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ENS MOVEM · Aug 3, 2025

"El objetivo es claro: empujarles lo más lejos posible de cualquier punto de entrada a la UE"

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Lee el podcast de "El objetivo es claro: empujarles lo más lejos posible de cualquier punto de entrada a la UE"

Este contenido se genera a partir de la locución del audio por lo que puede contener errores.

Hola a todas aquí Tomás para acercarles a continuación las novedades que nos reportan las voluntarias de la Noname Kitchen que se encuentran actualmente en Belgrado en Serbia. En las últimas semanas nos hemos quedado en Belgrado y en sus alrededores. Nuestro coche tuvo algunos problemas lo que dificultó los desplazamientos pero hemos continuado con nuestras visitas periódicas al campo familiar recientemente trasladado de Kerniacha a Obrenovac y a los campos informales.

En el campo familiar distribuimos ropa y productos de higiene y pasamos tiempo con las familias y niños y niñas jugando, escuchando música, compartiendo snacks o simplemente charlando. Muchas personas nos dicen que las condiciones de vida en Obrenovac son mejores que en Kerniacha, que ahora tienen habitaciones y baños privados, mejor acceso a la atención médica y que el campo está mejor conectado con el centro de la ciudad gracias al autobús.

A pesar de estas mejoras, el traslado de un campo a otro no fue fácil para las familias. No pudieron llevarse su ropa y en este nuevo campo se les prohíbe cocinar. Es más, ni siquiera pueden prepararse una taza de té o de café por su propia cuenta. Fuera de los campos seguimos encontrándonos con personas sobre todo de Marruecos y Afganistán pero también de Argelia, Egipto, Pakistán Irán y Palestina. La mayoría no se queda mucho tiempo, están de paso y se desplazan rápidamente.

En Belgrado las personas en tránsito están presentes, son visibles pero por lo general pasan desapercibidas. Se mueven por las ciudades, permanecen en edificios abandonados, esperan en parques o cerca de estaciones de autobús. Están ahí pero la mayoría de la gente mira para otro lado. No son solo por las protestas políticas o el ruido de la vida cotidiana lo que las aparta sino que es un hábito más profundo de ignorar, un sistema construido para mantenerlas al margen de la atención. Pero eso cambia en el momento en que intentan cruzar una frontera.

De repente todos los ojos están puestos en ellas, sus cuerpos que antes pasaban desapercibidos se convierten en el foco de la vigilancia, el control y la violencia. Dejan de ser fantasmas para convertirse en objetivos. Ya no se los ignora, se les confronta, se les detiene, se les devuelven caliente. En esos momentos la invisibilidad termina, no con el reconocimiento sino con la represión. Incluso cuando nuestros encuentros son breves, una charla rápida o una taza de chai compartida antes de que se vayan seguimos en contacto con ellos. Y lo que oímos es a menudo alarmante.

Serbia se ha convertido en un claro ejemplo de la externalización de fronteras de la Unión Europea. Algunas de las personas que conocimos volvieron a ponerse en contacto con nosotros, esta vez desde comisarías de policía donde estaban detenidas en condiciones inhumanas, en habitaciones minúsculas y mugrientas, abarrotadas de gente. Pueden permanecer allí hasta 72 horas, a menudo sin acceso a productos de primera necesidad. Nos escriben pidiendo ayuda, desde allí son trasladados al sur de Serbia, lejos de la frontera con Bosnia, Croacia, Hungría.

Este tipo de detención arbitraria y desplazamiento forzoso forma parte de la guerra silenciosa de la Unión Europea contra la Libertad de Circulación. El objetivo es, claro, empujar a la gente lo más lejos posible de cualquier punto de entrada. También conocemos a muchos que han sido deportados recientemente de Alemania, de Países Bajos y Austria, de regreso a Bulgaria. ¿Por qué? Porque fue allí donde se tomaron sus huellas dactilares por primera vez.

Esto es el reglamento de Dublín en acción. Los encontramos sobre todo en casas ocupadas y en el bosque. Estos refugios improvisados son inseguros y las condiciones inhumanas y degradantes. Esperan una llamada de luz verde para seguir adelante. No pasa un día sin que escuchemos historias de los que han cruzado Bulgaria. Hablan de violencia brutal en la frontera turco-búlgara.

Pistolas paralizantes, palizas, perros sueltos, cuerpos desnudos rociados con agua helada en pleno invierno, comida tirada al suelo y tratada como basura, botellas de agua vaciadas delante de ellos, disparos al aire seguidos de la única opción que es huir, correr de vuelta a Turquía lo más rápido y lejos posible. Muchas de las personas que hemos conocido

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