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Escrito por A (by Agustín Artucio) · Jun 13, 2026

Entre mundiales y otras expectativas

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Escrito por A · Escrito por A (by Agustín Artucio)

Volví a tomarme una semana. Necesitaba apagar la cabeza. Aunque no dejé de escribir. El año se me está volando. Es 13 de junio. ¿En qué momento llegamos a la mitad del año?

Hace dos días empezó el Mundial de fútbol. Sentimientos encontrados. Estoy lejos de casa. Y hoy me voy a alejar también de los temas específicamente amorosos. No es sobre dating esta columna en particular. Pero, al menos un poco, sigue siendo sobre amor.

Porque, desde que empezó el Mundial, no pude evitar pensar en cómo cambió la vida desde el último. Ese en el que estuve con mis amigos saltando en el Obelisco de Buenos Aires, festejando una victoria.

Desde entonces, me mudé de país dos veces, viví en cinco ciudades, cambié tres veces de trabajo, publiqué mi primer libro, obtuve otro título universitario, me volví a inscribir en una carrera, conocí gente, tuve encuentros, despedidas, etc., etc., etc.

Lo que me pegó fue todo eso que pasó entre medio de estos mundiales. Si ese día, en el Obelisco, alguien me hubiese adelantado cómo se vería mi vida hoy, me hubiese reído a carcajadas.

Y no puedo evitar pensar, a la vez: ¿qué pasará de acá al próximo Mundial? ¿Cambiará tanto la vida de nuevo? ¿O será un poco más monótona, como el tiempo entre otros mundiales?

Lo curioso del tiempo es que no hay manera de saberlo. Nos queda vivir y confiar en que, pase lo que pase, tenemos la fuerza necesaria para enfrentarlo.

Hoy voy a tocar un tema específico: la presión social por tener una vida sexual activa. ¿A qué me refiero? A ese tabú que cae encima de las personas al momento de decir: no estoy teniendo sexo frecuentemente.

Bueno, también hay que aclarar que, sobre todo a las mujeres, se las juzga por si lo tienen con demasiada frecuencia. Pero, como tantas otras contradicciones de nuestra civilización, ponemos contra la espada y la pared a las personas que no lo tienen con frecuencia.

Ni mucho ni poco. Hay que tener una vida sexual “regular”. Eso es lo que está bien. Lo dicen especialistas de quién sabe dónde, en una convención de quién sabe qué. Pero sí, existe la presión social por no tenerlo en exceso, pero tampoco en escasez.

Que, vamos, cada uno es libre de hacer lo que quiera. Pero ¿por qué cuestionar también a quienes no participan de los encuentros casuales? Aprovechando el mes del Orgullo, creo que es momento de dar visibilidad también a las personas asexuales y demisexuales.

Aquellas que no sienten este tipo de atracción y aquellas que necesitan, primero, una conexión. Porque, al final, seguimos con los mismos cursos de acción: lo que es diferente, lo juzgamos, aunque no te afecte ni a mí ni a vos.

Esta oportunidad la quiero dedicar a proponerte algo: cuestionar estas reacciones innatas. Eso de creer que lo diferente es malo o cuestionable. Y escuchar otros puntos de vista. Que quizás incluso aquellos más liberales y hedonistas encuentren algún punto interesante en quienes necesitan conectar emocionalmente antes de pasar a lo sexual. Así como los segundos pueden aprender de los primeros. No para cambiar, sino para ampliar el espectro.

Que, al final, no hay bien o mal. Hay personas y personalidades. Y lo que tenemos que evitar es creer en las verdades universales.

¿No te parece?

A✨

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