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En mis 20s ★ · Jun 11, 2026

Quién eres cuando dejas de reconocerte

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En mis 20s · En mis 20s ★

Hay una edad en la que dejamos de preguntarnos quiénes somos.

No porque encontremos la respuesta (ojalá), sino porque estamos ocupadas en otras cosas.

Elegimos una carrera. Un trabajo. Una ciudad. Una forma de vestir. Un grupo de amigos. Aprendemos a responder cuando alguien nos pregunta a qué nos dedicamos. Construimos una personalidad reconocible. Nos convertimos en alguien.

O al menos eso parece.

Porque construir una identidad es fácil. Entenderla, no tanto. Y creo que los veinte están llenos de momentos en los que confundimos ambas cosas.

Vamos acumulando piezas. Rutinas, trabajos, relaciones, gustos, opiniones... Y poco a poco empezamos a actuar como si todo eso respondiera automáticamente a la pregunta de quiénes somos.

Hasta que algo se mueve.

A veces una ruptura. Otras, una pérdida. O simplemente una tarde cualquiera en la que te das cuenta de que recuerdas perfectamente todos los detalles de tu vida, pero no tienes tan claro si sigues reconociéndote dentro de ella.

Hace unos días leí La desconocida, la novela que Rosa Montero escribió junto a Olivier Truc y que recientemente ha llegado a Netflix España.

Sobre el papel, es un thriller que arranca con una premisa bastante directa: una mujer que aparece dentro de un contenedor en el puerto de Barcelona sin recordar quién es, cómo ha llegado hasta allí o por qué alguien ha intentado borrarla de su propia historia.

Pero mientras avanzaba con la lectura, tuve la sensación de que, detrás del misterio, había una reflexión mucho más profunda.

Porque Clara o la desconocida, en las primeras páginas deja claro que “ella no sabe quién es, pero le parece que presiente quién no es.” Y en paralelo, Anna, la inspectora del caso, aunque no haya perdido la memoria, se siente como si tampoco supiera quién es realmente.

Y es que, si soy sincera, durante buena parte de mis veinte yo tampoco he sabido exactamente quién era. Pero sí he tenido bastante claro quién no quería ser.

No quería convertirme en alguien que viviera solo para trabajar, no quería quedarme en lugares donde ya no era feliz, no quería construir una vida que pareciera perfecta por fuera y se sintiera ajena por dentro.

Y muchas veces esa lista ha sido bastante más clara que cualquier definición positiva de mí misma.

Algo que me gusta mucho de Clara es que incluso cuando ha olvidado todo lo demás, sigue conservando ciertas intuiciones.

No recuerda su historia. No recuerda su pasado. Pero hay cosas que le generan rechazo inmediato. Cosas que no encajan. Cosas que siente como falsas.

Como cuando escucha por primera vez su supuesto nombre y piensa que hay algo raro en él que no le termina de encajar. Lo que demuestra que una parte de ella sigue intacta debajo de toda esa amnesia.

Y me hizo pensar en todas las veces que hemos intentado convencernos de algo que, en el fondo, ya sabíamos que no era para nosotras.

Trabajos que no nos gustaban, relaciones que ya no funcionaban, versiones de nosotras mismas que seguíamos interpretando por costumbre.

A veces la intuición llega mucho antes que la explicación. Muchísimo antes.

Hay un detalle de la novela que me hizo gracia.

Clara no recuerda quién es, pero sí recuerda cosas completamente absurdas.

Entre ellas, por ejemplo, que existe la depilación por placer.

Y pensé que la memoria es bastante curiosa porque podemos olvidar personas, etapas enteras o decisiones importantes y, sin embargo, seguir recordando el olor de una colonia que llevaba alguien en el instituto o una conversación que nos arruinó una tarde hace diez años.

La memoria no es ordenada. Es más bien una acumuladora compulsiva de detalles rarísimos.

Y quizá por eso la identidad tampoco funciona como creemos.

No somos únicamente los grandes momentos de nuestra vida, también somos todos esos pequeños recuerdos aparentemente inútiles que se quedan viviendo dentro de nosotras.

Leyendo la novela me daba la sensación de que la amnesia era casi una excusa.

Porque sí, Clara ha olvidado quién es. Pero la pregunta realmente interesante es qué queda cuando desaparece todo lo demás.

Rosa Montero explicaba que llevaba tiempo pensando en una mujer que pierde la memoria y descubre aspectos de sí misma que desconocía.

Y es que solemos pensar que nos conocemos bastante bien, hasta que un día hacemos algo inesperado, soportamos algo que jurábamos que nunca soportaríamos o encontramos una fuerza que no sabíamos que teníamos.

En la novela hay un momento en el que otros personajes cuentan que Clara entrenaba obsesivamente porque quería correr más rápido que los hombres para poder escapar de ellos.

Y no es un detalle que pase desapercibido o al que se le deba restar importancia.

Porque detrás de la trama policiaca, de la investigación y de todos los giros del thriller, también hay una historia sobre mujeres que han tenido que sobrevivir y sobre las marcas que dejan ciertas experiencias incluso cuando intentamos enterrarlas.

Después de leer la novela vi la adaptación de Netflix y me di cuenta de que, a pesar de que siento que el libro explora mucho quién es Clara, la película desarrolla mucho más a Anna.

Clara intenta reconstruir su identidad desde la ausencia absoluta de recuerdos, pero Anna parece estar atravesando otra clase de búsqueda. Una más silenciosa, incluso más cotidiana… quizá más parecida a la que vivimos casi todas.

Porque Anna recuerda perfectamente quién es. Sabe su nombre. Su profesión. Su pasado. Pero da la sensación de que hace tiempo que se agarra a su identidad como “la inspectora” porque es la única parte de sí misma que no la obliga a mirar hacia adentro.

Y quizá por eso se vuelca tanto en el caso, no tanto por resolverlo, sino porque mientras investiga a otros, no tiene que investigarse a sí misma.

Y cuanto más avanzaba la película, más veía a ambas mujeres como dos versiones distintas de la misma pregunta.

Una no sabe quién es. La otra hace años que dejó de preguntárselo.

Aunque no nos hayamos despertado un día en medio de la nada, sí que hay momentos en los que nos preguntamos cómo hemos llegado a cierta versión de nuestra vida.

Cómo hemos acabado aceptando determinadas cosas, por qué seguimos persiguiendo objetivos que ya no te importan tanto o cuándo fue la última vez que tomamos una decisión pensando en quiénes somos y no en quiénes se suponía que debíamos ser.

Y es que tal vez el problema no es que no sepamos quiénes somos. Tal vez es que llevamos tanto tiempo construyendo una identidad hacia fuera que hemos dejado de escuchar la que existe por dentro.

Al terminar el libro y la película me quedé pensando en que recordar y reconocerte no son la misma cosa.

Podemos recordar perfectamente todos los detalles de nuestra vida y aun así sentirnos lejos de nosotras mismas. Y también podemos atravesar épocas de dudas, cambios e incertidumbres y seguir sabiendo exactamente qué cosas forman parte de nuestra identidad.

Quizá crecer no consiste en descubrir quién eres una sola vez, quizá consiste en volver a encontrarte una y otra vez.

Porque hay versiones de nosotras que desaparecen, otras que se quedan demasiado tiempo y otras que llevan años esperando a que volvamos a hacerles una pregunta que dejamos de hacernos hace mucho.

Quién eres.

O quizá una todavía más importante.

Por qué dejaste de preguntártelo.

En mis 20s x Netflix España

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