Brigantium y Tasgetium.
La elección de la península ibérica como fuente principal del plomo no es casual. A finales del siglo I a.C., las minas del distrito de Cartagena-La Unión, conocidas por su riqueza en plata y plomo, estaban en plena producción bajo control romano. La conquista de la región por Escipión en el 209 a.C. había dado paso a una explotación intensiva que alcanzó su apogeo entre finales del siglo II y mediados del siglo I a.C. Las minas de la Sierra Morena, como las de Linares, Jaén o Córdoba, también estaban activas, aunque en algunos casos su producción se vio afectada por conflictos en la primera mitad del siglo I a.C. En el suroeste, la Faja Pirítica Ibérica, con Rio Tinto como principal centro, se desarrolló plenamente en época augustea.
La firma isotópica de los proyectiles del Grupo 2 coincide perfectamente con la de lingotes de plomo epigráficamente vinculados al distrito de Cartagena y fechados en el siglo I a.C., como los estudiados por Trincherini y colaboradores. En cambio, la firma del Grupo 1 encaja con los depósitos de la Sierra Morena y, en menor medida, con algunos del Macizo Central francés, como los de La Rodde, en la región de Haute Loire, donde la minería del plomo estaba activa desde el período Hallstatt y continuó hasta época romana.
Una de las incertidumbres que el estudio no puede resolver del todo es la posible contribución de fuentes galas al Grupo 1. Aunque los depósitos del Macizo Central presentan firma isotópica similar a la de la Sierra Morena y la Faja Pirítica Ibérica, y algunos distritos como La Rodde ofrecen una coincidencia casi perfecta, la evidencia histórica y arqueológica apunta con más fuerza a la península ibérica como la principal proveedora de plomo para el ejército romano en este período. Además, la hipótesis de que el plomo procediera de la Toscana, como sugerían algunos estudios previos, queda descartada por la falta de evidencia de explotación minera en esa región durante el siglo I a.C. y por el senatus consultum que, según Plinio el Viejo, prohibía la minería en Italia. Los autores del estudio consideran que, por coherencia histórica y arqueológica, la península ibérica es la fuente más plausible.
El análisis también descarta, por comparación isotópica, orígenes en el Egeo, Turquía, Egipto, Cerdeña, Gran Bretaña, Germania o los Balcanes, regiones donde la minería romana del plomo aún no se había desarrollado o no tenía la escala necesaria en el período estudiado.
El estudio presenta algunas limitaciones importantes. El número de proyectiles del Grupo 1 es relativamente pequeño (siete), lo que limita la solidez estadística de las conclusiones sobre este conjunto. Además, la similitud isotópica entre algunas fuentes ibéricas y galas impide una atribución definitiva, y solo un análisis más exhaustivo, con un mayor número de muestras y la combinación con otros trazadores geoquímicos, podría resolver esta ambigüedad.
Otra cuestión abierta es la relación entre los proyectiles estampados y los que presentan inscripciones moldeadas. En el Grupo 2, un proyectil no estampado pero con inscripción moldeada de la legión III sugiere que ambos métodos de marcado pudieron coexistir, aunque también podría indicar la reutilización de un molde más antiguo con una inscripción que luego fue complementada con un estampado. Los autores señalan que la producción centralizada, aunque altamente probable, no implica necesariamente un único taller; pudieron existir varios talleres que utilizaran el mismo stock de plomo, lo que explicaría la homogeneidad isotópica.
A pesar de estas incertidumbres, el estudio de los proyectiles de honda de Crap Ses y de los lagos de Constanza es un ejemplo brillante de cómo la arqueología, la historia y las ciencias de la tierra pueden converger para iluminar aspectos desconocidos de la logística militar romana. Los proyectiles de plomo, que a simple vista parecen objetos anodinos, se convierten en testigos mudos de un sistema de suministro centralizado, de una red de minas que se extendía por la península ibérica, y de un ejército que se movía con rapidez a través de los pasos alpinos, llevando consigo no solo armas, sino también todo un sistema de producción y distribución de materiales.
El hecho de que los proyectiles de diferentes legiones compartan la misma fuente de plomo indica que, al menos en esta campaña, la logística estaba coordinada a nivel de vexilación y no de legión individual. Y la distinción entre los proyectiles del valle de Surses y los del lago de Constanza abre nuevas preguntas sobre las rutas exactas de las campañas y la organización de los suministros en el frente.
La investigación, liderada por Standish, Flück, Gerling, Gut, Milton, Reitmaier y Schwarz, no solo ha resuelto el enigma del origen del plomo, sino que ha planteado nuevas hipótesis que solo podrán ser respondidas con futuros análisis. El estudio de los proyectiles de honda es, en definitiva, una ventana a la logística y la organización del ejército romano en un momento crucial de su expansión, cuando Augusto consolidaba las fronteras del Imperio y los Alpes dejaban de ser una barrera para convertirse en un corredor de comunicación y control. Y aunque las preguntas sobre la ruta exacta de la vexilación o la relación entre los diferentes grupos de proyectiles permanecen abiertas, el camino metodológico trazado por este equipo sienta las bases para futuras investigaciones que, sin duda, seguirán desvelando los secretos de las campañas alpinas de Augusto.
Standish, C. D., Flück, H., Gerling, C., Gut, R., Milton, J. A., Reitmaier, T., & Schwarz, P.-A. (2026). Supplying the Augustean conquest of the Alps — investigating the origins of Roman slingshot projectiles by lead isotope analysis. *Journal of Archaeological Science: Reports, 74*, 105939. https://doi.org/10.1016/j.jasrep.2026.105939
Klingler, P. (2008). *Die Bleigeschosse von Crap Ses und ihre Herkunft*. Unpublished master’s thesis, University of Zurich.
Müller, F., & Klein, S. (2025). Lead isotope analysis of Roman slingshot projectiles from the Septimer Pass. *Archaeometry, 67*(1), 1-15.
Rageth, J., Zanier, W., & Klein, S. (2010). Crap Ses und Septimer: Archäologische Zeugnisse der römischen Alpeneroberung 16/15 v. Chr. aus Graubünden. *Germania, 88*, 241-283.
Trincherini, P. R., Domergue, C., Manteca, I., Nesta, A., & Quarati, P. (2009). The identification of lead ingots from the Roman mines of Cartagena: the rôle of lead isotope analysis. *Journal of Roman Archaeology, 22*, 123-145.
Zanier, W. (2025). *Das römische Militärlager auf dem Septimerpass in Graubünden (Schweiz)*. Münchner Beiträge zur Vor- und Frühgeschichte.

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