En nuestra anterior publicación, hablamos de qué es la meditación, explicándola como una forma de «familiarizarse» con ciertos temas y experiencias y, sobre todo, con una forma diferente de «estar con», una manera más despierta. La familiaridad o el conocimiento es una forma de saber, distinta de la analítica.
En el vipassanā birmano y en sistemas derivados de él, a menudo se enfatiza la “comprensión” como objetivo y orientación, en contraposición a “calmar la mente.” Ahora, muchos años después en mi camino del dharma, veo lo bueno y lo no tan bueno de ese acercamiento a la meditación.
Ese enfoque encajaba con mi temperamento, pero sabemos que eso es un arma de doble filo. De manera natural, las personas se inclinan hacia un estilo de práctica que se alinee con ellas; es inevitable y no hay que desalentarlo. Sin embargo, esa alineación tiene que ver tanto con las propias fortalezas e intereses de cada uno como con los propios miedos e inseguridades.
El estilo de meditación que elegimos inicialmente tiende a reforzar nuestras limitaciones percibidas —esos «no puedo»— y evita aquello que consideramos un reto. Y, de nuevo, eso no tiene por qué ser algo malo, temporalmente, ya que para persistir en la meditación es importante que la encontremos cómoda y atractiva.
Durante mis primeros años en el mundo de la meditación insight, tras mi etapa adolescente con el budismo tibetano, tuve muchos problemas de tensión. Cada vez que devolvía la mente a mi punto de anclaje, una vocecita me decía “esfuérzate más.” Acababa con dolores de cabeza. Eso se alivió mucho al encontrar a un maestro que restara importancia a la concentración, y su énfasis en comprender la mente me ayudó, poco a poco, a ver ese patrón en mi vida de forma más general. Me hizo pasar del modo “lograr” al modo “aprender.”
A su vez, se estaba alimentando otro patrón que, por lo tanto, permanecía invisible: el deseo mismo de comprender, la tendencia —la necesidad— de descifrar la realidad. Bienvenidos a otro tipo de logro.
Con el tiempo, creció mi interés por estados de más recogimiento o unificación (samādhi), y así comenzó un viaje para explorar esa orientación de una manera que no chocara con mi entrenamiento vipassanā, sino que se apoyara en él. Permitir que la mente se calme requiere mucho de ese “comprender la mente.” Sin embargo, cada vez más, lo desvinculé de ese deseo neurótico de descifrarme a mí mismo, de observar patrones con afán de sacar conclusiones sobre mí y sobre mi vida —había mucho egocentrismo y ambición ansiosa en eso—.
En su lugar, empecé a verlo más como un aprendizaje a pequeña escala de los comportamientos de una mente tipo cachorro: qué la calma, qué sistemas bienintencionados pero torpes para lograrlo resultan contraproducentes, qué es una orden firme pero no hostil, qué la hace sentirse cómoda, qué la alegra… A través de la observación paciente nos familiarizamos con todo eso.
Ese conocimiento fruto de la proximidad repetida tiene un ‘tono’ muy distinto de resolver las cosas intelectualmente. La comprensión no es tanto un objetivo consciente y dirigido, más bien es lo que ocurre en el proceso de ayudar a la mente a sentirse segura y a gusto, hasta que se acurruque junto al punto de anclaje que hayas elegido.
Para mí, el samādhi solía ser un ejercicio en lograr, hasta que comprendí hasta qué punto su práctica tiene que ver con el proceso de samādhi, no con su obtención. La lección paradójica es que podemos llegar a un sitio precisamente por no intentar llegar allí —al menos no a través de las estrategias habituales de aferrarse, tensarse o regañarse. En ese sentido, el proceso se asemeja al de dormirse.
En meditación, muy a menudo adoptamos el modo “lograr.” Aprender a reconocerlo cada vez que se cuela ya nos traslada al modo de “aprender.” ¿Qué cambiaría si viéramos la meditación en términos de aprendizaje en lugar de logro? ¿O nuestra práctica cotidiana? Porque entonces la pregunta se convierte en: ¿Qué tipo de actitudes y entorno ayudarán a esta mente a aprender?
Resulta que los tibetanos entendieron mucho de esto cuando tradujeron las palabras indias para la meditación como «familiarizarse» (bsgom). Al oír eso por primera vez en mis inicios, no le encontré mucho sentido, aunque asentí fingiendo percibir su genialidad. Ahora, y cada vez más, lo aprecio de verdad.
Bernat Font, traducido de su substack Berni’s dharma.
Bernat dará un Retiro de budismo secular los próximos 9-13 de octubre para Espai Sati, para el que sólo quedan 10 plazas.
Ver el calendario de actividades de Espai Sati.
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